Alguien se enriquece con el llanto de quienes protestan en Colombia. Cuanto más conmocionados estén el país y el mundo, más gases lacrimógenos y elementos antimotines compran los gobiernos. La industria de las llamadas armas “no letales” y “menos letales” crece con nuestro infortunio. De acuerdo con Allied Market Research, las ventas de municiones “menos letales” llegarán globalmente a 9.000 millones de dólares en el año 2022. Lea la columna completa