Una nueva forma de hacer minería

La minería sostenible se caracteriza por buscar un desarrollo económico, social y ambiental más allá de las responsabilidades legales, por actuar con transparencia y por identificarse con los valores de las comunidades en donde se encuentran los yacimientos. *


Al hablar de minería por lo general se piensa en tres aspectos: la cantidad de minerales por explotar, los impuestos o regalías que la empresa le va a dejar al Estado y su posible impacto ambiental. Sin embargo, en las últimas décadas la actividad ha evolucionado hacia un concepto que va mucho más allá y se denomina minería sustentable. Según la ONU, es aquella que promueve un “desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas”. Esa concepción también se simplifica al circunscribirla al manejo responsable y preservación del medioambiente.

La preocupación por el medioambiente es parte importante de la minería sustentable, pero esta va mucho más allá e incluye temas de responsabilidad social, organización corporativa, transparencia y comunicación eficiente. Varios expertos sobre el tema coinciden en que ese respeto por el entorno no puede ser posible si una compañía no adopta políticas eficientes y rigurosas de transparencia, y logra la aceptación y el consenso de la población donde se llevará a cabo el proyecto.

Al respecto, en su artículo ‘¿Qué se entiende por minería responsable?’, Robert Goodland afirma que la transparencia es fundamental para el éxito de un proyecto minero, y de paso para elaborar los planes de mitigación ambiental del mismo. “Ninguna evaluación social o ambiental debería mantenerse en secreto para los grupos de interés potencialmente impactados. La gente que podría ser afectada debe participar completa y abiertamente en los estudios de impacto ambiental”, dice.

Junto con la transparencia que las compañías deben tener, y el sector minero debe exigir, se encuentran los temas de responsabilidad social empresarial y la aceptación informada de los grupos de interés en donde se llevará a cabo el proyecto. De acuerdo con Goodland, “las corporaciones de minería responsable no fuerzan las minas en la gente y en las comunidades que no las quieren (…) Las mejores corporaciones le apuntan a estar seguras de que todos los grupos de interés potencialmente impactados realmente le den la bienvenida al proyecto porque los riesgos son leves, se ofrece una gran compensación, entrenamiento, un atractivo empleo y adquisición de bienes y servicios”.

En ese sentido, la industria minera ha tenido un cambio fundamental. Antes, la responsabilidad social se limitaba a entregar algunas obras de infraestructura o a colaborar con ciertos programas sociales. Pero ahora el compromiso va más allá: las empresas buscan identificarse con la comunidad, con sus principios y con sus costumbres, y ayudarles a construir un desarrollo sostenible y perdurable que, incluso, continúe cuando la operación minera termine. “Nosotros queremos que en los lugares donde operamos, nuestra participación en el desarrollo no solo se haga con las regalías e impuestos que pagamos, sino con la elaboración de programas a largo plazo: llevar a cabo transferencias en conocimiento y tecnología para que, cuando nos vayamos de esa región, no sienta la ausencia económica de la mina. Ese es uno de nuestros objetivos, y es por eso que a esta forma de operar la llamamos minería con propósito”, explica Ana María Gómez Montes, vicepresidenta de Asuntos Corporativos de AngloGold Ashanti (AGA).

AGA quiere poner en marcha esa minería con propósito sustentable en la mina de cobre de Quebradona, en Jericó (Antioquia). La compañía tiene bastante experiencia en ese tema. Según el Índice de Minería Responsable (RMI) publicado hace unos cuantos meses, AngloGold Ashanti se destaca entre los mejores cinco puntajes en temas como gestión del ciclo de vida, bienestar comunitario y responsabilidad ambiental, transparencia en relación con los impactos negativos que las operaciones pueden tener, y los programas de apoyo a compras y desarrollo de negocios locales.

Sobre el proyecto de mina de cobre en Jericó, vale la pena mencionar cuatro temas en los que AGA ha hecho énfasis: identificarse con los valores y la cultura de los jericoanos; mantener una transparencia frente al proyecto que se quiere construir, haciendo hincapié en los impactos ambientales y en su mitigación; buscar la aceptación consensuada de la iniciativa, y generar un desarrollo económico y social que vaya más allá de la entrega de regalías.

Los jericoanos temen que, con la mina, el pueblo se llene de forasteros con costumbres distintas que perturben su tranquilidad, y que el alcoholismo y la drogadicción aumenten, así como la violencia. Se basan en experiencias desafortunadas que han tenido otras empresas y en imaginarios existentes sobre la minería. Al respecto, AGA ha mostrado el apoyo a programas productivos que fomentan la vocación agrícola y turística de Jericó, lo que crea una barrera para impedir ese fenómeno. Además, la compañía, en sus procesos para seleccionar el personal, considera los valores como un punto esencial. Así lo dice Nathalie Morales, técnica del departamento de Geología de la mina Quebradona: “De las cosas que más me ha gustado de la compañía es que cuenta con altos estándares, no solo a nivel técnico; incluso en la selección de su personal”. En ese mismo sentido, Marlén Montoya de Álvarez, profesora jubilada y miembro de Jericoanos con Visión, dice: “Aquí ya hay droga y creo que es porque esos muchachos no tienen idea de un futuro económico. Y yo creo que eso lo va a ayudar a cambiar Quebradora, con generación de empleo y con programas como la donación de instrumentos para que los niños y jóvenes se dediquen a la música”.

En cuanto a la transparencia de AGA a la hora de socializar el proyecto, el alcalde de Jericó, David Toro, afirma que, a su juicio y de acuerdo con lo que conoce hasta ahora, la futura mina le da confianza. Dice: “Me ha tocado verificar de primera mano lo que están haciendo y he podido tener un diálogo respetuoso con la empresa. También he visto cómo ellos han socializado el proyecto y que han trabajado sobre la mesa y no por debajo de la mesa”. Nathaly Morales asegura algo similar: “Cuando uno trabaja acá se da cuenta de que la empresa hace las cosas con la más absoluta legalidad”.

En un principio nadie sabía sobre el proyecto y había muchos opositores por la estigmatización generalizada de la minería como la gran depredadora del medioambiente. No obstante, la gente comenzó a cambiar de opinión desde que AGA empezó a hacer sus socializaciones, y sobre todo explicó las afectaciones de su operación en el medioambiente, y sus planes para mitigarlas. De eso da cuenta la encuesta contratada por AGA al Centro Nacional de Consultoría, que entre diciembre de 2018 y abril de 2020 midió la percepción de los jericoanos frente al proyecto de Quebradona. Uno de los datos más reveladores es que la percepción positiva de ellos frente a la minería en el país pasó de un 51 a un 69 por ciento, y la negativa disminuyó de 51 al 25 por ciento.

Algo similar sucedió con la pregunta de si la minería es positiva o negativa para Jericó. El número de personas que la consideran buena aumentó notablemente, de 36 a 65 por ciento. Y el de quienes la consideran mala pasó de 59 a 30 por ciento. Así mismo, de un 52 por ciento de jericoanos que pensaban en diciembre de 2018 que podía existir minería responsable, pasó a un 71 por ciento.

Por otra parte, AGA ha emprendido un plan para apoyar el desarrollo social, ambiental y económico de Jericó que va más allá de los requerimientos legales y de las prácticas corrientes de responsabilidad social empresarial. Por eso participaron en la Fundación ProJericó, que tiene el propósito de contribuir al desarrollo y bienestar del Suroeste Antioqueño mediante el diseño y la financiación de proyectos de alto impacto social. Para comenzar a cumplir esos objetivos desde ya y no cuando la mina empiece a funcionar, la fundación va a invertir 3.600 millones de pesos durante el periodo de otorgamiento de la licencia ambiental. Si la mina se convierte en realidad, en los cuatro años de la obra la fundación destinará 24.000 millones de pesos, y durante la operación, 126.000 millones de pesos. Eso sin contar los dineros del plan de mitigación ambiental y del parque Biodinámico (que incluye un programa de transferencia social de conocimiento).

Entre los proyectos a financiar se encuentran el mejoramiento de la red vial de Jericó y del sistema de salud del Suroeste de Antioquia, la cofinanciación del Fondo de Desarrollo Productivo y el apoyo a los caficultores locales. Al final, los hechos deben hablar por sí solos de la empresa y su actuar. AngloGold Ashanti demuestra así que es posible hacer minería responsable en el país.

*Contenido hecho en colaboración con el proyecto Quebradona