Es bien conocido que nuestros indígenas, antes de la llegada de los españoles cultivaban y consumían coca. Es más, durante muchos años ante la imposibilidad de que les pagaran a los conquistadores sus tributos en oro, estos aceptaban que les entregaran coca, que tenía muchas cualidades. Al masticarla o “manbearla”, según los cronistas, no sólo tenía un gran valor nutricional, sino que daba a los indios mayor resistencia, para realizar el esforzado y riesgoso trabajo de las minas.
Pero hay dentro de ese marco, un curioso capítulo. En la segunda parte del siglo 19 y en la primeras décadas del siglo 20, toda la parte meridional de Colombia, entre los ríos Caquetá, Putumayo y Amazonas, estaba en disputa con Ecuador, Perú y Brasil. Nuestro gobierno tenía no solamente abandonados esos territorios, sino también a las tribus indígenas que allí vivían, esclavizadas por los capataces de la poderosa “Casa Arana” de la que era propietario el senador peruano Julio C. Arana. Los indígenas sobrevivían con coca.
El gobierno colombiano como no estaba en la región amazónica sabía poco o nada de la coca, donde se suponía que estaban las principales plantaciones. Tenía entonces que poner en movimiento la diplomacia para lograr conocimiento sobre tan preciado producto. Así, en nota oficial del 23 de junio de 1912, el ministro de obras públicas de Colombia, don Simón Araujo, ilustre sincelejano que ocupo todos los puestos imaginables, le pidió al representante de Colombia en Bolivia que “se sirviera remitir el mayor acopio de datos posible sobre el cultivo de la coca en ese país, junto con algunas semillas de las mejores calidades bolivianas”.
Agrega que “si fuera posible, le enviara dos bultos de semillas de la mejor calidad de la Eriythroxlylon coca”. Aduce que con el envío “prestaría usted un servicio al país; siempre que el valor de dicha semilla no sea excesivo, los gastos que esto ocasione serán por cuenta del ministerio”. El funcionario colombiano muy activo lo remitió el 28 de noviembre del mismo año.
No hay datos como se empleó tan importante envío. Pero las cosas no pararon ahí, ya que, en marzo de 1932, nuevamente el representante de Colombia en Bolivia, en ese entonces el político santandereano Francisco Sorzano, informó al ministro de industrias de Colombia de la publicación de un estudio sobre la coca en ese país. El 5 de julio de 1932, el ministerio, además de agradecerle, le solicitó el estudio para ser incluido en la revista de la entidad y además el envío de un “tambor de coca en miniatura”. Agregó que tan pronto se recibiera el tambor y el estudio, se aprovecharían en la mejor manera posible”. El “tambor de coca”, fue recibido en agosto de ese año.
Durante el gobierno de Mariano Ospina Pérez en 1947 se expidió un decreto mediante el cual se prohibía “cultivar y distribuir marihuana y coca”. Sin embargo, fue derogado un mes después. Tal vez los bultos de coca enviados desde Bolivia habían sido empleados “en la mejor manera posible” y el acucioso representante colombiano en La Paz, “le había prestado un gran servicio al país”.
*Decano de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.
