editorial

Fumigar con glifosato es lo correcto

El presidente Iván Duque firmó el decreto que regula la fumigación con glifosato, un tema en el que viene insistiendo desde que llegó a la Casa de Nariño. Solo falta el aval del Consejo Nacional de Estupefacientes.


La firma por parte del presidente Iván Duque del decreto que reglamenta la aspersión con glifosato para combatir los cultivos ilícitos es un paso en la dirección correcta en Colombia para luchar contra el narcotráfico. Durante las negociaciones de paz con las Farc, el Gobierno Santos se doblegó ante las peticiones de la guerrilla; antes de firmar ya se había suspendido la fumigación, con el guiño de los órganos judiciales en 2015, y con la tesis de que el glifosato generaba riesgos para la salud y atentaba contra el medioambiente.

Lo cierto es que el glifosato es uno de los herbicidas más utilizados a nivel mundial en la agricultura. En Estados Unidos lo utilizan hasta para matar la hierba mala de los andenes en las calles; se consigue en grandes superficies como Walmart, Home Depot, y por internet.

El consenso en el mundo entre las agencias de protección del medioambiente y las instituciones científicas es que el glifosato no es cancerígeno ni genotóxico. La European Commission, la Canadian Pest Management Regulatory Agency, la Australian Pesticides and Veterinary Medicines Authority y la German Federal Institute for Risk Assessment han concluido que el glifosato no es dañino para la salud humana. La EPA (Agencia de Protección del Medio Ambiente, por sus siglas en inglés) también califica como improbable que sea carcinogénico. Lo mismo concluyo el European Food Safety Authority en 2015. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud ha dicho que hay una posibilidad de que pueda generar dichos riesgos.

Las fumigaciones con glifosato redujeron notablemente la producción de coca a comienzos de la década pasada, llegando al rededor de las 40 mil hectáreas de coca sembradas. Las consecuencias han sido nefastas y miles de vidas de soldados y policías se han perdido. Con las decisiones durante el anterior gobierno, la producción de coca se disparó y empezó a registrar niveles históricos: en 2018 llegó a más de 200.000 hectáreas en todo el país. El consumo también se incrementó y dejamos de ser solo un país productor para ser también consumidor.

El Gobierno Duque ha destruido miles de hectáreas y ha logrado frenar el avance de los cultivos ilícitos. Pero la resiembra ha impedido mejores resultados.

Aunque el presidente Iván Duque prometió en campaña el regreso de las fumigaciones para hacerle frente al narcotráfico desbordado, ha tenido que librar junto a sus ministros y a las fuerzas armadas una verdadera batalla jurídica ante la Corte Constitucional que le ha tomado más de dos años para volver tener vía para fumigar con glifosato, cumpliendo con una lista larga de requisitos.

El gobierno debe aprovechar este impulso para fumigar todas las hectáreas de coca posibles y así frenar de manera efectiva el avance del narcotráfico que, sin duda, es el combustible de todas las violencias en el país. Es importante que la opinión pública comprenda que el glifosato se enredó en un debate político y no de salud. Es necesario salir de ahí y seguir adelante.