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Suicidios laborales


Hace unos días una empleada de France-Telecom saltó del cuarto piso de su oficina en París, otra murió de sobredosis con barbitúricos en Metz, y uno más se clavó un cuchillo en el estómago y está hospitalizado en Troyes. En los últimos 18 meses, 23 empleados se han suicidado y esta semana miles se tomaron las calles de París, Marsella y otras ciudades para pedir mejores condiciones de trabajo. A tanto llegó el asunto, que el propio presidente, Nicolas Sarkozy, decidió intervenir, por lo que el Ministro de Trabajo y el gerente de la multinacional acordaron crear una línea telefónica para ayudar a los empleados a combatir el estrés. El gerente aceptó también abandonar la política de trasladar cada tres años a los empleados para evitar que los jefes se encariñen con ellos y se opongan a los despidos masivos. Los suicidios muestran la desesperación de los más de 100.000 empleados de la compañía, privatizada en 1998. Desde entonces se han eliminado más de 40.000 puestos y quienes quedan están bajo la extrema presión de la gerencia, que exige máxima eficiencia a cualquier costo. Curiosamente, el Presidente francés anunció en estos días que buscará medir el progreso del país con un indicador basado en la propuesta de Joseph Stiglitz distinto del producto interno bruto, pues la producción no es sinónimo de bienestar. A cambio, incluirá la felicidad y la calidad del servicio de salud.