Todas las tragedias y malos momentos de la vida pasan. Lo que estamos viviendo como sociedad, por cuenta de los estragos del coronavirus, también pasará, y pronto volveremos a disfrutar de los encuentros preferidos con familiares, amigos, compañeros de trabajo, reuniones laborales, y los espacios para hacer deporte al aire libre y en gimnasios también se volverán usar. Es lógico que, por lo extendido de la cuarentena, a veces pensemos que va para largo.
El desarrollo de una vacuna seguramente será una realidad en un periodo de tiempo corto: cuando inició la pandemia se calculaba en año y medio; ahora con siete meses recorridos desde que todo inició, queda solo la mitad de tiempo para que esa vacuna esté disponible, y el coronavirus deje de ser una amenaza para la convivencia en sociedad. Pero que la vacuna vaya a estar disponible y brinde cierta protección no significa que no vayamos a tener que cambiar ciertos hábitos o conservar varias de las medidas implementadas de cuidado personal y prevención.
Seguramente veremos que salir a la calle implicará usar el tapabocas, que las reuniones sociales incluirán ese componente, y se convertirá en algo frecuente transitar con el tapabocas y con las máscaras de acrílico, que se ven tan útiles para proteger el rosto y evitar el contagio. Convertir en normal el uso de dispositivos que antes no usábamos ya ha ocurrido en el pasado.
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Antes los motociclistas no usaban casco, ni chaleco, ni protección para rodillas y brazos; ahora es normal que los porten. Lo raro es verlos sin ellos. Antes conducíamos sin usar el cinturón de seguridad; ahora la mayoría lo abrochamos antes de encender el auto, y cada vez más personas lo abrochan al viajar en los asientos posteriores. En los sesenta, el sexo sin preservativo fue normal; luego de la expansión del sida, el sexo seguro con preservativo es la práctica más recomendada para evitar el contagio. El tapabocas, las máscaras de acrílicos y el gel antibacterial, probablemente, se convertirán en los nuevos dispositivos que portaremos al salir, igual que el celular y la billetera.
Lo cierto es que volveremos a encontrarnos; con las medidas adecuadas de protección disfrutaremos lo que nos gusta: un café, visitar el restaurante y comer el postre favorito, tomar una cerveza con amigos e ir a ver el partido con otros. Eso significa que los restaurantes, las pastelerías, los cafés, las bibliotecas, los cinemas, los gimnasios y, en general, los lugares de reunión y ocio estarán disponibles para encontrarnos y disfrutar lo que por este momento hemos aplazado.
Aunque nos volvamos a encontrar y podamos ver este momento diluido en los recuerdos que deja atrás el paso del tiempo, lo que no debemos dejar diluir son las lecciones aprendidas por lo que ha sucedido. Aquí me aventuro con algunas, pero cada uno tendrá en su mente muchas otras.
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Primera: debemos cambiar nuestros hábitos, porque el planeta no soporta ni tolerará nuestra constante exigencia de recursos y maltrato a la naturaleza. Segunda: la virtualidad, por infinita que parezca, tiene su límite en la necesidad del intercambio social, el contacto humano y momentos de soledad para hacer introspección. Tercera: el dinero termina siendo una anotación en cuenta de lo que se tiene; con el planeta confinado sin poder comprar ni vender, pierde relevancia. Cuarta: no vale la pena perder el tiempo en discusiones, disgustos y distanciamiento con las personas que queremos. Al final, cada día que pasamos en eso es un día menos sin ellos. Quinta: todos somos vulnerables al coronavirus; es un tonto el que sigue negándolo o cree que no le pasará. Sexta: la solidaridad es indispensable en estos momentos, en los que muchos carecen de lo básico. Séptima: varios de los paradigmas económicos serán revaluados.
La última lección y, creo, la más importante: la libertad es el mayor valor de la vida; poderse autodeterminar y disfrutar lo que nos gusta y queremos es más valioso que todo. Hoy muchos seres humanos no se pueden autodeterminar por causas como la pobreza, la discriminación y la opresión de gobiernos sátrapas. Los próximos esfuerzos deben encaminarse a corregir esos problemas. De todos modos, al final, nos volveremos a encontrar, pero teniendo en mente que ahora será diferente.
