OPINIÓN

Uriel Ortiz

Cuando los corruptos se visten de gloria

Es importante que los ciudadanos honestos aprendan a detectar a los funcionarios corruptos tanto de la empresa pública como privada.
20 de octubre de 2017 a las 2:46 p. m.

Por lo general son individuos nerviosos, ligeros de palabra, no se hayan por mucho tiempo en un mismo sitio; cambian de residencia y de medios de comunicación con frecuencia; son contradictorios en sus acciones y decisiones; en su forma de hablar y de expresarse se les nota inseguridad; cuando están por descubrirlos, empiezan a faltar a sus labores. Pero, lo más común es verlos en reuniones secretas con personas sospechosas que no forman parte de la entidad o empresa donde trabajan -resultando ser los cómplices de sus fechorías-.

Los vemos dictando cátedras de moral en los tres poderes públicos, rasgándose las vestiduras y escandalizándose por delitos menores cometidos por el común de los ciudadanos.

Son sujetos tan extravagantes y estrambóticos, que al adquirir fortunas mal habidas, caen en las redes de su propia conciencia lasa y relajada, que todos los días los acosa y recrimina por sus actos indebidos.

Como inversión a sus acciones corruptas, compran carros lujosos, haciendas y apartamentos con todas las extravagancias de quienes se levantaron de la nada, pero que gracias a la oportunidad que les dio el Estado, de la noche a la mañana aparecen como seres intocables, terminan siendo doctores gracias a su gruesa chequera.

No se dan cuenta que con su comportamiento y forma de actuar han construido su propio ideario, son tan recatados ante la sociedad que no dejan la más mínima huella o sospecha de sus saqueos y negociados, a donde llegan son la majestad divina, pero ignoran que su mirada y rasgos faciales están trazados con signos de criminalidad. Son incapaces de mirar a los ojos escrutadores de sus posibles detractores y jueces que los juzgan.

No se dan cuenta estos aprovechadores del poder que tarde o temprano tendrán que acudir a los estrados judiciales a responder por sus delitos, muy seguramente terminarán en las cárceles para vergüenza de sus familias y seguidores.

Lamentablemente para el país y sus instituciones, estos personajes se las ingenian, para que sus procesos judiciales sean engavetados y empiecen a dormir el sueño de los justos, producto de una inyección económica al juez o magistrado corrupto, los que también caerán en las redes de la justicia como está ocurriendo últimamente.

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