OPINIÓN

Fernando Rojas

Atrapados en las redes

El encierro generalizado por la covid-19 aceleró el uso de redes y aplicaciones, incluso en quienes se resistían. Mientras que los gobiernos y los médicos luchan contra el coronavirus, millones de personas se adentran al mundo virtual dedicando más tiempo a su uso.
17 de junio de 2020 a las 11:43 p. m.

El uso de redes sociales en el mundo crece rápidamente. En 2020 alcanzó un total de 3,8 billones de usuarios activos, un aumento de 9,2 por ciento frente a 2019. Facebook, con 2.449 millones de usuarios; YouTube, con 2.000 millones; y WhatsApp, con 1.600 millones, son las redes sociales más utilizadas. Las aplicaciones chinas también crecen de forma importante. Cuentan con atractivas aplicaciones, espejo de las que conocemos, para mensajería, video, foros e interacción.

En Colombia, antes de la cuarentena, según datos de Hootsuite para enero de 2020, había 35 millones de usuarios activos en redes sociales, quienes dedicaban 3 horas y 45 minutos a su uso en promedio, de las 9 horas y 10 minutos que pasaban conectados al día a internet.

Pero el encierro generalizado por la covid-19 aceleró el uso de redes y aplicaciones, incluso en quienes se resistían. Mientras que los gobiernos y los médicos luchan contra el coronavirus, millones de personas se adentran el mundo virtual dedicando más tiempo a su uso. Según App Annie Intelligence, durante la pandemia, los usuarios dedican un 20 por ciento más de tiempo a navegar que antes del virus.

Así, las redes se consolidaron como herramientas de difusión (noticias, información), de reunión (familiar, social o laboral), entretenimiento (Facebook Live, Instagram Live) y solidaridad.  

Esta situación permitió, al menos, dos cosas. Por un lado, la llegada de personas reticentes al uso de redes y el recorte de la brecha digital en ese grupo. Por el otro, evidenciar la grave situación de inequidad social en el acceso a internet, aplicaciones, idiomas y dispositivos tecnológicos de los sectores más vulnerables de la población.

Pero las redes sociales también le dieron una voz a millones de personas que los medios tradicionales le negaron. Y cada día están más ansiosas de usar ese poder. De esta forma, el respeto por la frontera entre la vida pública y la vida privada dejó de existir en muchos lugares del mundo, y en Colombia agoniza con rapidez.

Las redes erosionaron la idea de vicios privados y virtudes públicas, un pacto tácito en el orden social por el que durante décadas a la élite gozó de impunidad. Los ejemplos son incontables. La filtración de los correos de Hilary Clinton en plena campaña presidencial en Estados Unidos; los hallazgos de los Panama Papers que evidenciaron los alcances globales de la corrupción; la investigación que le siguen en Suiza al rey Juan Carlos de España por posible corrupción y millonario blanqueo de dinero; o más recientemente, en Colombia, la publicación de una información que por años ocultó la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez sobre la condena por narcotráfico de su hermano en Estados Unidos.

Las redes sociales no se guardan nada si hay interés en que algo se sepa. Hoy definen agenda, ensalzan o destruyen personalidades con gran facilidad, masifican información e imaginarios. Son escenario de un plebiscito diario en el que el héroe de hoy puede ser el villano de mañana.

Y así, sin darnos cuenta, estamos atrapados en las redes.