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Columna de opinión de Daniel Rico.
Columna de opinión de Daniel Rico. - Foto: Archivo Particular

Colombia Crece

¿Qué tan importante es este billonario anuncio para el desarrollo rural?


Por: Daniel Mauricio Rico

La cifra retumba en los oídos, en un juego de palabras el presidente Iván Duque, los directores de las agencias de seguridad nacional (NSA) Robert O´Brien y de la corporación para el financiamiento del desarrollo internacional (DFC) Adam Boehler, anunciaron inversiones hasta por cinco mil millones de dólares en el marco del nuevo programa bilateral Colombia Crece. ¿Qué tan importante es este billonario anuncio para el desarrollo rural?

Para poner el número en contexto, sirve recordar que en el año 2000 llegó la mayor cantidad de recursos en cooperación de EE.UU. Era el inicio del Plan Colombia, las inversiones para transformar la movilidad y la capacidad operacional de la fuerza pública, junto con los proyectos de desarrollo de USAID (concentrados en Putumayo y Caquetá) rondaron los mil millones de dólares. En las cifras más recientes de la “Paz Colombia” de Obama y Santos, los montos rondaron los 350 millones de dólares por año. ¿Son cifras comparables?, ¿Están anunciando los emisarios del presidente Donald Trump multiplicar por quince los recursos de cooperación militar y de desarrollo rural para Colombia?

La respuesta es no en ambos casos, no hay grandes cambios en el presupuesto de cooperación en los rubros tradicionales, es decir en aquellos que no toca devolver los dólares. Lo importante del reciente anuncio está en los recursos de un paquete nuevo de financiamiento por parte de DFC, que es una agencia estadounidense relativamente nueva (reemplazo a OPIC), la cual hace préstamos de fomento a iniciativas privadas. Crece Colombia es fundamentalmente una línea de crédito pensada para que empresas americanas pueden apalancarse con fondos federales para invertir en regiones de especial interés, que en Colombia lo son por el narcotráfico, la inseguridad, la falta de infraestructura y el bajo desarrollo económico. ¿Qué tan viable es que inversionistas americanos se interesen por generar emprendimientos en sitios como Tumaco, Tibú o Caucasia?

Poco probable, una cosa es una inversión para el desarrollo rural con plata regalada y otra muy diferente la que se hace con créditos que toca devolver. No veo venir una fila muy larga de empresas americanas dispuestas a endeudarse en dólares para invertirlos en los territorios en conflicto, donde el mismo Estado colombiano ha evitado invertir sus pesos durante décadas. Además, es innegable que las condiciones de seguridad rural han tenido un deterioro desde la firma del acuerdo de paz y nada disuade más a un empresario tanto gringo como criollo, que los riesgos de extorsión o secuestro. ¿Qué lecciones aprendidas tenemos del Plan Colombia y Paz Colombia, para no repetir en Colombia Crece?

Son varias, pero me centro en una sola. Un gran error sería volver a fijar metas imposibles o cargar cada préstamo con una multiplicidad de objetivos que lo hagan inviable financieramente. Por eso, me genera muchas dudas la declaración conjunta de ayer, según se dijo, con Colombia Crece, se busca desde sustituir las economías criminales (principalmente la coca), mejorar la infraestructura rural, la seguridad y contribuir a la contención del colapso de Venezuela y sus efectos en Colombia, hasta atraer la reubicación de empresas americanas desde China hacia Colombia y aprovechar las oportunidades comerciales del TLC. Con todo eso, suena más a “Colombia Sueña” que a “Colombia Crece”. ¿Qué es lo más posible que ocurra?

Que el programa Colombia Crece no arranque sino hasta dentro de dos años, cuando en la eventual administración de Joe Biden (ganador según los sondeos en EE.UU) se encuentre con un nuevo presidente en Colombia, que si tenga las capacidades de planear y ejecutar un programa de inversión extranjera para las zonas rurales. Con objetivos mucho más simples, Duque ya está bastante enredado. ¿Para qué sirve este anuncio del plan Colombia Crece en este momento?

Al presidente Trump le sirve para acercarse al electorado colombiano que vota en la Florida, un estado clave en su carrera presidencial, donde cada voto cuenta. Al presidente Duque, le ayuda a disipar las dudas de una descertificación. En cambio, para los campesinos, las cosas seguirán por ahora casi igual o peor.

 

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Tremenda serie acaba de lanzar Netflix, sobre la banda que se robó la bóveda del Banco de la Republica en Valledupar. “El robo del siglo” es noventera de principio a fin, los peinados, los carros, la música, los diálogos (en costeño y cachaco), el vestuario, los muebles y el decorado, todo hace revivir lo bueno y lo malo de esa década. La productora colombiana Dynamo, logra con mucho menos presupuesto que la afamada Casa de Papel, construir una trama más creíble, divertida y de gran factura audiovisual.

Un dato que no cuenta la serie. En la vida real, los billetes salieron de la bóveda hacia una fábrica de colchones, se embalaron y se encaletaron en la finca del entonces gobernador Lucas Gnecco Cerchar, que además de Senador había sido contrabandista, paramilitar, jalador de carros, fletero, narcotraficante e investigado por asesino. Condenado en 2009 a 24 años de cárcel y mencionado en el cartel de la toga, ha pasado la mayor parte de su pena en casa por cárcel. La vida y obra de Lucas Gnecco en la política y el crimen organizado, daría para otra gran serie de no ficción. Incluso su nuera periodista podría hacer parte del guion.