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Opinión

  • | 1984/07/09 00:00

    BELISARIO Y EL NOBEL

    Después de la tregua de las FARC, Contadora ganó una importante muleta de apoyo

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A riesgo de que me linchen Ayatollah y el grupo de señoras que cada domingo se sienten "regiamente interpretadas" con sus columnas editoriales en "El Tiempo", pienso que la candidatura de Belisario Betancur para el Premio Nóbel de la Paz se salió de los terrenos de la iniciativa macondiana y ha sembrado seriamente raíces en el terreno de la realidad.
Para creer en ella se requiere simplemente ser uno de esos colombianos que aún no han sufrido la "ayatollización" de su sentido analítico, cuya principal manifestación consiste en suponer que la buena voluntad de Belisario es inversamente proporcional a las soluciones que requiere Colombia.
Si repasamos la nómina de felices ganadores del Nóbel de Paz en los últimos años, comprenderemos que Belisario llena más que a satisfacción los requisitos necesarios para merecerlo; y que muy probablemente --no se burlen Ayatollah y sus señoras-- incluso elevaría la dignidad del Nóbel de la Paz, que con frecuencia ha sido adjudicado a personas que distan mucho, de poseer las dimensiones humanas y políticas de, por ejemplo, un Anwar Sadat o un Lech Walessa.
Recordemos que hace dos años, el Nóbel fue adjudicado a un mexicano que carecía de méritos concretos, y que en cambio poseía el abstracto de haberle dedicado varios años de su vida a ir por ahí hablando de la importancia del desarme y los estragos de una potencial guerra nuclear.
Es cierto que Belisario no cuenta entre su curriculum con una obra tan espectacular como la gestación de la paz entre Egipto e Israel, pero hay que reconocerle que ha trabajado muy inteligente y tenazmente por la de Centroamerica.
Aun antes de que la tregua con las FARC entrara en vigencia --con lo que Belisario entregó una prueba concreta del significado y las posibilidades de la tesis de una paz negociada para el conflicto centroamericano--, la iniciativa de Contadora era demasiado ambiciosa como para que pudiera pasarle inadvertida a la Academia de Estocolmo. Después de la tregua con las FARC, sin embargo, Contadora ganó una muleta sobre la cual recostarse con seguridad en el desarrollo de sus gestiones. Muchos recibieron, a través de dicha tregua, argumentos para comprobar que el Presidente colombiano no era simplemente un pacifista "habla paja", y que evitar un conflicto armado en Centroamérica era más factible de lo que se había creído hasta el momento.
Pero curiosamente, sin embargo, lo que deberá pesar más sobre la decisión de la Academia de Estocolmo no es lo que Contadora ha logrado en Centroamérica sino lo que no ha logrado.
He pensado que el efecto de demostración implicito en el Nóbel de la Paz podría utilizar se más frecuentemente como herramienta para forjar su principal objetivo, que es precisamente, la paz. Con la adjudicación del Nóbel a Belisario Contadora adquiriría temporalmente --y guardadas las proporciones, desde luego--, el rango de "Miss Universo, pasando sus embajadores difícilmente inadvertidos en sus correrlas continentales, y obligando de paso a los EE.UU. --como cualquier Max Factor con la reina de belleza--, a hacer ofertas tentadoras en el campo del entendimiento pacífico en Centroamerica.
En otras palabras, al adjudicar el Nóbel de la Paz a Belisario se le estaría dando un útil empujoncito a Contadora, con lo que el codiciado premio se convertiría en herramienta de sí mismo.
Lo único que no debe hacer sin embargo Belisario, si de verdad está interesado en recibir el Nóbel de la Paz, es permitir que lo gestionen ante la Academia Sueca los abogados que actualmente colaboran con el gobierno. Correría el riesgo de resultar de mandado, en lugar de premiado, teniendo en cuenta que desde la "metida de pata" de los decretos tributarios dictados bajo el régimen de la emergencia económica pasando por varios de los decretos generados por el Estado de Sitio, la ley "Gaitán Mahecha", el IVA y otras perlas cultivadas, el gobierno dificilmente ha acometido una iniciativa jurídica que no esté viciada de nulidad.
Así que, en pro de la campaña del Nóbel de Paz para Belisario --que aspiro, con modestia, a inaugurar oficialmente a través de esta columna-- mantengamos a los abogados asesores del gobierno lo más alejados que sea posible de gestionarlo. Encarguemos de ello, en cambio, a nuestro buen Gabo, que de seguro estaría encantado de que quedara incluldo otro colombiano en el club de los nóbeles, donde es tan fácil aburrirse después de haber padecido cien años de celebridad.--
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