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Opinión

  • | 2018/06/01 18:06

    El día de los caídos

    ¿No será del caso que, cuando realmente haya terminado el conflicto armado, se establezca un día para honrar a los miles de militares y policías que han caído para defender las instituciones patrias?

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El Memorial Day, que se celebra el último lunes del mes de mayo, es una de las fechas conmemorativas de mayor connotación en los Estados Unidos. Inicialmente fue establecido para honrar a los soldados muertos durante la Guerra Civil, pero posteriormente se extendió a los caídos en todas las guerras y conflictos en los que han participado los Estados Unidos.

En Colombia, después de la concertación del acuerdo con las FARC, se han comenzado a cuantificar las víctimas, mostrando la magnitud del conflicto. Empezando por los 220.000 civiles muertos y los millones de desplazados deambulando por el país como fantasmagóricos leprosos en la edad media.

Paradójicamente sólo de un tiempo para acá, se comenzaron a percibir en todos los estamentos, los terribles efectos del conflicto. Como antes los asaltos, las masacres, las extorsiones y las tomas de poblaciones sucedían solamente en regiones remotas que ni siquiera aparecían en los mapas, a pocos les afectaban. Igualmente, como por lo general los asesinatos eran de simples campesinos, tampoco generaban mayores reacciones.

Cuando se presentaban hechos violentos, se salía del paso enviando al lugar a una unidad del ejército, que como algunos decían, “para eso les pagan”. En realidad, los soldados eran en su mayoría muchachos de extracción humilde que no recibían un centavo y que prestaban el servicio por “orgullo y militar pujanza”, como decía José Joaquín Casas. Por lo tanto, si morían en una emboscada o defendiendo un desconocido caserío, era un asunto marginal. Al fin y al cabo, el servicio militar era “para los de ruana”.  

Al parecer ese criterio todavía lo mantienen algunos ya que, con mal disimulado desdén, expresan que “quienes no estudian se convierten en policías o buscan un puesto en el ejército”. Seguramente incluyen en esa generalización a Juan Solarte Obando y a Cándido Leguízamo, campesinos de Nariño y del Huila que se alistaron voluntariamente en el ejército y fueron los grandes héroes en la guerra con el Perú, en acciones más valerosas que las de Girardot y Ricaurte, así como a tantos héroes ignotos que silenciosamente, en actos de valor que no han trascendido, han caído en estos años de angustia.  

Algunos de los que redactan las informaciones, han acudido a la práctica de denominar a oficiales, suboficiales, soldados, infantes de marina y agentes de policía, como “uniformados”, sin identificar su grado ni la fuerza a la que pertenecen.

Se olvidan que miles de esos “uniformados”, que no son vigilantes privados ni instalan servicios de internet, han muerto, miles más han resultado heridos y otros tantos han quedado lisados, enfrentando a grupos armados que llenaron de terror al país y que creyeron que podrían desbordar al estado.   

Desconozco el número de militares y policías que desde 1948 han caído. Solamente se dan datos parciales “de las partes contendientes” como si tratara de algo similar a la guerra civil americana.

Sin embargo, es muy posible que hayan muerto más militares y policías, que todos los soldados norteamericanos caídos en las guerras de Corea y del Golfo Pérsico y en las invasiones a Grenada, Panamá, Irak y Afganistán.  

En Colombia, el presidente José Manuel Marroquín en 1902, antes de la separación de Panamá, consideró que, accediendo al deseo del arzobispo de Bogotá y jefe espiritual del partido conservador, monseñor Bernardo Herrera Restrepo, contribuiría a la pacificación nacional, mediante el decreto 820 del 18 de mayo consagró el país al Sagrado Corazón. No sirvió de mucho, porque la Guerra de los Mil Días, continuó por seis meses, para no hablar de lo que siguió años después.    

¿No será del caso, cuando realmente se llegué al fin del conflicto armado, establecer un día en el que se honre a los miembros de las tres fuerzas y de la policía nacional, que han caído para defender la patria?

(*) Profesor de la facultad de relaciones internacionales de la Universidad del Rosario. Ex canciller y ex embajador.          

 

 

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