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| 9/10/1984 12:00:00 AM

EL HORMIGUERO HUMANO

¿Se podrá en el año 2000 abastecer a los 6.000 millones de personas que habitarán el planeta?

EL HORMIGUERO HUMANO EL HORMIGUERO HUMANO
Cuando hace unos días, entre el 6 y el 13 de agosto, se celebraba en Ciudad de México la Segunda Conferencia Internacional sobre Población, cerca de un millón de niños engrosaron las filas de los 4.700.000 habitantes que ya contabilizaba el planeta.
Así, pues, se equivocan quienes piensan que el concepto de explosión demográfica, vigente en los años 60, ha pasado de moda. Aun cuando el crecimiento de la población mundial es actualmente de 1.7% anual frente al 2% de hace 10 años, cuando se celebró la Primera Conferencia Internacional en Bucarest, las cifras actuales en esta materia alarman a demógrafos, sociólogos, economistas y estadistas.
Si bien es cierto que gran parte del progreso mundial en la reducción del índice de nacimientos se debe particularmente a una nación, China, donde vive cerca de la cuarta parte de la población mundial (el país logró disminuir en 10 años su índice de crecimiento demográfico de 2.4% en 1974 a 1.2% hoy), no se puede afirmar lo mismo de los demás países del mundo. Muy poco ha descendido la tasa de natalidad de las naciones menos desarrolladas como las de Africa, Asia y América Latina. Para citar casos representativos, se calcula que por ejemplo en Kenya, el promedio de hijos por mujer es de 8 y que en un país del Asia como la India, la tasa de crecimiento anual es de 4.7%, lo que hará de esa nación la más populosa del mundo en el año 2045 con 1.5 mil millones de habitantes. Sin embargo, hay excepciones en los países del Tercer Mundo y se afirma que en Colombia se produjo lo que puede considerarse una verdadera revolución demográfica: en 15 años, a partir de los 60's, se logró reducir la tasa de crecimiento poblacional de 3.2% a 1.9%. Otro tanto podría decirse de Tailandia, con 49 millones de habitantes, que logró en tres décadas disminuir su tasa de crecimiento anual de 3.4% a 1.95%. Una razón para el cambio en esos países fue un claro esfuerzo para extender servicios y programas de planificación familiar a las áreas rurales; hasta lograr modificaciones considerables en la aceptación cada vez mayor de sistemas anticonceptivos modernos.
Sin embargo, a pesar del decrecimiento de la tasa de nacimientos en el mundo, lo cierto es que para el año 2.000, la población mundial habrá sobrepasado la increible cifra de 6 mil millones de personas, comparada con las 4.700 millones de hoy y las 3 mil millones de 1960. En otras palabras, entre 1960 y el final del siglo, en un periodo de 40 años, la población del mundo se habrá duplicado.
Estas cifras "ponen los pelos de punta" si se las analiza en perspectiva. En el año 1 después de la era cristiana, la población mundial estaba cerca de los 200 millones de habitantes y había aumentado a 500 millones en 1650. Es decir, se necesitaron 1650 años para que la población se doblara. Pero sólo tomó 200 años para que volviera a duplicarse y en 1850 ya habitaban la Tierra mil millones de personas; 80 años más tarde, en 1930, la cifra había vuelto a doblarse y 2:000 millones de personas se registraban en las estadísticas. En 1976, los habitantes del planeta sumaban 4.000 millones en los cinco continentes y de hoy al año 2000, es decir, en 16 años, la población se duplicará de nuevo. Las proyecciones de la ONU sobre la población mundial, que predicen una "estabilización", determinan una cifra que alcanza 10.200 millones para el año 2100, incluyendo en tales cálculos la disminución de la tasa de natalidad en naciones que, hasta el presente, no manifiestan señales de decrecimiento de su población.
Este crecimiento exponencial significa que un millón de nuevos habitantes nace cada cuatro o cinco días en múltiples lugares del mundo. Así, para el año dos mil, la población aumentará en 100 millones de personas anualmente.
En México, más de 100 países discutieron las posibilidades de que el mundo pueda escapar de esta explosión poblacional que expertos demógrafos, calificados por unos como predicadores del desastre y profetas del apocalipsis, equiparan con una potencial explosión nuclear. En términos generales, este crecimiento se concentrará en países del Tercer Mundo en donde reinan el hambre y la desnutrición, lo que significa que más del 80% de la población habitará en el año 2000 en los países en vías de desarrollo. La pregunta que surge es, entonces, cómo alimentar a 6.000 millones de personas a comienzos del siglo XXI, cuando hoy no es posible hacerlo con 4.700 millones.
De hoy al año 2.100, 95% de los niños nacerán en países del Tercer Mundo, aumentando su población actual de 3.300 millones a 8.800 millones, mientras que el total en las naciones industrializadas aumentará solamente en 1.400 millones, haciendo aún más desproporcionada su porción de la riqueza mundial. Quienes habitan en el norte serán en promedio 30 o 40 veces más ricos que quienes habitan en el sur. En otras palabras, una tensión de iguales proporciones a la de Este-Oeste se presentará entre el Norte y el Sur.
Sin embargo, mientras la población de Asia, Africa y América Latina crece a una tasa que preocupa a los demógrafos, el ritmo de crecimiento del conjunto de los países industrializados marca una tendencia igualmente preocupante en el sentido contrario, es decir, hacia un marcado descenso de la natalidad, especialmente en algunos países como Alemania Federal, donde la población disminuyó en 95 mil personas el año pasado, o Gran Bretaña donde, en el mismo periodo, la población total sólo aumentó en 2.000 personas. En general, para Europa la tasa de nacimientos descendió de cinco hijos promedio por mujer, a comienzos de este siglo, a 1.5 en la actualidad, lo cual coloca al continente por debajo de las cifras mínimas de natalidad que permiten la renovación generacional.

Y DE LA COMIDA...¿QUE?
En si misma y a pesar de lo escalofriante, la cifra de 10.200 millones de habitantes proyectada para el año 2100 no significa mucho. El peligro radica en la realidad que se esconde tras esta cifra, analizada en el contexto de la amenaza que ella representa frente a la explotación de los recursos naturales y a la utilización de los medios más elementales de subsistencia: tierra cultivable, agua, combustible, techo, empleo y salud para la mayoría de los habitantes del planeta.
Particularmente en relación con el agua, las cifras de crecimiento demográfico se tornan más amenazantes. La mayoría de los expertos coinciden, por ejemplo, en que sin un cambio drástico en la forma en que se gestiona el agua, no habrá suficiente para aprovisionar a la población mundial en el próximo siglo. Pero incluso con una sofisticada fórmula de gestión y conservación del agua y el desarrollo de grandes proyectos de irrigación sólo permitirían un incremento demográfico 50% inferior al proyectado en áreas como el norte de Africa y el Oriente Medio, donde ha habido más resistencia que en otros puntos del planeta al control de la población. Pero estas cifras son aún más alarmantes: durante el próximo siglo, el africano medio tendrá acceso a sólo una quinta parte de su provisión actual de agua, mientras que el asiático medio, apenas a la mitad y no hay datos con respecto a América Latina.
El abastecimiento de alimentos también se presenta como una gran amenaza. Hoy el planeta produce más alimentos que en cualquiera otra época pero, irónicamente, también muere hoy mucha más gente de inanición. Se calcula que más de 400 millones de personas en el mundo pasan hambrunas y más de 800 millones están en condiciones de desnutrición. Desde 1973, la producción de alimentos ha descendido en 55 países, incluyendo 34 estados africanos. Aunque en la última década el suministro de alimentos ha excedido el crecimiento demográfico, debido principalmente a la expansión de la producción cerealera de los EE. UU., la distribución no ha sido equitativa y, en los países que más la necesitan, la importación de cereales es cada vez más inaccesible.
Por otro lado, con cada vez más gente qué alimentar, la degradación de las tierras de cultivo no deja de acelerarse. Estadísticas de la FAO indican que en la actualidad existen 1.500 millones de hectáreas de tierras cultivadas. Para finales del siglo, 200 millones de hectáreas dejarán de ser arables debido a la erosión del suelo o a las malas prácticas de riego, y esto ocurrirá al mismo tiempo que el Sur deberá incrementar en más del 60% su producción de alimentos para mantenerse al paso con su crecimiento demográfico.
La superficie terrestre no cubierta de hielo, se ha estimado en 134 millones de kilómetros cuadrados. De esta cantidad, 101 millones de kilómetros cuadrados son de tierra de productividad cero; 15 millones de kilómetros cuadrados son de tierra de baja productividad y, por consiguiente, la cantidad de tierra dedicada a la agricultura son sólo 18 millones de kilómetros cuadrados, o sea el 13% de la superficie del globo. De los 18 millones, sólo 17 son considerados de primera para la agricultura y de este 5% depende la supervivencia de la humanidad. Otros expertos señalan que habrá que aportar cada vez más tierra marginal para la producción y así compensar la pérdida estimada de 80 mil kilómetros cuadrados por el crecimiento urbano, 30 mil kilómetros por la contaminación y otros 20 mil kilómetros cuadrados por la diversificación. Por otra parte, el incremento significativo en la producción mundial de alimentos durante las pasadas décadas ha sido altamente intensivo en la utilización de energía, debido a la mecanización, al uso de fertilizantes y pesticidas, y al proceso de empaque, almacenamiento y distribución de alimentos. El costo de esta energía, pues, se incrementará considerablemente entre ahora y el final del siglo, lo cual no sólo encarecerá los alimentos, sino que también eliminará el uso de tierra marginal para la producción agrícola. Si a esto se agrega que los bosques del planeta están desapareciendo al ritmo de 14 hectáreas por minuto, para el año 2000, 140 millones de habitantes de las zonas rurales del Sur afrontarán una seria escasez de leña, y 2.200 millones talarán árboles a un ritmo mayor del que éstos necesitan para crecer, según proyecciones de la ONU.
Sin embargo, un informe del Banco Mundial no ve las cosas en forma tan pesimista. Afirma que aunque en el año 2000 habrá casi 7.000 millones de habitantes en la Tierra, 4.800 de ellos en el Tercer Mundo, la respuesta a la pregunta de si podrán alimentarse es "sí". El Banco sostiene que hacia el año 2000, con sólo la producción mundial de cereales sera suficiente para darle 3.000 calorías y 65 gramos de proteínas diarias a cada uno de los hombres del planeta. Esto, sin contar con las grandes reservas existentes en los oceános: ellas darán a vasto para alimentar los 10 mil millones de habitantes del próximo siglo. Algunos escépticos, sin embargo, afirman que una cosa es que exista en el mundo suficiente comida para alimentar a la humanidad y otra que ésta tenga con qué comprarla. Al fin y al cabo, la producción de alimentos está determinada por las leyes del mercado mundial. Así, esos excedentes del Norte no necesariamente van al Sur, y si van, muchas veces lo hacen sin planificación alguna, como la leche en polvo distribuída en países donde no hay suficiente agua potable. La solución, en ningún caso, radica simplemente en distribuir o compartir: las reglas del mercado lo impiden, pues si los excedentes del Norte se vendieran baratos al Sur, la producción se desestimularía en cada uno de los polos.

LA PESADILLA MALTHUSIANA
Aun cuando Thomas Robert Malthus difundió sus teorías sobre población en el siglo XVIII, se convirtió en el personaje apocalíptico del siglo XX, cuando sus ideas sobre el crecimiento demográfico llevaron a muchos a creer, especialmente en la década de los 60, que el fin del mundo estaba próximo.
Las conclusiones de la Segunda Conferencia Internacional de Población realizada en México, si bien alarmantes, no lo son suficientemente como para resucitar la pesadilla sin salida de Malthus, pero sí para no perder de vista sus fantasmas: hambrunas, inestabilidad política, autoritarismo, desocupación, devastación de los recursos naturales, violencia.

EDICIÓN 1879

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