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Opinión

  • | 1982/12/06 00:00

    EL BANCO NACIONAL DE FOMENTO

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La actual coyuntura por la que nacional, ha marcado la pauta para estudiar una reestructuración general del sistema. Aun cuando el crédito de fomento y sus actuales mecanismos, no han sido como tales, determinantes en la actual crisis, sí es conveniente evaluar, con ocasión de la crisis mencionada, la eficacia del actual sistema de créditos para el fomento de los distintos sectores de la economía nacional.
Dada la estructura actual del sector, los recursos de fomento que componen los distintos fondos financieros, han sido canalizados e intermediados, por los Bancos comerciales y otras instituciones del ramo, los cuales operan en el sistema mediante la figura del redescuento, y cuyo porcentaje, varía de acuerdo al tipo de crédito de que se trate.
Un artículo aparecido hace pocos días en la revista "Síntesis Económica" (N ° 333) hace un preocupante análisis respecto de uno de los más importantes fondos de fomento: El FFAP. En el mismo, se trata de buscar una razón lógica al impresionante "exceso" de recursos (superávit) que presenta dicho fondo.
Al respecto, evalúa la posibilidad de que el sector no pueda absorber la totalidad de los recursos disponibles, dado el gran volumen de los mismos.
Parece paradójico, que un país con la tradición agropecuaria que tiene, pero que actualmente atraviesa por una crítica recesión, en este sector específico, no absorba los recursos de que dispone, mientras por otro lado, el Estado se ve obligado a subsidiar el alto costo de las importaciones, de productos que hasta hace una década se producían en franca abundancia en nuestro país.
El artículo, evalúa otros fenómenos como son el de la desviación de dichos recursos de crédito hacia otras actividades, buscando el usuario obviarse los altos costos financieros de los créditos ordinarios, a lo que propone una solución a nuestros ojos, equivocada: elevar las tasas de interés a los créditos de fomento a niveles similares a los del crédito ordinario. Ello implicaría prácticamente eliminar él crédito de fomento.
De otra parte se evalúa la posibilidad de que el "exceso" de recursos, se debe al poco atractivo que tiene para los bancos comerciales, el otorgar este tipo de créditos por su "baja rentabilidad". Lo anterior confirma la necesidad de revisión a que debe ser sometido el crédito de fomento como institución de desarrollo y promoción de ciertas actividades vitales.
¿Será entonces, la oportunidad para que el Estado como tal, y en cabeza de una entidad propia e independiente, maneje en forma integral el crédito de fomento, a través de un Banco Nacional de Fomento, dejando para los bancos e instituciones financieras particulares el resto de las operaciones financieras, típicas de cada entidad. Obviamente ello conllevaría una revisión de las funciones cumplidas por entidades, como las corporaciones financiera y aún de entidades "especializadas" del sector público, para efecto de optimizarlas, complementarlas, reorientarlas o eliminarlas.
En consecuencia, el Estado, titular inobjetable del servicio público que representa el sector financiero como tal asumiría directamente el control del crédito de fomento, eliminando una etapa, que en algunas actividades económicas atenta contra la efectiva prestación de un servicio: la intermediación.
Algunas razones podrían sintetizar los beneficios de la creación de este Banco:
1. El Estado asumiría en forma directa el control y supervisión de los programas de desarrollo y fomento a distintos sectores de la economía obviando la figura de la intermediación
2. Planes indicativos para cada sector, permitirían encauzar esos recursos hacia actividades que decididamente convengan al país y probablemente eliminar el subsidio que se otorga a otras, que no lo son.
3. El Estado ha participado en el sector financiero, pero asumiendo carácter de competencia para la banca privada. El BNF permitiría que el Estado asuma en forma directa, parte fundamental del sector del crédito (fomento), dejando a la banca privada al frente de las operaciones típicamente bancarias (a corto plazo).
4. Se daría a la Banca comercial un lapso de espera, para demostrar su bondad y reacción frente a la actual crisis.
5. Varias fórmulas podrían solucionar un aparente incremento del aparato burocrático.
6. Los beneficios que conllevaría la creación del BNF en cuanto a factor de democratización del crédito (y obstáculo al fenómeno de concentración), serían invaluables. Los factores de desviación en el crédito de fomento, tendrían obviamente nuevos y serios obstáculos.
7. Colombia podría contar con una entidad de fomento estatal, absolutamente especializada, llenando el vacío que hasta el momento existe.
La Multibanca como figura consolidatoria de la concentración, sería eliminada.
Obviamente el cambio de sistema obligaría a revisar integralmente los mecanismos actuales de inversiones forzosas, de encajes, etc., para reestructurar la composición de los fondos financiercs y de los distintos recursos que los alimentan, al igual que el de la filosofía de las garantías, concepto que debería adecuarse al nuevo sistema.
Algunos enemigos de primera instancia puede tener este tipo de proyecto. Pero evaluando con objetividad los beneficios que ello traería, no sólo al desarrollo de ciertas actividades, a la revitalización de otras que están en vía de extinción, sino también en el aspecto social, de democratización del crédito políticamente, para el Estado, de poder participar activa y directamente en la función del crédito, y previendo finalmente la posibilidad de que en un futuro no lejano, tenga que asumir integralmente la función del crédito en general, la medida sería sana, conveniente y oportuna.
Rafael A. Núñez Amaya, Abogado especializado en derecho comercial.
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