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Opinión

  • | 2019/03/28 02:02

    Voces regionales

    En un país pluriétnico y con tanta riqueza cultural, geográfica, climática y ecosistémica, es grato compartir con varios comensales venidos de distintos rincones de África. El pescado y la yuca frita, en el patio de la casa de bahareque y palma de Doña Juana, en San Basilio de Palenque, cobra un sentido internacional.

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Palenque, a unos sesenta kilómetros de Cartagena, se ha convertido en un inusitado cruce de caminos adonde llegan jóvenes de distintos hemisferios en una forma de turismo étnico, buscando identidad de sus raíces negras. El turismo Cimarrón se constituye en un producto cultural en pleno crecimiento y con una sazón especial.

El encuentro casual en un comedor informal, adonde se accede por la intimidad de un hogar y se cocina con leña, constituye un momento especial de encuentro entre mujeres cartageneras como Gisela Pérez y turistas de otras lenguas y culturas, como Amber, de Brooklyn Nueva York, y Aga, de Accra, Bekolo de Yaoundé, Camerún. Yo, bogotana,  minoría étnica en el almuerzo.

Estos ricos encuentros informales hacen hoy del Municipio de Mahates, Corregimiento de San Basilio, un sitio de turismo étnico y de encuentro de una amplia diáspora negra e hispánica, dispersa por el mundo.

Mientras departimos,  eventos urbanos generan malestar social. Otro absurdo incidente en que la policía maltrata a una palenquera vendedora de frutas en Cartagena provoca una manifestación pública organizada por palenqueros para protestar por el derecho al trabajo. Allí los turistas africanos  de Camerún, Ghana, Nueva York y otros orígenes, se confunden con jóvenes locales y palenqueras vestidas con faldas de colores y vendedores de comida en el mercado de Bazurto.

Al unísono, protestando ante el despropósito de un Código de Policía mal diseñado como malinterpretado, exigen el respeto a la Palenquera y  a la economía informal. Ahora si cabe responsabilizar a quienes lo aprobaron sin prever la pedagogía y los ajustes progresivos a la normas de sanidad y venta de comida callejera.

Cada nueva intervención policial abrirá mayores llagas ante la magnitud de la venta de alimentos sin reglamentar ni tecnificar. El Estado no raja ni presta el hacha.

Coincidencia del almuerzo casero en Palenque con la preparación de la agenda de visita del presidente Duque a San Basilio. A pocos días, la definición de prioridades que presentará el Consejo Comunitario se centrará en la expansión territorial y la necesidad de tecnificación del trabajo agrícola que jóvenes campesinos palenqueros desean recibir para mejorar la autonomía de la producción local. Ese frente no da espera para poderlos retener en el pueblo. Es una nueva generación de palenqueros bilingües que aprenden su lengua ancestral en los colegios locales.

Estas y otras tantas voces regionales piden ser escuchadas por el gobierno central. Aparecen las audiencias y los medios que hacen eco de las prioridades locales, a veces se hacen los sordos y en otras se hacen los mudos. El presidente ordenará tomar nota, pedirá a sus ministros hacer seguimiento y después de unas semanas no volverán a aparecer.

Así ha sucedido con pueblos que cuidan selvas, ríos y bosques, que viven del campo, pero que no reciben aún ninguna compensación por su compromiso de conservación. Algunos, más resilientes que otros, aguantan pacientemente a que lleguen las compensaciones o las inversiones prometidas.

Otros, como pueblos indígenas del Cauca con largas historias de pérdida de territorios, violencia, desplazamiento, viven el evidente abandono estatal, esperando al Estado. Esto en medio de la plaga del negocio de la droga y de nuevas formas de colonización de sus tierras. Tanta presión junta y tanta indiferencia estatal que las comunidades pacíficas van perdiendo la paciencia, y con razón.

La Minga Indígena en el Cauca, poderosa voz regional, se siente desbordada por el desespero para hacerse escuchar y dialogar. Desde la comodidad urbana, uno entiende que no pueden dejar pasar el momento para que sus reivindicaciones queden, de una forma u otra, negociadas e incluidas en la ley del Plan de Desarrollo 2018-2022. Es ahora o nunca que el gobierno y los reclamantes pueden hacer gala de su capacidad de diálogo y buena fe, concertar montos y plazos, en medio de intereses imponiéndose por mantener el control territorial.  

En una lectura a vuelo de pájaro de diferentes voces regionales, la recuperación de tierras ancestrales es quizá el común denominador que marca esas reclamaciones al Estado. Es de todos conocida la debilidad del aparato institucional (en especial para poner en marcha la acordada Reforma Rural Integral) y la lentitud de respuesta de parte del Estado.

Los jóvenes del campo, aunque quieran quedarse a trabajar las tierras colectivas y familiares, no tienen aún ni estímulos ni acceso a las compensaciones que el Estado debería ofrecerles como víctimas generacionales de la guerra.

Es esperanzador para los jóvenes en San Basilio, que el turista/cineasta Jean-Pierre Bekolo, invitado por el Festival de Cine de Cartagena, se quedará dos semanas adicionales, para lanzar, ese día del almuerzo donde doña Juana, una compañía de subtitulación y doblaje en Palenque, Colombia.

Esta iniciativa, promovida por Bekolo, cineasta camerunés, es para permitir el acceso de las películas africanas al mercado estadounidense en idioma español, que se estima en 300 millones de personas. Colombia, siendo la tercera diáspora africana más grande del mundo después de Brasil y los Estados Unidos, constituye un mercado potente para los afros de lengua hispana.

Palenque fue la primera comunidad africana en América liberada de la esclavitud en 1603 gracias a la revuelta de los "negros marrones" bajo el liderazgo de un ex príncipe africano de Guinea Bissau, Benkos Bioho. Los Palenqueros han mantenido hasta el momento esta herencia de "resistencia" y reclaman su cultura africana, hasta el punto en que la Unesco la ha convertido en una herencia mundial inmaterial de la humanidad.

Más allá de su interés turístico, Palenque tiene un gran potencial gracias a esta comunidad de afrodescendientes de menos de 5000 personas residentes cerca de Cartagena de Indias. Tiene el deseo de volverse resueltamente hacia el futuro sin perder su prestigioso pasado y, especialmente, proporcionar empleos a jóvenes que deciden quedarse a vivir en Palenque. La idea de una compañía de subtitulado y especialmente de doblaje de películas no es inocente.

Se trata de hacer que estas voces de jóvenes se presenten en las películas africanas, por supuesto, y en todas las demás películas, con herencia de un idioma típicamente latino y especialmente afroespañol. El cineasta Bekolo ha firmado con el Colectivo de Producción y Postproducción Kenha Suto Palenquero un acuerdo para la implementación de actividades de traducción, subtitulación y doblaje de películas. El colectivo de comunicadores de San Basilio de Palenque busca que  los productores interesados puedan enviar su solicitud a filmfablab@gmail.com. Esta será la primera película doblada en español en Palenque es la película documental de 1h26 de Francois Woukoache, mención especial del Jurado de Fespaco 2019 NTARABANA. La película da voz a aquellos hombres y mujeres que tomaron la difícil y valiente decisión de salvar vidas durante las masacres o de perdonar y comenzar una nueva vida de armonía y paz. Entre el 6 de abril y el 4 de julio de 1994, el genocidio de los tutsis y las masacres de los hutus moderados mataron a cerca de un millón de personas en Ruanda. Mientras que en el país, las masacres fueron cometidas a gran escala para Ntarabana en el norte de Ruanda, Rugwiza Frodouald Mukankundiye y Anne-Marie se escondieron y fueron protegidos por tutsi poniendo  en riesgo sus vidas.

Poco después del final del genocidio, Murekaze Anastasie, una sobreviviente, pudo encontrar la fuerza para perdonar y reconciliarse con aquellos que habían asesinado a su esposo e hijos.

Las lecciones vividas en Ruanda quedarán en la memoria de los palenqueros, gracias a este trabajo de subtitulación y de relaciones con otros pueblos afros que realizan “turismo étnico”, compartiendo su estadía en hogares de familias palenqueras.

Sorprende gratamente que fluya la comunicación y la convivencia entre turistas: una joven de Ghana de habla inglesa, una estudiante del Caribe elaborando su tesis doctoral para la Universidad de Pensilvania, una bogotana trilingüe, y un director de cine de Camerún de habla francesa, compartiendo la mesa con jóvenes palenqueros que hablan su idioma local pero no hablan ni francés ni inglés. En la mesa todos se hacen entender, y todos se sienten como en casa.

Observando esta capacidad adaptativa de culturas,  la generación de nuevas actividades de comunicación para jóvenes palenqueros constituye una alternativas para sanar heridas que dejó la guerra, sobretodo en una de la regiones de Bolívar más golpeadas por el cruce de fuegos.

Que bueno que San Basilio de Palenque siga abriendo espacios para ser un ejemplo nacional de transferencia de saberes “Sur-Sur”, donde la generosidad de visitantes africanos va dejando un estela de esperanza. La integración de culturas en medio del bosque seco tropical y un clima hirviendo, ilustra que las voces regionales se expresan de mil maneras, se están haciendo escuchar a nivel internacional y nacional, a pesar del histórico abandono del Estado.

La complicidad del “turismo étnico” trae oportunidades para los jóvenes palenqueros y podrá seguir jugando un papel fundamental: dar oportunidades creativas y de empleo a jóvenes que desean quedarse en su tierra. En tantos años de olvido, el Estado debería demostrar que la economía naranja si tiene algún sentido, allí tiene un buen caldo de cultivo.

A la fecha, ni las autoridades regionales ni el aparatoso centralismo andino han intentado desarrollar esas capacidades. Bravo por la estela de colaboraciones que deja en los barrios y en los pueblos apartados de Bolívar, las lecciones del Festival de Cine de Cartagena. El compromiso del equipo sigue expandiendo su quehacer de educador audiovisual a otras regiones caribeñas del país.

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