Coquetas, sumisas y apretadas
La periodista colombo-española describe en este artículo por qué las mujeres colombianas son únicas en el mundo.

La esencia de la mujer en todo el planeta es la misma, lo que cambia son las circunstancias, la cultura y el entorno. Me decía una sobrina que en una discusión con su novio belga, en la que ella sacó las uñas, como casi siempre hace, terminó zanjándola con: “Si quieres alguien dulce, busca una filipina o una colombiana, la que más te guste”.
Y es que hay algo que fascina a los hombres del otro lado del océano, aparte de la belleza que encuentran en este país a borbotones en cualquier rincón: el buen carácter y la coquetería extrema. La relación con los novios y maridos a los gritos, tan propia de España, es poco frecuente en Colombia y más si son las mujeres las que deciden el tono.
Pienso que, aparte de los genes que las hacen más tranquilas y tolerantes, están motivadas por un machismo exacerbado. El hombre en este país, para muchas féminas, es el centro de su universo, máxime si hablamos de costeñas.
La frase de ‘conseguir marido’ lo dice todo. Da igual de quién se trate con tal de que sea macho, la mantenga y le haga hijos. La maternidad a edades tempranas es otro factor que diferencia a las colombianas de las europeas. Allá, con excepción de comunidades minoritarias, como los gitanos, no quieren ser madres tempranas. Lo son por un error, pero no porque lo busquen. Aquí, en zonas rurales y en algunos departamentos, es bienvenida, las ‘sardinas’ se sienten realizadas.
Por eso, si ser soltera es extraño, más aún lo es no tener hijos. Cada vez que me preguntan por mi estado civil y contesto “soltera”, la siguiente es saber el número de hijos. La cara de asombro al responder que ninguno me sigue llamando la atención. No pueden creer que no tenga uno y que carezca de ganas de ser mamá o que nunca lo haya querido.
En Europa o Estados Unidos, jamás nadie me preguntó por hijos en cuanto digo que soltera, y nadie me ve como un bicho raro dada la cantidad de mujeres que viven solas.
La coquetería es otro aspecto diferencial. Una comandante madura de las Farc, muerta en un combate, Mariana Páez, me contaba que veía guerrilleras jovencitas dejar fuera de la mochila algo de comer si no tenían espacio suficiente, pero que jamás, jamás, botaban el kit de maquillaje, tan vital como el fusil. Incluso las había visto retocarse antes de entrar en combate.
Las colombianas no pisan la calle desarregladas, su aspecto exterior es un valor supremo, lo cual puede parecer exagerado para una extranjera, pero a los hombres les fascina.
¿En qué medida influye en ese rasgo del carácter de la mujer colombiana la profusión de concursos de belleza? Ni idea, pero algo tendrá que ver desde el momento en que en la localidad más remota hay siempre uno.
Una última diferencia que yo veo, en este análisis superficial, se refiere al estilo de vestir en tierra caliente. En España o en Alemania, por ejemplo, es difícil encontrar tantas mujeres de la gama completa de edades embutidas en tallas raquíticas. Por alguna razón que desconozco, les encanta todo apretadito aunque eso dé más calor.
Como es obvio, son apuntes a vuelo de pájaro, porque son los sociólogos los que saben.
*Periodista. Columnista de EL TIEMPO y corresponsal del diario EL MUNDO de Madrid.