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La difícil vida de las masajistas ciegas víctimas de acoso en China

Por: AFP

Los negocios de masajes en el país asiático contratan mujeres ciegas por su aparente superioridad en el sentido del tacto. Sin embargo, lo que al principio parece una oportunidad laboral, luego se convierte en un espacio de acoso sexual.


En China, las empleadas ciegas de los salones de masajes están a la merced de sus clientes, que a menudo las someten a tocamientos e intimidaciones, en un país donde el acoso sexual ha quedado impune durante mucho tiempo.

En el omnipresente sector de los masajes chinos, no es algo inusual recurrir a personas ciegas, por su sentido del tacto, al parecer excepcional. Es también uno de los pocos sectores que dan trabajo a personas con discapacidad, un colectivo mal integrado en China.

Cuando Xiao Jia perdió la vista, de adolescente, el sector de los masajes se perfiló rápidamente como una opción prometedora. Pero la ilusión inicial no tardó en tornarse desencanto, frente a los manoseos de los clientes masculinos y sus peticiones recurrentes de favores sexuales. 

"Cuando peor lo pasé fue cuando un cliente me llevó a una habitación a parte, cerró las dos puertas y me pidió que le diera un masaje en ciertas partes", cuenta a la AFP Xiao Jia, de 28 años.

"Me dijo que si no aceptaba, echaría abajo mi establecimiento. Estaba borracho y decía que había consumido drogas. Tuve mucho miedo", admite.

Según las asociaciones de defensa de los Derechos Humanos, el 40% de las chinas han sido víctimas de acoso sexual. Pero son muy pocas las que denuncian, debido al peso del sistema patriarcal del país y a un cierto sentimiento de vergüenza. 

En el sector de los masajes, el porcentaje probablemente sea mucho más elevado, estima la abogada Li Ying, que considera que las mujeres ciegas son "más vulnerables" que el resto de la población.

Li Ying es la primera abogada en haber iniciado un proceso por acoso y en haberlo ganado en virtud de una ley de 2018. Antes de eso, no existía ninguna definición legal de acoso sexual ni ninguna reglamentación sobre la forma de tratar esos casos en el marco profesional. 

Ming Yue, de 24 años, que habló con la AFP utilizando un seudónimo, afirma que que fue agredida por clientes y que ha sufrido tocamientos en todos los salones de masajes, más de diez, en los que ha trabajado.

Su primera experiencia de este tipo la vivió con 18 años, cuando un cliente intentó tocarle los pechos y las piernas.

"No sabía qué hacer. Nunca había vivido eso antes y nadie me había enseñado a gestionar la situación", explica Ming, que perdió la vista a los 6 años.

Miaomia, también un seudónimo, explica que, cuando era adolescente, dio con muchos clientes que no se habían puesto ropa interior a propósito para "tenderle una trampa" y obligarla así a tocar sus genitales.

Ninguna de las mujeres entrevistadas por la AFP interpuso nunca ninguna denuncia por miedo. "No le dije nada a nadie. Hablar no habría solucionado nada si no que, al contrario, habría agravado las cosas", asegura Miaomiao.

Falta de integración 

Para cambiar las mentalidades, Li aboga por una mejor protección jurídica y más integración para las personas con discapacidad. Las autoridades deben comprometerse a tratar a las personas invidentes de forma igualitaria y proveerles "más recursos, en lugar de aislarlas", señala.

Un informe de la ONU de 2018 afirma que, en China, casi la mitad de las personas con discapacidad están escolarizadas en un colegio especializado en lugar de en el sistema general, una cifra muy superior a la media de los países estudiados.

¿El resultado? "La mayoría de la gente nunca ha interaccionado con una persona con discapacidad", subraya Parissara Liewkeat, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). 

Una situación que se reproduce en el entorno profesional, donde las empresas "no saben cómo adaptarse al personal con discapacidad", apunta Zhou Haibin, cuya organización Easy Inclusion Consulting ayuda a encontrar pasantías y empleos.

Hoy, Xiao Jia tiene su propio salón de masajes y trabaja en una oenegé que da apoyo a personas discapacitadas, incluyendo a mujeres que han tenido que enfrentar los mismos problemas que ella. La organización les proporciona cursillos de entrenamiento y consejos de liderazgo, finanzas y derechos humanos.

"Tener una discapacidad no es una falta o una tara", dice la joven, sonriendo. "Si la mirada de la gente cambia, las personas ciegas tendrán más salidas profesionales. Quizá podamos ser profesores de maquillaje, de yoga, o hacer otras cosas que antes eran impensables para los ciegos".