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Paro nacional: ¿Colombia seguirá el camino de Chile?

El estallido social que se vivió en Chile en 2019 tiene muchas similitudes con lo que está pasando en Colombia.


El 14 de octubre de 2019, cientos de estudiantes de Santiago, la capital de Chile, decidieron saltarse los torniquetes del metro e ingresar sin pagar, en señal de reclamo al aumento del pasaje. Fue apenas la gota que rebosó la copa y, con el paso de los días, el caos fue total. Edificios incendiados, vagones quemados y protestas masivas derivaron en enfrentamientos con la fuerza pública. Más de 20 chilenos fallecieron.

Al quinto día de las protestas, el presidente Sebastián Piñera decidió decretar el estado de emergencia y todo fue peor. Un día después, en una alocución que todos esperaban, advirtió: “Estamos en guerra”. Esa declaración causó indignación y llevó a las calles a un millón de personas. A los pocos días se militarizó la ciudad. Al final, Piñera decidió retirar el alza del precio del metro, aseguró haber entendido el mensaje y el estallido social derivó en un histórico plebiscito en el que los chilenos apoyaron que se redacte una nueva constitución.

Guardadas las proporciones y las diferencias entre ambos países, algunos han relacionado lo ocurrido en Colombia con lo que pasó en Chile. Aquí el detonante fue la polémica reforma tributaria, que hizo que miles de personas salieran a protestar en pleno tercer pico de la pandemia. Esta semana, a raíz de lo ocurrido, el expresidente Álvaro Uribe habló de la “teoría de la revolución molecular disipada”, expuesta por Alexis López, un periodista chileno de derecha que ha estudiado lo que pasa en su país.

“Tenemos constatación de que grupos organizados a nivel de movimiento, que al igual que las Farc, que entraron en un proceso de paz –en Chile, el MIR lo hizo en la década de los ochenta–, están participando activamente con sus símbolos en las protestas y las manifestaciones. No necesariamente toda la gente de esos grupos está en las acciones de violencia, pero de que están involucrados, lo están”, le dijo López a SEMANA.

El presidente Iván Duque, el fiscal Francisco Barbosa y hasta el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, coincidieron en que habría estructuras armadas y delincuenciales detrás de los actos de violencia. Moreno culpó a Nicolás Maduro, mientras que el fiscal Barbosa, al igual que el senador Rodrigo Lara, mencionaron al ELN y a las disidencias de las Farc.

Chile inició sus jornadas de marchas y tensión social por el aumento en el precio del pasaje del metro.
Chile inició sus jornadas de marchas y tensión social por el aumento en el precio del pasaje del metro. - Foto: getty images

Más allá de ese factor violento, que podría ser el común de los ataques coordinados en diferentes ciudades, no se puede desconocer que hay una indignación ciudadana reflejada en las calles y que tiene exigencias legítimas, tanto en Colombia como en Chile. Duque tiene enfrente a un Comité del Paro para dialogar.

En materia política, uno de los puntos en común es que por el panorama preelectoral de ambos países, políticos de izquierda con aspiraciones presidenciales, y en oposición a los gobiernos de derecha de Duque y Piñera, han buscado réditos electorales en medio del caos y la inconformidad, diciendo que representarán a esa ciudadanía inconforme.

Las elecciones en Chile serán en noviembre y las encuestas más recientes ponen entre los tres favoritos a dos candidatos de la izquierda que respaldaron la protesta social. El mismo sondeo, la encuesta del Centro de Estudios Públicos, dice que Piñera tiene 74 por ciento de desaprobación. “Le quedan unos meses de gobierno y se le están haciendo eternos porque ya no tiene ninguna capacidad de salvar su legado”, asegura Jean Palou, periodista de El Mercurio.

En el caso colombiano, Duque hasta ahora se enfrenta a un escenario de conversación con diferentes sectores sociales. Además de la fallida reforma tributaria, hay un pliego de peticiones que buscan mejorar la calidad de vida de millones de colombianos, que sufren el impacto de la pandemia en un país donde la pobreza aumentó al 42 por ciento. Contrarrestar la violencia y abrir las puertas del diálogo es la salida.