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| 6/25/2005 12:00:00 AM

Relatos de terror y misterio

Indígenas, negros, campesinos y habitantes de las ciudades transmiten a sus hijos relatos de seres fantásticos que son pilares básicos de la cultura popular del país.

En los pueblos y campos colombianos existen numerosos mitos y leyendas populares que se transmiten de generación en generación y de un lugar a otro. Ellos representan el patrimonio cultural de las mentalidades colectivas y se manifiestan como creencias y tradiciones populares en Colombia. Algunos interpretan y explican los misterios de determinados lugares geográficos y fenómenos de la naturaleza: lagunas misteriosas, cuevas legendarias, montañas mágicas, sierras sagradas, rocas con presencia del demonio, de brujas, del mohán, de gigantes, duendes o fantasmas. En otros se habla de 'la nariz del diablo' en determinadas rocas en las orillas de las carreteras, como la que va hacia Melgar; o de peñascos con grandes alturas que se convierten en 'los saltos de los amantes', como en el río Telembí, de Nariño, o el 'Peñón de los muertos' en Güicán (Boyacá). Las leyendas sobre fenómenos naturales también son muy frecuentes en Colombia, y se destacan entre ellas la ola misteriosa de Tumaco, la piedra diabólica de Guacamaya (Coyaima), la piedra de Fu, los misterios de la Laguna del Pátalo y otras.



Algunos mitos son antropomorfos femeninos, alrededor de la madre tierra, la fertilidad, la fecundidad y la defensa de los recursos naturales. Los más representativos son los de la madremonte, la patasola, la llorona, la muelona, la mancarita, la madre de agua, la mechuda, la rodillona, la vieja colmillona, la dama verde y otros. Otros mitos son antropomorfos masculinos, como el mohán, el patetarro, el hojarasquín del monte, el cucacuy, el sombrerón, el cazador, el jinete negro, el hombre-caimán, el fraile o cura sin cabeza, el ermitaño y otros. Otros mitos son zoomorfos, como el perro negro, la mula de tres patas, la mula herrada, el verraco de Guaca, el toro encantado y otros. Otros son populares, como los espantos de la Barbacoa o Guando, el familiar, las brujas, los duendes, el mohán y muchos otros.



Los mitos y las leyendas sobre tesoros misteriosos escondidos son muy generalizados en Colombia: el tesoro de Manoa, la ciudad perdida en Guainía; los tesoros del Meta y Caribabare en los Llanos Orientales; el tesoro de El Dorado en la laguna de Guatavita; el tesoro del Pipintá, en Aguadas, y pueblos del Viejo Caldas; el tesoro de Dabeiba en Antioquia; el tesoro de Pamplona, el tesoro del pirata Morgan en la isla de San Andrés, y muchos otros.



Para un campesino de las montañas andinas, la Madremonte es una deidad tutelar de las selvas y los montes, que rige los vientos, las lluvias y todo el mundo vegetal. Esta mujer musgosa y putrefacta, enraizada en los pantanos, con ojos brotados como de candela, colmillos grandes como los saínos, con manos largas y mucha furia, es la causante de las inundaciones y borrascas de los ríos. La Patasola, la deidad de la maraña espesa de la selva virgen y en las cumbres de las cordilleras, se manifiesta como una mujer con una sola pata que termina en pezuña de bovino; es metamórfica, pues cambia según las circunstancias.



Otros son mitos de personajes populares que se manifiestan como espantos de los pueblos y los campos; entre ellos, la Llorona, que se distingue por sus lloriqueos angustiosos y profundos, y por sus gritos en busca del niño perdido. El Patetarro, mito de las regiones mineras; María la larga, que se alarga hacia el infinito con gran espanto; la Rodillona, la bruja atormentada por sus enormes rodillas, a quien le gusta asustar a los amantes en las campiñas. La vieja Colmillona, que se aparece en las zonas de alimentación de los peones. La Mechuda, caracterizada por su larga cabellera y uñas muy largas; camina muy rápido y asusta solamente a las mujeres. La Dama verde, la Niña de la carta, los Meneses, los Rescoldados, Mareco, la Vieja Inés, María Pimpina y otros.



En los campos tolimenses y huilenses son típicos sus mitos de la Candileja, que se manifiesta en las madrugadas como una bola de fuego chisporroteante. o el Poira, niño pequeño o duendecillo muy travieso o juguetón



En las riberas del río Magdalena, tanto en el Magdalena Medio como en el Bajo Magdalena, encontramos varios mitos como el Hombre-caimán, la Madre de agua, el gritón, el Poira, la Bramadora, el Patetarro y otros.



En Cundinamarca y Boyacá encontramos los mitos de la cultura chibcha o muisca en su teogonía religiosa: Chiminichagua, el mito de la creación; Suhé (el sol) y Chía (la luna); los dos caciques creadores: Ramiriquí y Sogamoso; Bachué, la madre del pueblo chibcha y diosa de la fecundidad; Bochica, el dios civilizador; Huitaca, la diosa rebelde; Nencatacoa, el dios de los artistas; Chaquén, el dios de los deportistas; Chibchacum, el atlas chibcha y patrono de Bacatá; Cuchavira, la deidad del arco iris; los caciques Hunzahúa, fundadores de Tunja; Tomaghata, el cacique rabón; Goranchacha, el profeta; Idacansás, el mago chibcha, y otros. Asi mismo encontramos numerosos mitos folclóricos: la mano peluda, el perro sin cabeza, el perro negro, el Mandingas o Mareco, el Cucacuy (Valle de Tenza), el Sombrerón, el Figura o Patas, las brujas, los duendes, los espantos y numerosas leyendas coloniales.



En los Santanderes encontramos los mitos folclóricos de la Mancarita, la mujer manca que distrae a las gentes inventando cuentos. En Nariño y la Costa del Pacífico, los mitos de la Tarumama, la vieja arrugada, muy llorona, fea como el demonio, que en vez de pies tiene casco de mula y los senos tan alargados que tiene que cargarlos sobre sus hombros. En la Costa del Pacífico, la Sirena del arco en Tumaco; el Maravelí o buque fantasma; el Ribiel, el enano de color negro con olor nauseabundo; la Tunda del Pacífico, la cambuta, las Tunduruagas, el Pololón y otros.



En la región de los Llanos Orientales encontramos los mitos de la Bolefuego, el Silbo, el Salvaje, el sinfín, el toro encantado, el tesoro de Caribabare, el Beato y otros. En la región amazónica, El Yuruparí, el dios civilizador del Vaupés; el Bóraro, espíritu de las selvas espesas; el mito de Fusiñamuy de los Uitotos. La Anaconda de los Tukanos. Los espíritus Uattí de los indios Sionas del Amazonas, y otros. En la Costa Atlántica colombiana, los mitos folclóricos del Bracamonte, el mito de las regiones ganaderas, con bramidos y baladros terroríficos que hacen correr a las gentes y animales de las haciendas. El Hombre caimán, en Plato (Magdalena), con cara de hombre y cuerpo de caimán; la Mojana en Cartagena; Satanás y el cerro de la Popa; Francisco el Hombre; la leyenda de la india Catalina, la montaña legendaria de Murucucú; Mareiwa, el mito guajiro; el Tesoro de Morgan en San Andrés, y muchos otros.



En el mundo de las leyendas colombianas existen las creencias sobre numerosas criaturas o seres sobrenaturales que espantan en los campos y en las aldeas, frailes sin cabeza, ermitaños iracundos, esqueletos andantes, manos peludas, mujeres misteriosas que se alargan hacia el infinito, sombras misteriosas, huellas infernales, brujas, duendes, el mohán, espíritus silvestres y acuáticos que transmiten el terror a los caminantes. Destacamos entre ellos el venado de oro, el espeluco de las aguas, meicuchuca y la serpiente, en Bogotá; el diablo, en el Puente del Común; la Campana de oro de Fómeque; los niños llorones de Chingaza; el Farol de las Nieves, en Tunja; Juan Tama y la Laguna de Pátalo, la Tunda del Pacífico, el Yuruparí del Vaupés, la Tarumana de Pasto, la Candileja del Tolima, la Mancarita de Santanderes y Boyacá, y otros.



Lo anterior nos señala la diversidad de los mitos y las leyendas folclóricas y su adaptación a las regiones colombianas, ya sean montañosas, llaneras, selváticas o de las riberas de los ríos. En la misma forma, encontramos unidad en algunos mitos, como son la Llorona, las brujas, los duendes y los espantos, que son generalizados en Colombia y, en general en América Latina. Todos ellos nos reflejan las mentalidades míticas, las ideas, los sentimientos y las actitudes populares sobre los mitos y las leyendas populares colombianas, que se han transmitido de generación en generación y que son un patrimonio cultural que es aún vigente en la mentalidad colectiva de los campesinos colombianos en las diversas regiones.

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