OPINIÓN

Julio Londoño*

Dos personajes en dos momentos diferentes

Las medidas de Trump con respecto a Maduro, incluyendo los recientes movimientos militares, hacen recordar el caso del dictador Noriega en 1989
2 de abril de 2020 a las 5:49 p. m.

Mucho se ha comentado sobre la reciente propuesta de los Estados Unidos para solucionar la crisis venezolana, que fue rechazada por el gobierno de Maduro. Se formuló, después de que el jefe del Departamento de Justicia, William Barr, junto a fiscales de Florida y Nueva York, presentaron contra Maduro y sus colaboradores inmediatos, cargos por narcotráfico y colaboración con los grupos armados colombianos que operan en su territorio. 

 Al mismo tiempo ofrecieron una recompensa de 15 millones de dólares por su captura. Todo en momentos en que el coronavirus se cierne como una de las grandes amenazas para la humanidad y cuyos resultados hasta este momento son impredecibles.

Independientemente de que los cargos que se imputan a Maduro son ciertos, el interrogante es si la mayoría de los venezolanos vería con satisfacción que, aquél fuera conducido esposado y escoltado por agentes norteamericanos en un avión de la DEA, desde el aeropuerto de “La Carlota” hasta Miami o New York. En forma similar a la de Carlos Lehder o la de Ricardo Palmeras.

La contraprestación que ofrece el Departamento de Estado es el levantamiento de sanciones cuando el precio del barril de petróleo se acerca a los 20 dólares.

Algunos han hablado sobre las similitudes entre el caso de Maduro y el del general Noriega en Panamá, antes de la invasión de los Estados Unidos en 1989 en la operación “Justa Causa”.

Noriega fue acusado como Maduro, entre otras cosas, de vínculos con el narcotráfico. Los Estados Unidos estaban informados de que, en la provincia panameña de Darién, en las cercanías de la frontera con Colombia, existían cultivos de coca y laboratorios de procesamiento del cartel de Medellín y que Noriega facilitaba el tráfico de cocaína vía Centroamérica.

Las autoridades norteamericanas saben también de tiempo atrás que miembros de las FARC y del ELN, se encuentran en territorio venezolano, en donde reciben protección del gobierno. Igualmente mucho antes de 1989 conocían muy bien, que capos del narcotráfico, entre otros Pablo Escobar, residían tranquilamente en Panamá en compañía de sus amantes.

Maduro y sus inmediatos colaboradores, cotidianamente advierten a los Estados Unidos sobre los efectos de una intervención militar y lanzan lemas patrióticos ante los víctores de los consabidos asistentes a los actos públicos. Noriega optó por atacar al gobierno norteamericano, blandiendo un machete y pregonando el lema “ni un paso atrás”, también ante sus partidarios que lo aplaudían frenéticamente.

En ambos casos mediaron sin resultado negociaciones previas para procurar una solución pacífica que comprendieron en uno, el retiro de Maduro y en el otro, el de Noriega. Colombia participó, con otros países, en ese proceso en Panamá. La alternativa era, como en Venezuela, el establecimiento de un gobierno provisional hasta la convocatoria a elecciones.

Aunque ahora se anuncia la aproximación de buques de guerra a las costas venezolanas y el despliegue de tropas hacia el Comando Sur de los Estados Unidos, con el propósito de impedir el ingreso de cocaína a territorio norteamericano, se trata de una evidente advertencia a Maduro y su séquito.    

Sin embargo, no debe olvidarse que una cosa es Panamá en 1989 y otra Venezuela en el 2020. Además, que de Panamá estamos separados por el Tapón del Darién y con Venezuela tenemos una dilatada frontera viva y dinámica.   

(*) Decano de la facultad de estudios internacionales, políticos y urbanos de la universidad del Rosario