OPINIÓN

Camilo Granada

El Congreso pasó el año raspando

El congreso logró pasar el año raspando. Nos quedó debiendo un mayor liderazgo e iniciativas para proponer las reformas necesarias para enfrentar la recesión y el desempleo que se nos vinieron encima.
24 de junio de 2020 a las 11:21 p. m.

La legislatura que acaba de terminar se desarrolló en circunstancias excepcionales debido a las restricciones impuestas por la covid-19. El balance muestra ganadores, perdedores, algunas cosas por reconocer y destacar, pero también desnudó las fallas del sistema.

 

El primer período de sesiones, de julio a diciembre del año pasado, estuvo marcado por la poca gobernabilidad lograda por el Gobierno nacional. Más allá del apoyo del Centro Democrático y del Partido Conservador, el ejecutivo no logró consolidar mayorías y coaliciones que le permitieran avanzar de manera eficaz en su agenda legislativa.

 

Por el contrario, así como las manifestaciones y protestas ciudadanas desestabilizaron al Gobierno en las calles, en el Congreso el control político liderado por la oposición lo mantuvo en jaque con cuestionamientos permanentes a la ministra del Interior de la época, Nancy Patricia Gutiérrez, quien fue remplazada en febrero de este año. Pero sin duda el momento más difícil fue la aprobación de la moción de censura al ministro de Defensa, Guillermo Botero, quien renunció antes de la votación final en el Senado para evitar la humillación de ser el primer ministro censurado en la historia.

 

Frente a la difícil coyuntura política, el presidente se lanzó activamente a la búsqueda de un acercamiento con Germán Vargas Lleras y su partido, Cambio Radical, así como con el Partido de la U. Al final, ambos recibieron ministerios. Esto le ayudó a salvar la reforma tributaria que remplazó la ley de financiamiento, declarada inconstitucional por la Corte, tal vez el único triunfo del Gobierno en materia legislativa el año pasado.

 

En el segundo período, la pandemia y el confinamiento cambiaron por completo el panorama. A lo cual también contribuyó la llegada de Alicia Arango como nueva ministra del Interior. El Congreso tuvo su primera patinada alrededor de la decisión de iniciar sesiones y de cómo hacerlo. Los debates sobre la legalidad de las sesiones virtuales recortaron de hecho en un mes, el período -de por si corto- de marzo a junio. Es lamentable que se haya perdido tanto tiempo justo en el momento en el que el presidente declaró la emergencia por la pandemia y empezó a legislar a través de decretos-ley. En ese lapso se perdió el balance de poderes y controles democráticos, fundamentales, más aún en tiempos de crisis y de poderes extraordinarios del ejecutivo.

 

Cuando finalmente acordaron sesionar virtualmente, su papel de control y veeduría sobre el ejecutivo y las medidas adoptadas para enfrentar la epidemia en el país fue tímido y superficial. A pesar de las largas horas de sesiones de control político y la comparecencia de ministros y directores de departamento, hubo poco debate, pocos cuestionamientos y pocas propuestas alternativas. Aún con el Congreso sesionando, el Gobierno pudo seguir actuando sin contrapesos reales. Es cierto que frente a la crisis se necesita unidad, pero eso no debería traducirse en unanimidad o pasividad. 

 

Sin embargo, no todo es malo. Los congresistas –confinados en sus casas—no tuvieron excusas para el ausentismo. Y si bien vimos a algunos trotando, haciendo siesta, o distraídos en otras actividades, el balance de participación y asistencia fue mucho mejor que lo que se percibe presencialmente. Otro elemento favorable por cuenta de la virtualidad, extendieron las sesiones a todos los días en lugar de los tres habituales. Eso redundó en que el Congreso aprobó veinticinco leyes nuevas o reformas. Algunas, como la oda al carriel, fueron superfluas. Otras, a mi modo de ver, como la cadena perpetua para asesinos y violadores de niños, francamente equivocadas y resultado más del populismo que de una política criminal efectiva para combatir tan horrendos crímenes. Hubo iniciativas bien logradas, como la adopción de los pliegos tipo, parte valiosa y útil de la consulta anticorrupción de 2018. En ese paquete incluyo la creación de la región metropolitana de la Sabana de Bogotá, la ley de plazos justos para el pago a los pequeños proveedores (aún más necesaria en la actual coyuntura económica) o la ley que reconoce como experiencia laboral efectiva las pasantías de los jóvenes. 

 

El Congreso logró pasar el año raspando. Nos quedó debiendo un mayor liderazgo e iniciativas para proponer las reformas necesarias para enfrentar la recesión y el desempleo que se nos vinieron encima, y frente a los cuales las medidas extraordinarias adoptadas por decreto ley son insuficientes. La única idea audaz, la de la renta básica por tres meses, no prosperó. De todo este período de sesiones, esperemos que el recurso a la tecnología no presencial se mantenga y que la legislatura que arranca el próximo 20 de julio sea más efectiva y sobre todo más fructífera a la hora de abordar los temas urgentes que quedaron pendientes.