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Opinión

  • | 2018/11/19 22:17

    ¡No sea terco, presidente!

    Una de sus principales consignas durante su campaña, al momento de asumir el poder y, en lo que va corrido del gobierno, ha sido la de acabar con la polarización y la de convertirse en el gestor de esa unidad que nuestro país tanto necesita. ¡Cómo es la vida, Presidente! Ni los analistas más aventurados hubieran podido predecir lo que hoy está pasando.

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Le bastaron solo cien días para cumplir esa promesa. Qué tipo tan efectivo. Vamos a concentrarnos en las cosas que nos unen y no es las que nos dividen”,  dice usted en todas sus intervenciones. Pues bien, su voz ha hecho eco entre los colombianos y, quién lo creyera, parecen haberle hecho caso. Según los resultados de las más recientes encuestas, el nuestro, gracias a usted, dejó de ser un país dividido. En esas mediciones queda la impresión, por no decir la certeza, de que luego de varios años de estar de estar partidos por mitad, los habitantes de esta tierra logramos ponernos de acuerdo en algo: el Presidente no nos gusta y está gobernando mal. Así de sencillo y así de contundente.

Van tres meses presidente, tres meses. Tengo todavía en la nevera un cartón de leche que compré antes de que empezara su gobierno. ¿Cómo es posible que en tan poco tiempo usted haya logrado decepcionar a tanta gente?. Solo 27,2 por ciento de los colombianos aprueban su gestión como primer mandatario. El 73,8 por ciento cree que el país va por mal camino, el 67,1 por ciento piensa que se está manejando mal el acuerdo de paz, el 63 por ciento tiene la impresión de que no cumplirá con lo pactado en La Habana, y casi nadie conoce o aprueba la gestión de sus ministros.

Como si eso fuera poco, el 61,4 por ciento del país está de acuerdo con que se reanuden los diálogos con el ELN, pero usted no quiere; el 80,8 por ciento ve con malos ojos su política tributaria, el 57,7 por ciento desaprueba su manera de enfrentar la situación con Venezuela y más de la mitad de los compatriotas cree que usted no está comprometido en la lucha contra la corrupción. ¡Qué rajada, presidente!. De verdad sorprende. Tal vez sus indicadores estarían mejor si se hubiera encerrado estos tres meses a jugar Playstation. Pero bueno. Ya lo hecho, hecho está. Ni modo, hay que mirar hacia adelante.

¿La explicación para este desastre? Pues hombre, uno puede analizar la minucia del asunto tema por tema, pero esta vez no viene al caso. Lo cierto es que el pueblo está molesto con usted por mentiroso. Su campaña se dedicó a decirle a la gente que Santos se había hecho elegir con unas ideas para luego voltearse y engañar a quienes lo apoyaron. Con ese cuento llegó usted al poder. Lo que tal vez no calculó en esa estrategia electoral fue que a los pocos meses usted estaría en las mismas. No pensó en que se convertiría en una víctima de su propio invento.

Usted, con su insistente mensaje, puso a la gente a repudiar la mentira en la política pero luego llegó al gobierno a hacerle competencia a Pinocho. ¿Qué esperaba presidente? ¿Aplausos? Usted prometió un Estado austero, y nada. Prometió bajar impuestos y subir salarios, y nada: va a hacer todo lo contrario. Prometió jugársela por los puntos votados en la consulta anticorrupción, y nada. Eso para no hablar de los funcionarios señalados por corrupción que hoy hacen parte de su gobierno. Dijo que iba a hacerle frente al fracking, y nada. Muchos de los colombianos que votaron por usted estaban convencidos de que verían a los excomandantes de la guerrilla en la cárcel, que les iba a quitar la elegibilidad política, que iba a acabar con la JEP y a modificar el fondo de los acuerdos de paz. En esto último, afortunadamente también dijo mentiras y se hizo el loco. Eso si lo celebro. En fin, no hace falta enumerar punto por punto de este mar de contradicciones.  

En todo esto, presidente, hay dos noticias: una buena y una mala. ¿La mala? pues que hasta ahora a su gobierno le va como a los perros en misa. ¿La buena? Que su mandato apenas comienza y aun tiene mucho juego y mucho tiempo para corregir el rumbo.  

No vea esto como una derrota, presidente. Véalo como una oportunidad. Es cierto que los gobernantes no deben vivir pendientes de las encuestas, pero tampoco pueden tapar el sol con un dedo. El país que usted gobierna le está mandando un mensaje contundente: por ahí no es la cosa. Aun cuando suelo darle palo con frecuencia, tengo la convicción de que usted es un tipo inteligente, capaz y conciliador. Haga uso de esas facultades para virar el timón y tomar el camino correcto. Oiga a sus ciudadanos que a grito herido le piden que les pare bolas.

En los comentarios a esta columna encuentro con frecuencia personajes que entre agravios a mi madre me piden que deje de criticar y más bien proponga soluciones. Así que aquí le va una sugerencia, una crítica constructiva: parece existir entre los analistas un consenso frente al planteamiento de que el suyo es un gobierno que aun no define su rumbo. Más allá de las frases de cajón y de los lugares comunes, nadie sabe a ciencia cierta cuál es su apuesta, su mensaje y la prioridad de su administración.

Yo coincido con esa lectura. No es sino que fije su rumbo, presidente. Usted tiene en la calle una situación que puede convertirse en un problema o en una oportunidad. Usted decide, el balón está en su cancha. Me refiero, por supuesto, a las marchas de los estudiantes. Si usted sigue empeñado en la actitud displicente que hasta ahora ha mostrado, la situación puede salírsele de control. Se le puede paralizar el país. ¿Por qué no busca otra estrategia?

Si juega bien sus cartas, los miembros del movimiento estudiantil podrían convertirse en sus mayores aliados, y volvería así de la educación la bandera insignia que tanta falta le está haciendo a su gobierno. ¿Por qué no los oye?, ¿por qué no deja de mandarles emisarios y se sienta de una vez a hablar con ellos de frente?, ¿por qué no se apoya en esa mentes brillantes para buscar consensos y dejar listo un gran pacto por la educación?, ¿se imagina la foto?

Piénselo, presidente. Abra los oídos y abandone el ego. Ya le llegó el momento de mostrarnos su talante. Deje la terquedad, reúnase con los estudiantes y verá que en la próxima encuesta sale de este pantano.

En Twitter: @Federicogomezla  











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