OPINIÓN

David René Moreno Moreno

Compromiso nacional

El costo de no actuar con la razón atropella la democracia y maltrata las libertades.
1 de abril de 2026, 11:00 a. m.

Solo la voluntad política de los candidatos podrá sacar adelante al país, que ahora se encuentra al borde del abismo y está a punto de entronizar a la izquierda por los egos de algunos, la indiferencia de muchos y la apatía de otros. Hoy más que nunca se requiere de la unidad nacional para elegir a quien realmente esté preparado para encabezar el poder ejecutivo, que gobierne sin sesgos políticos, que conduzca al país en beneficio de todos, que integre a la población alrededor de los intereses nacionales, que se rodee de personas honestas, de profesionales que sean ejemplo por sus conocimientos y por su vida personal, y que realmente se comprometa a promover progreso, bienestar y calidad de vida para 52 millones de habitantes.

La libertad de un pueblo para elegir a quien por un período determinado lleve las riendas del país debe reflejar no solo la libre voluntad de los electores, sino la responsabilidad del elegido para cumplir las propuestas de campaña, rechazando los delitos contra el sufragio y las presiones violentas de los malhechores, quienes —empoderados por actuaciones y la grandilocuencia populista del gobierno central— se han apoderado de una parte importante del país. El elegido debe ser un estadista que conozca las fortalezas y debilidades del Estado, sus capacidades y potencialidades, las vulnerabilidades de la sociedad y sus necesidades, así como estar capacitado para tomar las mejores decisiones en beneficio general, no solo de las minorías; este no puede ser un resentido social, ni un agitador callejero.

La corrupción y la impunidad han caracterizado los actuares de un número importante de personas allegadas de una u otra forma al Gobierno, así como los beneficios a delincuentes enjuiciados y condenados han generado una nube de recelo frente a lo que debe ser el actuar transparente y equilibrado de quien representa la máxima autoridad. Tratar de justificar y ‘lavarles la cara’ a quienes se encuentran al margen de la ley aduciendo ‘entrampamientos’ frente a posibles vinculaciones con crímenes, así como nombrar personas incompetentes en cargos de responsabilidad gubernamental, no solo afectan la prestación de los servicios a la ciudadanía, sino que dañan el buen nombre del Estado frente a la comunidad nacional e internacional.

La mentira y el engaño solo dejan sinsabores, generan desinformación y aumentan la polarización de la sociedad, así como “la ignorancia es la madre de todos los males”, frase atribuida a Galileo Galilei (1564-1642), la cual retumba fuertemente en las redes sociales frente al lamentable accidente del avión Hércules C130 de nuestra Fuerza Aérea. La narrativa de la izquierda busca concientizar a las masas de que el Estado es el que debe proporcionar los medios para que haya una distribución equitativa de la riqueza, de que no debe haber propiedad privada, excepto —claro— para los dirigentes del partido; sin embargo, no les muestran que su aplicación ha sido catastrófica en el planeta, pues genera gobiernos totalitarios que se caracterizan por la violación de los derechos humanos, el incremento de la pobreza y la pérdida de libertades.

Las próximas elecciones presidenciales muestran la posibilidad de que un ‘comunismo puro y duro’ se consolide en el Gobierno, pues el heredero de la izquierda, además del apoyo descarado desde los altos niveles, ha recorrido desde temprana edad esa ideología política y sus propuestas de campaña no dejan duda de querer implementar una serie de coincidencias con planteamientos de los grupos subversivos, donde el llamado ‘poder popular’ sustituye a la Constitución, se debilita el control al Estado con la eliminación del Consejo de Estado, y también propone acabar con el Consejo Nacional Electoral. Estamos frente a lo que se llama la dictadura del pueblo, que no es otra cosa que un gobierno totalitario y abusivo.

La famosa paz total, pilar sobre el cual se basó la campaña ‘progre’ de 2022, ha sido desastrosa debido al fortalecimiento de los grupos narcoterroristas que hoy atemorizan a la población, pero esta ha sido incluida igualmente por la izquierda en su plan de gobierno, considerándola como la plataforma sobre la cual se puede reconstruir el Estado, mientras que no plantea una estrategia para combatir el crimen organizado, lo cual lleva a creer que crecerá aún más la delincuencia que nos agobia, habrá muchas más hectáreas sembradas de coca, seremos considerados un narcoestado rechazado por la comunidad internacional, y la seguridad que merecen los colombianos será un tema del pasado.

El comunismo que se busca implantar oficialmente en el país causará hambre, incrementará la pobreza, impulsará la violencia y ocasionará muchas muertes. Ojalá las amargas experiencias de Venezuela, Cuba, Nicaragua y otros países del área sirvan de ejemplo y los colombianos decidan que la ideología de izquierda no debe continuar en el Gobierno. Las urnas deben ser muy vigiladas y el centro y la derecha, unirse para darle una bocanada de aire fresco a la democracia, la cual está en cuidados intensivos. El compromiso nacional podrá sacar adelante a Colombia.

No permita que otros decidan por usted la suerte del país.

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