Esta es la realidad del mundo, las mujeres han logrado remover los obstáculos que durante siglos y siglos los hombres hemos puesto para asegurar que no se nos disputen los privilegios en la sociedad. Uno tras otro, con tesón y sacrificio han logrado que los hombres las acepten en el ejercicio de la ciudadanía, en el mundo laboral, en el terreno científico, académico y empresarial. En todos y cada uno de esos escenarios han demostrado que su presencia no solo enriquece y mejora las actividades humanas, sino que amplía el horizonte con nuevas perspectivas y posibilidades, nuevas miradas que desde la perspectiva masculina nunca fueron parte de la realidad.
Pero existe un ámbito que aún se resiste a ceder porque representa la culminación de la lucha femenina y la claudicación del mundo que han construido los machos: el mundo del poder. Es cierto que mujeres brillantes y capaces han ocupado posiciones políticas, pero la organización del mundo político sigue en manos de los hombres y está diseñado para que así continúe.
La paradoja es que para culminar el desafío histórico que requiere conseguir la total igualdad de la mujer en la sociedad se requiere construir una coalición con los hombres que sean capaces de entender que este nuevo arreglo para la convivencia nos otorga la posibilidad de crear una mejor sociedad. Lo he escuchado de Cecilia López Montaño en varias ocasiones, lo que falta ahora es que haya hombres que estén a la altura de las mujeres.
Hay razones para ser optimistas, los niños están creciendo con una mentalidad distinta. Hace poco, en un documental de la televisión española, se hizo el ejercicio de separar a las niñas de los niños tal como sucedía antes de la constitución del 78. Se anunciaba que las niñas no podrían tomar determinadas clases con los hombres, que ellas irían a clases de cocina y modistería mientras los hombres iban a ciencia y electrónica, además los recreos se harían a horas distintas para que unos y otras no se mezclaran. La reacción no se hizo esperar, y lo maravilloso es que fueron los niños quienes más se ofendieron y defendieron el derecho de sus amigas a estar con ellos.
De esto es lo que se trata, de que los hombres entiendan esa igualdad. Y por eso la última cruzada en defensa del rol de predominio del hombre se encuentra en la lucha de los grupos más reaccionarios en contra de lo que llaman la ideología de género. En palabras de sus defensores, la ideología de género distorsiona los roles de hombres y mujeres. Lo que no dicen es que justamente la defensa de esos roles tradicionales implica conservar a la mujer en condición de sumisión y de inferioridad. Por supuesto, no lo van a hacer explícito, pero en el día de la mujer es importante empezar a correr el velo con el que se ocultan los enemigos de la igualdad de género y empezar a desenmascarar las verdaderas intenciones de quienes se ocultan en los ataques a la supuesta ideología de género.
Los que defienden el mundo actual con sus desigualdades pueden seguir pedaleando, pero nada impedirá que muy pronto las mujeres alcancen el pelotón y con seguridad lo terminen sobrepasando.
