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Opinión

  • | 2018/06/21 05:47

    39 minutos

    Más jodida la tiene Duque. Tiene cuatro años para hacer tres cosas: “matar al padre” en el sentido freudiano, bajar a la patota de lagartos, corruptos e indeseables que se le subieron al bus y ejecutar las promesas que plagió del programa de Petro.

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Son catorce hombres y una mujer. En los tiempos femeninos que corren esto dice mucho. La silueta de la mujer apenas se alcanza a divisar. El orador que se destaca en un primer plano parece relegar a la mujer al rol de mero florero para la foto. No hay un solo negro en la imagen. Ni un indio o mulato. Son los miembros del autodenominado Consejo Nacional Gremial anunciando su apoyo al que fuera candidato y hoy presidente electo: Iván Duque. Los dados estaban cargados y solo “un milagro”, como diría Petro en su discurso del 17-J, cambiaría la canallesca historia de Colombia.    

En el mundo hay dos clases de empresarios. Por una parte, están los empresarios modernos, abiertos al mundo, con talento, que pagan sus impuestos y practican la filantropía, amén de que consideran a la democracia, la libertad y la separación de poderes como ejes esenciales para el sano crecimiento de un país. Por otra parte, está el empresariado de amiguetes con poca o ninguna responsabilidad social que miran al Estado como un simple instrumento para sus negocios, hasta el punto de considerar a la educación y la salud como fuentes de especulación y enriquecimiento. El retrato de los catorce hombres y la mujer me hace pensar que en Colombia tenemos más de los segundos que de los primeros.

Los mejores salarios en Colombia los pagan el Estado y la mafia. La inmensa mayoría de trabajadores del sector privado ganan salarios de mierda. La mayor carga tributaria recae sobre las espaldas de los pequeños empresarios, empleados públicos y asalariados con nóminas bancarizadas. La evasión de impuestos viene de los grandes capitales, los mismos a los que Duque prometió rebajarles los tributos con el sofisma de la creación de más puestos de trabajo. La tasa del 12 por ciento que pagan los pensionados a la Seguridad Social, por ejemplo, son una majadería que afecta a millares de colombianos que se han dejado la piel en el trabajo durante más de la mitad de su vidas.

La bofetada que la Colombia Inhumana propinó a los pensionados del país me hace recordar pasajes de La clase obrera va al paraíso, la cinta de Elio Pietri (Palma de Oro 1972). En el lecho Lulú, protagonista del filme, trata de explicarle a su pareja las razones por las que lleva tres meses sin ganas de sexo. “Para sacar veinte billetes más al mes -gimotea Lulú- tengo que recibir ataques, explotación y persecución en la fábrica”. Puede que a muchos de los pensionados afectados por el gravamen no les haga falta el sexo para sobrevivir, pero sí les hacen falta esos pesos que les quita el “sistema”. Es probable que miles de pensionados hayan votado por el “sistema” que los está abofeteando, es decir, por Duque. No es un delito vivir como pobre, pero imitando a los ricos. Militina, el viejo sindicalista encerrado en el manicomio, se lo resume a Lulú: “Nosotros enloquecemos porque tenemos poco y ellos porque tienen mucho”.

Cada uno hizo su balance de las elecciones del 17-J. Hice el mío, pero no lo voy a publicar en esta columna porque es igual al que tú hiciste. Duque será el nuevo jefe de gobierno y Petro el jefe de la oposición. Es lo que mandan los resultados. Los que llamaron a votar en blanco se quedarán en blanco. Es lo que mandan los resultados. Por ahora me quedo con los 39 minutos que empleó Petro para explicar el momento “hermoso”, “mágico” que hemos vivido.  Como diría el cuervo de Poe: ¡Para siempre jamás!

Más jodida la tiene Duque. Tiene cuatro años para hacer tres cosas: “matar al padre” en el sentido freudiano, bajar a la patota de lagartos, corruptos e indeseables que se le subieron al bus y ejecutar las promesas que plagió del programa de Petro.

En Twitter: @Yezid_Ar_D

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