OPINIÓN

Andrés Fandiño Bohórquez

El virus y la bomba social

Según los diferentes datos de la OIT, los jóvenes trabajadores del continente americano son los más afectados de este devastador impacto económico de la pandemia.
1 de junio de 2020 a las 11:17 p. m.

Como era de esperarse los efectos del Covid-19 en el mundo ya se empiezan a sentir, en especial en Latinoamérica, que se ha convertido en el epicentro de la pandemia. El más reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) concluyó que la pandemia del coronavirus dejará más de 29 millones de pobres en esta parte del continente, pero también con el agravante de provocar un masivo efecto desplazamientos internos en cada país. Las contracciones de las economías en un 5% y el aumento de 11 puntos en el desempleo, se convertirá para América Latina en la mayor crisis del último siglo.

Indudablemente el COVID-19 se convirtió en el enemigo principal de la estabilidad del empleo en cada rincón del mundo, pero en especial en Colombia. El último informe entregado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la semana pasada, nos mostró la cruda realidad del desempleo, 5,4 millones de puestos de trabajo se perdieron en el mes abril, todo por cuenta de la cuarentena. La tasa de desempleo se disparó al 19,8%, un incremento de 9,5 puntos frente al 2019, un golpe muy duro para nuestra economía y nuestro núcleo social que según Mauricio Santamaría, presidente de las ANIF, solo estas cifras se habían presentado en la crisis financiera de 1999 recordando que el país se demoró una década en recuperarse.

Además, que cinco millones y medio de personas estén sin empleo, es realmente la peor crisis social de nuestra historia reciente, en donde todavía derechos fundamentales como la igualdad, la salud, la educación y las prestaciones sociales dignas, están aún sin desarrollar a fondo en nuestro país. La pandemia del COVID-19 va teniendo sus efectos colaterales logrando crecer aún más las brechas de desigualdad, como también agudizando las problemáticas como el aumento del número de bandas dedicadas al microtráfico, delincuencia, vandalismo, y el populismo electoral que ya está a la vuelta de la esquina como el ingrediente más peligroso de la receta.

Uno de los sectores poblacionales más afectados en esta caída de la empleabilidad ha sido los jóvenes. Uno de cada seis está desempleado, y las diferentes horas laboradas por aquellos que han logrado sobrevivir a los despidos masivos se han reducido en un 23%, según el informe de la Organización Internacional del Trabajo.

Según los diferentes datos de la OIT, los jóvenes trabajadores del continente americano son los más afectados de este devastador impacto económico de la pandemia, y crece el temor de los analistas que opinan que muchos de ellos se conviertan en una generación perdida, debido a la constante exclusión de los mercados laborales, convirtiéndose así en uno de los principales retos de los diferentes gobiernos nacionales, regionales y locales en los próximos años.

En Colombia, de acuerdo con el informe realizado por el DANE, en los primeros tres meses del año la tasa de desempleo juvenil se ubicó en 20,5%, cifra a la que se le debe prestar toda la atención posible, ya que los egresados de este año tendrán enormes dificultades para su ubicación laboral. Solo en 2018 se graduaron 482.122 estudiantes universitarios, según los datos más recientes del Ministerio de Educación Nacional.

A ciencia cierta no podremos saber cuantos de ellos están sin empleo, pero lo que si debemos tener en cuenta es la necesidad que todos los gobiernos, en los diferentes rincones del país, deben incluir y modifiquen sus planes desarrollo para lograr mitigar esta problemática.

Tanto gobernadores y alcaldes, como el gobierno nacional, no pueden olvidar que muchos jóvenes son fuente esencial y de aporte en sus hogares, y que en estos momentos pasan dificultades muy duras, que han perdido toda fuente de ingreso; por eso hacia ellos debe dirigirse todo el accionar estatal para ayudarlos, sin importar su estrato, lo importante es darles una nueva oportunidad laboral, para también lograr que los indicies de pobreza no aumenten.

Esta semana inició otro ciclo de reapertura de nuevos sectores económicos que lógicamente debe servir para que las empresas se reactiven y eviten seguir con el despido de personal. Salieron algunos opositores a rechazar la idea, pero considero fue acertado que el gobierno iniciara con este nuevo protocolo, máxime que en 13 principales ciudades del país es donde se presentó el mayor deterioro laboral, alrededor de 3 millones de empleos se perdieron durante el mes de abril; y la situación en varios departamentos empieza  a ser precaria en materia de salud donde este factor debe seguir siendo la prioridad, de tal manera que el proceso de reapertura de las diferentes actividades deberá ir acompañado de todos los protocolos sanitarios para no multiplicar por 10 la cifra de nuevos contagiados.

Mientras que en cada rincón del mundo se viven situaciones de tensiones de todo tipo por las diferentes variables y frentes que deben atender los gobiernos, el país en esta coyuntura de empleabilidad tiene de nuevo la oportunidad de poner el tema como primordial. Antes del estallido del COVID-19 se había planteado la posibilidad de darle una nueva regularización al sistema laboral colombiano, donde se proyectaban nuevos puestos de trabajo, medidas fiscales para aliviar a las empresas y por supuesto a todos los ciudadanos.

Es la oportunidad para que las instituciones del Estado, junto con todos los mandatarios del país, se unan en una gran cruzada por el empleo, aparte inyecten y transmitan gran cantidad de optimismo a cada una de sus poblaciones. Se debe pasar de las palabras a los hechos. Prefiero ser optimista en medio de tanto pesimismo, donde hemos logrado en muchos aspectos de la historia ser un pueblo resiliente, pero individualista, aquí debo decir que no hemos sido capaces de unirnos ni en medio de esta pandemia, todo por culpa de los intereses mezquinos y políticos de algunos.

Por consiguiente, vale la pena recordarles a los señores mandatarios tanto regionales como locales que apenas inician con su gobernabilidad que los buenos indicadores de popularidad que gozan actualmente son prestados, el verdadero reto inicia esta semana. Ojalá no se desgasten y no terminen sacando excusas al final de sus mandatos con frases ya de por cierto bastante refritas manifestando o que fue culpa de la oposición, o que fue culpa del mandatario anterior.

 

Twitter: @AfandinoB

 

Pd: Hoy dedico esta parte final de mi columna al jefe Horacio Serpa Uribe.

Mi saludo fraterno y mi abrazo solidario desde esta tribuna para él, víctima este fin de semana de aquellos seres sin alma y sin escrúpulos que abundan en un sector político descompuesto y sin salvación.

Tomo una frase publicada por su hermana Carmen Alicia, atribuida falsamente a José Zorrilla: “Los muertos que voz matáis gozan de buena salud”. Tenemos Serpa para rato. Abrazos enormes para Doña Rosita, Sandra, Rosi y Horacio José.