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Opinión

  • | 2018/08/10 00:13

    Corte de cuentas

    Termina el gobierno del presidente Santos con un hastío generalizado que se refleja en dos de cada diez colombianos evaluando favorablemente su gestión. Colombia entera, esos dos, y los otros ocho de cada diez, deben exigir unos cortes de cuentas claros. El país que dice entregar Santos debe ser el mismo que recibe Duque.

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Colombia tiene una tradición de transiciones presidenciales armónicas, pero en esta ocasión, el discurso presidencial de los últimos dos años y las comunicaciones de despedida de las últimas semanas –tanto en ruedas de prensa y discursos como en publicidad comprada por el gobierno—, exigen que se evalúen esos mensajes en contraste con los hechos y las cifras reales.

Un sector donde el corte de cuentas es de crítica importancia es en seguridad y defensa. El presidente saliente se va a ir por el mundo contando cómo llevó la paz a Colombia, hablando de su Nobel y buscando cargos internacionales con base en esa experiencia. A la vez, el presidente entrante tendrá que hablar de disidencias, de las Farc, del Eln, de las Bacrim, del clan del Golfo, de masacres, de ataques terroristas, del aumento del secuestro y la extorsión, de asesinatos de líderes sociales, y habrá unos colombianos impacientes queriendo que les arreglen todo en los primeros tres meses.

Con base en la información y el país que el gobierno saliente entrega, el entrante debe resolver varias dudas, tanto para que los colombianos sepan a qué atenerse, como para que la nueva administración formule la implementación de los planes de gobierno.

Es cierto que las disidencias de las Farc se han presentado como grupos que no tienen ideología ni objetivos políticos sino un interés en organizarse en torno al negocio de la cocaína, pero el Eln sigue persiguiendo su discurso y su plan de derrotar al Estado. Lo que ha justificado la operación de las fuerzas militares dentro del territorio nacional durante estas décadas ha sido precisamente que se combaten organizaciones con objetivos políticos. El que las fuerzas militares lleven dos años preparándose para el posconflicto, ¿quiere decir que están listas para retirarse a las fronteras y limitarse a su rol convencional de defensa frente a amenazas externas?

Ahora, con la ola del posconflicto y una comisión de la verdad que va a esclarecer "lo que pasó durante el conflicto", cuando las disidencias de las Farc expongan su plan de toma del poder y las bases ideológicas de su movimiento y cuando el Eln recrudezca sus acciones terroristas para presionar una negociación, el nuevo gobierno va a tener pocas opciones de narrativa para desarrollar su estrategia de seguridad nacional y seguridad ciudadana. Tendrá que decidirse entre poner a la cúpula militar –y policial-, que estuvo hablando de posconflicto, a que diga que no se había acabado el conflicto. O que renació el viejo, o que ahora hay uno nuevo.

Como parte de ese corte de cuentas, los colombianos merecen, necesitan saber quiénes conforman las disidencias de las Farc y la relación con los mandos que se han desmovilizado. Es importante determinar quiénes comandaban esos grupos y por qué no se acogieron al acuerdo. Muy convenientemente,  -¡demasiado!- a diez días de terminar el gobierno, la policía informó que el 80% de guerrilleros de las Farc habían salido de los espacios territoriales. Son tantas las preguntas que surgen al respecto que no caben en esta columna, pero, ¿dónde están, ya son disidencias? ¿Qué pasó con el dinero que se les dio?

Colombia y la comunidad internacional merecen saber cuántos combatientes de las Farc siguen en pie de guerra y de dónde vienen sus armas. Este año ha aumentado en 20% el número de víctimas de minas antipersonales. Si los miles de armas –y las minas-, son nuevos, eso quiere decir que un ejército irregular se armó y se equipó mientras el anterior gobierno cuidaba el país y nadie se dio cuenta de nada. ¿Hubo ayuda de algún gobierno extranjero? Si no son nuevas, entonces las Farc, la ONU o el gobierno de Santos mintieron cuando se aseguró que se habían entregado y recogido todas. ¿Quién mintió?

Una cosa es gobernar con el espejo retrovisor y otra distinta mirar por el espejo para saber de dónde venimos. Después de tantos años de mentiras y manipulación, el país necesita saber la verdad de su pasado y su presente, y así diseñar una verdadera paz para el futuro.

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