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| 3/11/1985 12:00:00 AM

SOLOS EN EL ESPACIO

Mientras los soviéticos tienen las pilas puestas, los norteamericanos subestiman la necesidad de estudiar problemas del comportamiento de los astronautas.

SOLOS EN EL ESPACIO SOLOS EN EL ESPACIO
Algo extraño ocurrió en las estepas del Asia Central en octubre del año pasado. Leonid Kizim, Vladimir Solovyev y Oleg Atkov, enfundados en trajes espaciales, se sentaron muy cerca los unos de los otros, no lejos de la cápsula carbonizada en medio de una pequeña multitud de técnicos, médicos y espectadores. Después de 237 días a bordo de la estación espacial Salyut 7 (el vuelo espacial más largo de la historia), los tres cosmonautas soviéticos parecían no pertenecer a este mundo. Bajo la influencia repentina de la gravedad, escasamente podían levantar sus brazos. Un reportero les preguntó que cómo se sentían de vuelta. "Estamos contentos de regresar con nuestros amigos a la Tierra, pero echamos de menos la estación", respondieron.
Nostalgia por el cosmos. Sólo quienes han estado alguna vez allí pueden medirlo: la acrobática delicia de la ingravidez, el panorama de la Tierra azul y blanca abajo, la oscuridad más allá. Todos añoran el regreso al espacio. Pero aquellos que han girado en torno a la órbita de la Tierra durante meses, al final sólo saben del lado negro del vuelo espacial: cansancio, depresión, aburrimiento.
El diario del cosmonauta Valentin Lebedev, quien voló durante 7 meses en el Salyut 7 en 1982, registra día a día la lucha de la maratón espacial. Después de 116 días en órbita, apenas la mitad de su misión, Lebedev escribió: "Susurrándome a mi mismo, floto a través de la estación. Es posible que algún día regrese a la Tierra con mis seres queridos, y ¿todo estará bien?".
Sus palabras no parecen coherentes con la imagen popular de una tripulación espacial en órbita, lanzando satélites o realizando caminatas espaciales y luego volviendo a casa. No hay tiempo para el aburrimiento en las rápidas misiones espaciales de los norteamericanos. Por contraste, durante la década pasada, los soviéticos han realizado más y más largos vuelos a bordo de estaciones en órbita con no mucho más espacio que un trailer. Haciendo ésto se han convertido en los líderes de la medicina y la psicología espaciales. Por eso, ahora que el Congreso de los Estados Unidos ha dado el visto bueno a los planes de la NASA para construir una estación espacial que los astronautas podrán visitar,en principio,hasta por un período de tres meses y una base lunar para misiones tripuladas a Marte, los científicos norteamericanos han empezado a preocuparse por los riesgos psíquicos de un viaje espacial. Al respecto, un especialista ha dicho: "A menos de que envíen a un estudioso del comportamiento en una de esas misiones durante los próximos cinco años se estarán buscando problemas en la estación espacial". NASA puede encontrar algunas claves para problemas del comportamiento en el espacio de las reacciones que presentan quienes viven aislados en las colonias de la Antartica o en los submarinos nucleares, pero su principal laboratorio, en ese sentido, es la estación espacial soviética Salyut 7.
Los Salyuts son como especies de dachas en órbita. El trabajo es repetitivo. El ruido de los ventiladores de la cabina y otros equipos es incesante. La comida con frecuencia no es muy apetecible. Los baños se hacen con toallas húmedas. La ingravidez acompaña a todas estas privaciones. Sin gravedad, los fluidos del cuerpo suben a la cabeza y obligan a una respiración como de bocanadas, muy difícil e incómoda. Esto distorsiona las expresiones faciales que inclusive llegan a dificultar la comunicación entre los cosmonautas. Lo peor de todo es que no hay escape ni del stress de la vida en órbita, ni de la otra persona que flota al otro lado del escaso espacio vital. Sólo el pequeño transbordador Soyuz, colocado en uno de los extremos del Salyut, permite una cierta privacidad: se puede cerrar la escotilla y observar cómo gira la Tierra.
La rutina sólo se rompe por breves visitas de otras tripulaciones. Contemplando la posibilidad de un inminente vuelo de seis meses en 1980, Valeri Ryumin anotó en su diario: "O.Henry escribió en uno de sus cuentos que si uno quiere fomentar el instinto de asesinar, todo lo que se tiene que hacer es encerrar a dos hombres durante dos meses en un cuarto de cinco metros por cuatro. Naturalmente, esto suena risible en este momento. Confidencialmente, una larga estadía aun con una persona agradable es una prueba".
Un viaje espacial es peligroso. Fallas mecanicas en el Soyuz han ocasionado la muerte de por lo menos cuatro pilotos soviéticos. El jefe de entrenamiento de los cosmonautas, el general de la Fuerza Aérea Georgi Beregovoy, 63 años, es un veterano piloto del Soyuz. El presiona a quienes pueden ser viajeros del espacio hasta los límites de su serenidad y resistencia. Las órdenes más conocidas de Beregovoy incluyen una serie de saltos en paracaídas durante los cuales el candidato debe completar una tarea asignada antes de tirar de la cuerda que abre el paracaídas. En el primer salto, el hombre debe hacer un conteo regresivo desde 10, que registre el micrófono del casco. De ahí para adelante las pruebas se van complicando, hasta culminar en una que es francamente enervante: "A medida que usted va cayendo debe reconocer un camión especialmente marcado que estará en algún lugar del terreno debajo de usted. Calcule su posición -longitud y latitud- y radiodifunda el resultado. Entonces, puede usted abrir el paracaídas".
Mientras los protegidos de Beregovoy están en sus largas misiones orbitales, un equipo de psicólogos los vigila desde un cuarto adyacente a la central de control en Moscú. Son el Grupo de Soporte Psicológico y su presencia refleja la enorme prioridad que el programa espacial soviético da a la salud mental de sus astronautas. Durante 25 minutos de cada órbita de 90 minutos, el Salyut está en contacto con el centro de control de la misión y los psicólogos analizan las voces de los cosmonautas a la caza de cualquier signo de stress. Ellos también observan por TV, la actividad de la cabina del Salyut, para observar, por ejemplo, qué tan distante está un hombre de otro. Esa información de "distancia social" puede revelar tensiones latentes entre la tripulación.
Los psicólogos se preocupan especialmente cuando la misión está llegando a su punto medio, que es cuando la moral desciende al mínimo. El grupo puede ayudar a los cosmonautas a renovar sus vínculos con la Tierra. Las familias y los amigos de los pilotos son trasladados al centro de control para que compartan noticias y saludos a través de un enlace de video. Algunos cosmonautas aprovechan la oportunidad para realizar partidos de ajedrez Espacio-Tierra. Celebridades y científicos famosos también se comunican con ellos para darles ánimo.
Para aliviar la tensión posterior, frutas frescas y vegetales, regalos y cartas se les envían en los vuelos Progress no tripulados, regulares de abastecimiento. También les incluyen películas y conciertos. En una misión adelantada en 1978, cuando Aleksandr Ivanchekov dijo que le hacía falta su guitarra, ésta le fue enviada con lo habitual en el siguiente vuelo Progress. Recuerdos del planeta azul que quedó atrás son tesoros para los astronautas. Cintas grabadas con sonidos terrestres como la lluvia, los truenos, el canto de los pájaros, sostuvieron a Lebedev y Anatoli Beregovoy a medida que los días pasaban. Para dos de sus predecesores del Salyut, Valeri Ryumin y Leonid Popov, un libro de fotografías de la naturaleza fue una agradable sorpresa. "Siempre estaremos agradecidos, escribió más tarde Ryumin, con la persona que rompió las reglas e introdujo este libro en la nave".
Muchas veces los cosmonautas encuentran también maneras de romper las reglas. En 1979 y 1980, Ryumin se convirtió en campeón de la maratón espacial cuando, a pesar de las objeciones de su familia, participó en misiones de 175 y 185 días con sólo 8 meses de intervalo en la Tierra. Ryumin odiaba tanto el ejercicio de la gravedad 0, que durante su segundo viaje no utilizó las máquinas de ejercicio espacial y tuvo que ser sacado en guando cuando su cápsula aterrizó.
No existe nada semejante al Grupo de Soporte Psicológico del programa espacial soviético en el plan americano, debido principalmente a que las relaciones entre pilotos y psicólogos siempre han sido muy tensas. Una vez que un piloto ha obtenido el visto bueno del psiquiatra, "es mejor no volver a cruzarse con él", dice un astronauta. Durante dos años, esta "cuchilla" de bata blanca ha sido el psiquiatra Terrance McWire, un hombre de agradables maneras, que no se muestra sorprendido de que la mayoría de los cosmonautas le tengan prevención: "Si yo tuviera a alguien rondándome cada año, y diciéndome que tiene el poder para decidir si puedo o no continuar la práctica de la medicina no se qué tan desprevenidamente pudiera comportarme". McWire dice que la idea de un grupo de soporte psicológico en la NASA jamás se ha contemplado: "Ellos tienen mentes de ingeniero, dice hablando de los empresarios de la agencia espacial: no están acostumbrados a pensar en términos de comportamiento".
Eso era evidente para cualquiera que hubiera presenciado la última misión de larga duración de la NASA. Hace 11 años un trío de astronautas, encabezado por Gerald Carr, abordó la estación espacial del Skylab para una misión de 84 días. La tripulación se quedó atrás del ambicioso programa asignado al vuelo y gastó semanas tratando de recuperar el tiempo perdido, mientras los controladores de Tierra les exigían más y más tareas. Las jornadas de 14 horas diarias de trabajo se acabaron, después de que Carr realizó lo que él llamó "la primera sesión sensitiva espacial" con los ingenieros del Skylab, "para hablar las cosas". Cuando la discusion terminó, Carr había logrado más tiempo libre para su tripulación y había mejorado las relaciones con los controladores del Skylab.

Otros norteamericanos tendrán que enfrentar la soledad del astronauta en menos de una década si la estación espacial permanente de la NASA se construye en la fecha programada. Esta servirá de hogar y de lugar de trabajo a más de una docena de astronautas durante más de 90 días, pero no será menos austera que el Salyut. Será un lugar donde "es mejor estar con gente con la que uno se lleve bien", dice McWire. "Existen un sinnúmero de cosas de pocas consecuencias en misiones de 7 u 8 días, pero que cobran importancia si se habla de tres meses", añade. Ese es el problema con la variedad de personalidades que poblarán la estación. Sólo unos pocos serán astronautas experimentados. Otros serán ingenieros y científicos que no habrán pasado por los programas usuales de entrenamiento de los astronautas. McWire insiste en que puede determinarIa adaptabilidad de un cosmonauta potencial de la estación espacial por medio de una entrevista de dos horas. Una de sus preocupaciones es la de asegurarse de que el candidato soportará situaciones que amenacen su vida. Pero McWire admite que la palabra del psiquiatra no ha sido siempre la última palabra. Algunas veces la NASA ha aceptado niños con problemas potenciales, debido a su brillante mentalidad técnica, pero en la estación espacial, el precio de la incompatibilidad puede ser demasiado elevado para permitir tales excepciones. Si la estación se convierte en una empresa internacional, las diferencias culturales entre sus ocupantes podrían ser preocupantes. El idioma no es el único obstáculo. Nociones sobre privacidad y limpieza, por ejemplo, pueden variar entre diversas culturas. Los norteamericanos ponen más énfasis en estar limpios que las personas de otras nacionalidades. Y hay otros problemas potenciales: los árabes, por ejemplo, se mantienen apenas unos centímetros distantes de sus contertulios en una conversación, mientras los norteamericanos reservan esta cercanía física para la intimidad o para la agresión.
Pero aun si la tripulación de la estación espacial es totalmente norteamericana, es factible que ocurran peleas, aunque McWire piensa que los astronautas pueden aprender cómo evitar salirse de control. Medir los altibajos de sus estados de ánimo puede ser tan importante para los astronautas como conocer el funcionamiento de su equipo.
Otra manera de mantener los nervios controlados es la de diseñar la estación de manera que se disminuya el stress de vivir y trabajar en ella. "Teníamos todas las cosas equivocadas en el Skylab", dice Carr. El y sus dos compañeros de misión llegaron a cansarse del esquema militar de la nave y del color carmelito de su ropa (los planificadores del Salyut solucionaron este problema pintando las paredes en tonos pastel y permitiendo que los cosmonautas diseñaran sus uniformes espaciales). Los astronautas del Skylab también echaron de menos las fragancias. Sólo un detergente con olor a limón y una loción Old Spice iban en la nave.
La primera cosa que a Carr le gustaría ver en la estación espacial sería muchas ventanas. Nada podría aliviar mejor el stress. Sin excepción, los hombres que duraron meses a bordo del Skylab, mencionaron la vista que tuvieron a través de la única ventana de la nave, como su diversión favorita.
Carr piensa que pocas cosas serían tan importantes en la estación como el tiempo de ocio, "para la reflexión, para la actividad creadora, de manera que puedan recargarse las baterías de la tripulación". Y, desde luego, tiempo para mirar el mundo pasar.
Los soviéticos también están mirando hacia el futuro. Las misiones del Salyut son cada vez mas largas y pronto los cosmonautas llegarán a colocar varios Salyut juntos para crear una estación integrada permanente. Pero los soviéticos ya se han comprometido con un proyecto más ambicioso: un viaje a Marte. Aun la más corta misión a Marte duraría cerca de tres años y las demandas psicológicas de su tripulación, sea norteamericana, soviética o una combinación de las dos, hará que aquellas de la tripulación del Salyut parezcan fáciles.
¿Sabe alguien que sentirán los viajeros al regreso de Marte, después de haber transcurrido tres años en el espacio? Tal vez sus pensamientos harán eco a aquellos de Lebedev al término de su maratón espacial en el Salyut: "Nuestro estado de ánimo es extraño y ansioso. ¿Cómo está todo allá abajo? ¡Nos hemos desacostumbrado tanto a ello! Hemos aprendido a vivir en una pequeña isla en el espacio y ahora debemos enfrentar nuevamente el mundo real. Es un sentimiento molesto. Ahora a dormir, mañana iremos a casa, a la Tierra...".

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