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| 10/4/1993 12:00:00 AM

Manos arriba

Como en el mundo de Bonnie & Clyde, Bogotá se ha convertido en la capital mundial de los asaltos bancarios. Hay más de uno al día.

Manos arriba, Sección Nación, edición 592, Oct  4 1993 Manos arriba
CINCO HOMBRES ARMADOS CON METRALLEtas entraron la semana pasada a la sucursal del Banco Industrial Colombiano, ubicada en la carrera 16 con calle 84 de Bogotá. Después de amenazar a los clientes y empleados se llevaron 120 milloncs de pesos en efectivo. Dos agentcs de la Policía que pasaban coincidencialmente por el lugar se dieron cuenta de los hechos y, tras un intenso tiroteo, en el que rcsultó muerto un agente, lograron detencr a uno de los delincuentes y recuperar 79 millones de pesos del botín.
Dos días antes de que esto sucediera, tres hombres atracaron de la misma forma la sede de Colpatria de la calle 72 con carrera 7a., también al norte de Bogotá. Luego de haberse hecho pasar por clientes sacaron metralletas y ordenaron que todos se arroja ran al suelo -afirma María Piedad Gaitán, gerente de la sucursal-. Obligaron a los cajeros a entregarles todo el dinero en efectivo que hubiera en las ventanillas reunieron 35 millones de pesos y, después salieron caminando sin que nadie pudiera de tenerlos ".
Una semana atrás, de nuevo en Bogotá, sucursales de Colpatria, Banco de Colombia, Conavi, Banco Comercial Antioqueño, Corpavi y Coopsibaté también fueron víctimas de los atracadores. En todas el método fue el mismo: no más de cinco hombres armados de granadas y ametralladoras llegaron a las sucursales, por lo general en las horas de la manaña, y se llevaron el dinero en efectivo que había en las cajas.
Pero mientras esto sucede en la capital del país, donde este año se han registrado 294 asaltos bancarios -es decir, más de uno diario-, en las demás ciudades de Colombia está ocurriendo algo similar. Durante los últimos ocho meses se han presentado en Medellín 50 atracos y en Cali más de 30.
Según datos de la Dijín, en lo va corrido del año se han reportado 464 atracos bancarios a nivel nacional, que le han costado a las entidades bancarias 4.975 millones de pesos en pérdidas. Y si la tendencia continúa, al final de 1993 el númcro total de asaltos puede superar los 700, una cifra que duplicaría las que ha padecido el país durantc toda su historia .

LAS BANDAS
Esta oleada de asaltos a bancos y corporaciones no tiene antecedentes. Antes estos atracos eran casos esporádicos que se registraban, por lo general, los días de quincena. Ahora, en cambio, las entidades bancarias están sujetas a que, en cualquier momento les llegue la visita de las bandas dedicadas a este delito.Y en realidad es poco lo que puede hacer un celador, o incluso la propia Policía, para evitar la acción de estos grupos dc delincuentes. Se trata de bandas tan bien organizadas, que de nada sirven los más modernos sistemas de seguridad. "En estos casos no hay alarma que valga. Aunque sea difícil aceptarlo , no hay forma de evitar un atraco", dice Enrique Hurtado, jefe de la división de seguridad del Banco de Colombia .
Estos atracadores, que forman grupos de 10 ó 15 personas, cuentan con medios de comunicación, vehículos a su servicio y una buena dotación de armamento con la cual se enfrentan sin problema a los revólveres de los vigilantes.
Son bandas que tienen cómplices en los bancos y corporaciones que los mantienen informados acerca del día y la hora en que va a haber una importante cantidad de dinero y que los alertan de las medidas de seguridad que existen en la entidad.
Se ha comprobado también que varios de estos grupos cuentan con colaboradores en las empresas de teléfonos de algunas ciudades del país, que hacen la labor necesaria para que las sucursales pierdan toda posibilidad de comunicación con las autoridades. "De otra forma no se explica la coincidencia de que, en el momento del atraco, estén dañadas las líneas telefónicas de la entidad ", le dijo a SEMANA un oficial de la Dijin.
Las autoridades han comprobado que existen dos clases de bandas: las que poseen una increíble infraestructura -que la Policía define como un verdadero "cartel"- y que tienen puestas sus miradas en forma casi exclusiva en las grandes bóvedas de seguridad de los bancos, y agrupaciones menos organizadas, que no cuentan con informantes y que se dedican al atraco continuo de las corporaciones. "Son delincuentes comunes involucrados en otros delitos, como robos de apartamentos o joyerías, que de vez en cuando también asaltan bancos -agrega el oficial.
Es gente que va tras la plata que haya en las ventanillas.
No importa cuánta sea". Y, en efecto, se han presentado varios atracos, como el que ocurrió meses atrás en una sucursal de Colmena en Medellín, en donde se llevaron apenas 80.000 pesos.
Pero este caso es una excepción, pues la cuantía promedio de los robos asciende a los 10 millones de pesos. De hecho, durante los últimos años las entidades bancarias han perdido un enorme capital debido a los continuos asaltos (ver cuadro). En Bogotá, por ejemplo, las pérdidas de este año ascienden a 2.840 millones de pesos, y en Medellín superan los mil millones de pesos.

MUTUAS ACUSACIONES
Y mientras los asaltos continúan y los bancos siguen sufriendo pérdidas, los gerentes de las entidades y las autoridades aún no logran ponerse de acuerdo en una fórmula para detener el cre cimiento de este delito. Por un lado, miembros de la Policía señalan que no existe colaboración de los bancos y las corporaciones, pues nunca registran a tiempo los asaltos. "Cuan do llegamos al lugar de los hechos, no nos dejan entrar.
Alegan que están haciendo el arqueo correspondiente - explicó un oficial de la Sijin-. Y cuando nos enteramos de los pormenores, ya es difícil dar con el paradero de los delincuentes".
Sin embargo, para los gerentes de las entidades la situación es bien distinta. Según algunos funcionarios cuestionados por SEMANA, la Policía suele reaccionar con extrema lentitud en casos como estos. "La fuerza pública se ha dedicado a combatir a la guerrilla y al narcotráfico - dice Sara Mantilla, presidenta de Corpavi- y ha desestimado elpoder de la delincuencia común, que es la que está asaltando los bancos. La polémica no para ahí. La Policía señala que a las entidades bancarias no les preocupa denunciar el robo, porque de todas formas la aseguradora va a res ponder por parte de lo perdido y porque "existen varias sucursales en las que los gerentes utilizan los atracos para arreglar desajustes de cuentas". Por otra parte, los representantes de las entidades bancarias responden que dar aviso a las autoridades es prácticamente inútil, pues, en varios casos, se ha comprobado la participación de la fuerza pública a favor de los atracadores.
Esto lo recalcó el jueves de la semana pasada, durante una reunión con el presidente Gaviria, el banquero y presidente del consejo directivo de ANIF, Luis Carlos Sarmiento Angulo, quien pidió al Gobierno tomar cartas en el asunto y ofreció la co laboración del scctor privado. Lo cierto de todo esto es que, aunque los dardos van y vienen, la cifra de asaltos sigue cre ciendo y la impunidad también .

OSCURO PANORAMA
Pero aparte de lanzarse acusaciones, las autoridades y las entidades bancarias tratan de establecer por qué razón se está presentando este desorbitado incremento en el número de atracos en los últimos meses. Lo que está claro a la vista de todos es que las medidas dc seguridad no están funcionando. Según los boletines de registro de la Sijín, en la mayoría de las sucursa les de Bogotá donde se han registrado robos, no existía ni vigilancia privada ni sistemas dc seguridad. Al parecer, los cómplices que tienen los delincuentes dentro de las entidades son los que impiden que la seguridad funcione. De otra forma no se explica que las alarmas, con las que cuentan todos los bancos y corporaciones, jamás se activen a tiempo.
No hay duda de que la facilidad con que se atraca es otra causa por la cual este delito está en constante aumento. Se ha comprobado que el número de bandas dedicadas a los asaltos bancarios cada día crece más, pues los delincuentes descubrieron en este campo una forma fácil de hacerse a buenas sumas de dinero corriendo menos riesgos. El hecho de que el botín sea en efectivo les favorece todavía más. "Si roban un carro, después tienen que ver dónde lo venden. En cambio, el dinero en efectivo lo gastan rápidamente. Se ha logrado establecer que la plata derivada de los asaltos, además de destinarla en droga y alcohol, la consignan en cuentas que tienen en diversas corporaciones ", dice uno de los jefes de investigaciones de la Dijín.
Paralelamente el lucro que deja este delito permite que las bandas se armen cada vez mejor, y sin mayores tropiezos. Al fin y al cabo, estos grupos logran conseguir en el mercado negro todo lo necesario para convertirse en verdaderos ejércitos: metralletas, granadas, carros robados, sistemas de comunica ción... En Medellín, la segunda ciudad más azotada por este delito, se ha notado este fenómeno en forma alarmante. Un alto número de jóvenes, que años atrás vivían del sicariato derivado del narcoterrorismo, se ha orientado ahora a la delincuencia co mún, especialmente al atraco bancario, con medios que sorprenden a los organismos de inteligencia. "Son bandas con una organización infranqueable ", comentó un miembro de la Policía de Antioquia.
Todo esto ha generado una reacción de las entidades financieras a nivel nacional, que se han puesto como meta mejorar los sistemas de seguridad y afiliarse a compañías de vigilancia privada más confiables. Ahora se cuidan de mantener sumas altas de dinero en las ventanillas, y han instalado claves de seguridad en las cajas y retardadores de tiempo en las bóvedas, como estrategias para tratar de reducir el riesgo.
Sin embargo, ni el revólver del vigilante ni las alarmas secretas ni las cámaras de video pueden ser efectivas si tienen que enfrentarse a un grupo de delincuentes que llegan armados con granadas y ametralladoras.
De modo que mientras las instituciones financieras y las auto ridades no logren descifrar la forma en que pueda combatirse con éxito la acción de estas bandas, el país entero, y especialmente Bogotá, tendrán que seguir afrontando, casi a diario, un asalto bancario.

EDICIÓN 1893

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