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| 3/6/1989 12:00:00 AM

EL CLERIGO DE HIERRO

A los 10 años de la República Islámica, los sueños revolucionarios se han desvanecido.

EL CLERIGO DE HIERRO EL CLERIGO DE HIERRO
El 11 de febrero se cumplen 10 años de la proclamación de la República Islámica. Veinticinco siglos de régimen monárquico en Persia se concluían en esos primeros meses de 1979. Diez días antes, el 1o. de febrero, después de 15 años de exilio, el ayatollah Ruhollah Khomeini, el gran líder político-religioso de la revolución iraní, regresaba a su tierra natal proclamado por millones de iraníes. El segundo "sha" de la dinastía Pahlevi, Mohammed Reza, abandonó pocas semanas antes su pais frente a la gigantesca rebelión popular. Con el regreso del "santo de Dios" la Persia occidentalizada, edificada por los Pahlevi, estaba por convertirse e una República Islámica teocrática que alarmaba los países árabes vecinos y sus aliados en Norteamérica y viejo continente.

El mundo asistía sorprendido a la caída de una monarquía que no había tenido remordimientos al aplicar un feroz represión a manos de la famos y tremenda policía secreta Savak, y la vez admiraba la veneración y la esperanza con que el pueblo iraní recibía al anciano líder de turbante y barba blanca, que sin cesar dirigió las masas desde París enviando sus mensaje grabados en casetes. Un personaje enigmático aun para sus estudiante de teología que han leído sus obras Un místico que cree que Dios le dicta directamente los principios de cómo aplicar el Corán y la Sharia, la ley islámica.

Su primer discurso a las masas que lo aclamaban fue espeluznante "Cortaremos las manos a los traidores, arrancaremos los dientes a los enemigos del Islam" y prometía: "El sha destruyó la cultura, la economía. la agricultura. Nosotros demoleremos el sistema creado por él". Así comenzó la era del ayatollah. Un programa de gobierno que aseguraba lágrimas y sangre. Y lágrimas y sangre han corrido durante estos 10 años. Nombró primeros ministros sombras que en realidad seguían sus indicaciones mientras se retiró, como el profeta Mahoma, a la ciudad santa de Qom.
El consejo revolucionario guiado por el mismo Khomeini emanaba sus primeras leyes: nacionalización de los bancos y de la industria pesada, la sociedad debía seguir las estrictas leyes musulmanas: los hombres divididos de las mujeres en cualquier lugar público, obligación del uso del velo para las mujeres, música y alcohol prohibidos. Mientras los tribunales revolucionarios ejecutaban miles de personas y las cárceles se llenaban de opositores, se desencadenaba lo que la prensa llamó el "terror verde" por el color de la bandera del Islam.
Ese mismo año, en noviembre, un grupo de estudiantes ocupó la embajada de Estados Unidos por 444 días, cuya toma concluyó el día de la investidura de Ronald Reagan como presidente, el 20 de enero de 1981. La revolución comienza a asumir un perfil más preciso. Laicos y socialdemócratas como el primer ministro Bani Sadr, que apoyaron a Khomeini en un primer momento, se ven obligados al exilio junto con los comunistas prosoviéticos y prochinos. "Ni con el este ni con el oeste", es el eslogan de los miles de "descalzos" que fueron movilizados para construir "el nuevo hombre islámico": masas que fueron puestas a prueba en una larga, sangrienta y olvidada guerra que duró ocho años contra Iraq.

El 22 de septiembre de 1980, el presidente iraquí Saddam Hussein atacó por primera vez Irán. Con orgulloso sentimiento patriótico, los "descalzos" resistian, poniendo un número impreciso de muertos y heridos--se calcula en un millón--y llegaron a amenazar la segunda ciudad más importante de Iraq, Bassora. Sin embargo, la máquina bélica iraquí avanzaba sin que Teherán lograra enfrentarla. La gente cansada de sacrificios económicos y de vidas, de las prohibiciones a la vida privada, empieza a agotarse. Los moderados del gobierno prevalecen sobre los "duros y puros", y presionado hasta por su propio hijo, Ahmad, el anciano líder acepta la tregua en agosto del 88. La lucha por la sucesión ya comenzó. Queda un pais derrotado por reconstruir, casi en la miseria.
"Bebo el cáliz lleno de veneno" declaró. A 10 años de distancia buena parte de los sueños de los iranies y de aquellos que creyeron en una nueva y original forma de revolución, se han desvanecido. -

LA REVOLUCION DEL PUDOR
Diez mujeres fueron ahorcadas la semana pasada en Irán "por corrupción", acusadas de haber mantenido relaciones adúlteras. Y no se trató de un hecho aislado. Las ejecuciones, lapidaciones y arrestos por atentados al pudor son hechos de la vida cotidiana. Es sólo la enérgica aplicacion de la ley islámica establecida por Khomeini hace diez años.

Cuando el ayatollah Khomeini derrocó al sha Reza Pahlevi, las mujeres musulmanas vivieron momentos de euforia. Ellas, que habían contribuido en gran medida al triunfo de la revolución, aún recordaban cómo durante las primeras épocas de la apertura occidental, el abuelo del sha ordenaba a sus soldados que les arrancaran por la fuerza el shador. Por ello, ese día recorrieron las calles de Teherán luciendo orgullosas sus mantos negros. Eran las abanderadas del hedjab (pudor). Lo que no imaginaban era que el uso obligatorio de esta prenda, símbolo de su tradición religiosa, sería el primer paso hacia un régimen que las convirtió en ciudadanas de segunda clase.

Con el regreso a las estrictas leyes del Corán, en las escuelas se implantó la separación estricta de sexos, la enseñanza de la mujer se redujo a "asuntos femeninos" y la vida de las "hermanas"--tratamiento oficial a la mujer-quedó circunscrita al hogar.

En el transcurso de los últimos años las mujeres han reconquistado algunos derechos, al voto por ejemplo y a ser elegidas--actualmente hay cuatro mujeres en el Parlamento--; el ingreso a la universidad y su participación en el mundo laboral.
Sin embargo, esto último sólo es posible bajo una serie de condiciones: si no hay un hombre que la mantenga o si su marido lo permite y siempre y cuando el horario no le impida cumplir con sus obligaciones como madre, su papel principal. No puede, sin embargo, establecer ninguna relación de amistad con los hombres en su sitio de trabajo.

Las enérgicas leyes de la revolución islámica se basan en el Coran y datan de hace 14 siglos. Ellas rigen todas las normas sociales, políticas y culturales del pueblo iraní..Pero ante todo, los preceptos morales. Su estricta aplicación pretende evitar a toda costa cualquier rasgo de libertad sexual. Esa reglamentación minuciosa de las relaciones entre los dos sexos sólo permite que se establezcan a través del matrimonio. Y por eso, además del permanente, existe el matrimonio temporal, que consiste en un contrato a término fijo y que puede realizarse desde las 16 años. De resto, al unico sitio al que las mujeres pueden ir solas es al cementerio.

Esa obsesión por el respeto y la protección de la virtud femenina ha convertido a la mujer islamica en la víctima de un régimen que es cada vez más represivo. Un régimen moralizador que castiga el adulterio con la pena capital y donde las prostitutas son quemadas vivas; que obliga a las mujeres a cubrirse para que no se conviertan en objeto de deseo; que prohíbe cualquier relación entre un hombre y una mujer, aun en los colegios, que no estén unidos en matrimonio, y que considera cualquier signo de vanidad femenina un atentado al pudor.

Dejar ver el cabello por debajo del shador, usar maquillaje o atuendos modernos y llevar las uñas pintadas son delitos que pueden suponer varios días de cárcel o, en el mejor de los casos, exponerse a que uno de los "guardianes de la revolución" fije el velo a la frente con una tachuela. Ser encontrada en la calle con un amigo, así sea en la esquina de la casa, puede representar meses de cárcel y certificación de la virginidad cuando no el matrimonio forzoso.

Al cabo de diez años, la represión no parece aminorar. Por el contrario, se han creado tribunales especiales para acelerar el castigo a los infractores y los campos de reeducación son el destino de miles de mujeres que se apartan de los principios islámicos.

La semana pasada, durante la jornada de la mujer islámica, el director de la radio oficial irani estuvo a punto de ser ejecutado por orden directa del iman Khomeini, por haber permitido la transmisión de una entrevista en la cual una mujer musulmana eligió como "modelo ideal" a la protagonista de una telenovela japonesa en lugar de la hija de Mahoma, Fátima. Porque el tribunal demostró que no hubo "intento malicioso", el periodista responsable de la "emisión antiislámica" solamente fue condenado a cuatro años de carcel y 50 latigazos.

Y así como el virtuosismo de la hija predilecta del profeta es el modelo oficial para la mujer iraní, también es cierto que quien encabeza el movimiento feminista creado recientemente para luchar "por los derechos denegados a las mujeres" es Zahra Mostafavi, la hija predilecta del imán Khomeini. -

EDICIÓN 1888

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