Mientras la pandemia acorrala a cerca de tres mil millones de seres humanos en la tierra, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acolitado por el presidente de Colombia, Iván Duque, quiere confinar a los 31 millones de venezolanos para someterlos a la implacable epidemia, y a la más atroz e inhumana injusticia de ponerlos a aguantar hambre, reducirles cualquier posibilidad de que puedan controlar el coronavirus y al aislamiento total.
Todo, porque, según Trump, Nicolás Maduro, es el cabecilla de un cartel del narcotráfico que desde su país pone, a diario, en las calles de Nueva York y Washington cientos de toneladas de cocaína que envenenan la humanidad del ciudadano estadounidense. Ese es el argumento que esgrimió frente a la prensa; pero los analistas internacionales advierten que detrás de sus intenciones de mover al Atlántico portaaviones y un contingente de marines armados hasta los dientes, tiene una narrativa que va más allá de la guerra contra los narcotraficantes: el objetivo es invadir territorio venezolano y sacar del poder a la cúpula chavista.
Bueno, que el presidente Trump se permita esas locuras y excesos es explicable en un hombre cuya grandeza la mide por el tamaño de las torres que construye y, para hacerlas más notorias, las bautiza con su propio nombre; pero que Iván Duque, que salió del cubilete de su mentor, Álvaro Uribe Vélez, se dé estos lujos poniendo en riesgo, no solo la seguridad de su país sino la de sus ciudadanos, es de una frivolidad mayúscula.
Por la espectacularidad del operativo en marcha se dice en círculos de poder estadounidense que la acción montada por la Casa Blanca nada tiene que ver con la lucha contra el narcotráfico y es valorada como una estrategia eficaz de la oficina oval para desviar el foco de las críticas por el fatal manejo que Trump le ha dado a la crisis de la pandemia, que en menos de quince días convirtió a la gran potencia en epicentro de la epidemia.
Dado el culiprontismo de Duque, si llegase a ocurrir esta acción bélica, sin duda, pondría a Colombia en un escenario de confrontación delicado de insospechadas consecuencias. Por eso, parodiando lo dicho por el propio Duque, le sugiero que practique el “aislamiento inteligente” y no nos meta en esta vaca loca mientras el país apenas empieza a decantar la gravedad que nos revela la presencia del virus.
Dedique sus esfuerzos presidente a resolver la situación crítica en que se encuentran millones de hogares colombianos que hoy no tienen con qué comer; alivie los gastos que no dan espera como la energía, el agua, el gas y la conexión digital; congele los arriendos que no se pueden pagar, pues fueron cientos de miles los colombianos echados de sus trabajos y millones de contratistas OPS que se quedaron por fuera de una posibilidad de obtener ingresos. Eso es urgente.
Si no está enterado lo pongo al tanto, un grupo de líderes mundiales, por ejemplo, reclaman de los gobernantes del mundo que administran la pandemia unidad en el tratamiento de la crisis y proponen de inmediato hacer inversiones que impacten, de entrada, la salud pública, hoy en evidente debilitamiento.
“Todos los sistemas de salud —incluso los más avanzados y mejor financiados— están tambaleándose bajo la presión del virus. Ahora bien, si no hacemos nada mientras la enfermedad se propaga por ciudades pobres de África, Asía y Latinoamérica y en comunidades frágiles con muy pocos equipos para realizar pruebas, respiradores y suministros médicos, y en los que el distanciamiento social e incluso el lavado de manos son difíciles de garantizar, el coronavirus persistirá en esas zonas y reaparecerá para atacar el resto del mundo con nuevos brotes que prolongarán la crisis”, dicen en la carta que expresidentes, científicos e investigadores sociales le envían al G-20 (Grupo de los 20 países con economías más fuertes).
Esa es la lógica presidente Duque, además de recoger la propuesta económica que lanzan para que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial asuman esta crisis con mayor generosidad. “La emergencia económica no podrá resolverse hasta que se haya resuelto la emergencia sanitaria”, dice el documento que usted presidente Duque debe asumir con responsabilidad y evite esos vientos guerreristas que le llegan desde la Casa Blanca.
