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Opinión

  • | 2018/01/30 01:36

    Elecciones presidenciales

    Las campañas presidenciales de 2018 se explicarían por la polarización entre las fuerzas políticas de Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe. Los santistas impulsarían la diversidad de candidatos en primera vuelta que se unirían para ganar en segunda, mientras que los uribistas se organizarían para ganar en primera vuelta. Petro esperaría aprovechar el desorden para colarse en la segunda.

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Para las próximas elecciones presidenciales del 27 de mayo, habría más de diez candidatos y precandidatos, la mayoría por firmas, otros en coaliciones y muy pocos por un partido político determinado, prácticamente ninguno ha definido su fórmula vicepresidencial. Muchos esperan las elecciones de Congreso para definir alianzas, otros jugarán en primera vuelta, mientras que solo habrá dos consultas interpartidistas. Parece un panorama complejo y confuso.

Las encuestas muestran a Sergio Fajardo, Gustavo Petro y Germán Vargas, todos inscritos por firmas, como los más opcionados. En cambio, Humberto de la Calle del Partido Liberal e Iván Duque del Centro Democrático apenas despuntan. Entre las mujeres, Marta Lucia Ramírez, por firmas, se someterá a consulta interpartidista, mientras que Clara Lopéz de ASI, parecería esperar a las elecciones de Congreso. Rodrigo Londoño, de la Farc, estrena su derecho político, con pocos respaldos.

El candidato más joven, el senador Iván Duque; el de mayor edad, el jefe del equipo negociador Humberto de la Calle. La mayoría abogados, algunos economistas y un matemático. El promedio de edad, alrededor de 50 años.

Todo lo anterior parecería mostrar un difícil mapa político donde cualquier pronóstico sería aventurado e incierto. Sin embargo, presentaré un marco explicativo para entender la situación: El esquema Gobierno-oposición, la polarización política entre dos fuerzas, una la del presidente Juan Manuel Santos y la otra de Álvaro Uribe, quienes a la postre resultaron enemigos acérrimos, no solo por la ruptura en primer periodo de Santos, sino por las negociaciones con las Farc. Los dos ven la fortaleza política como un defensa a posibles ataques jurídicos y juicios políticos.

Así las cosas, se podría decir que la fuerza política de Álvaro Uribe apunta a ganar la primera vuelta por mayoría absoluta, como lo hizo el mismo Uribe en 2002 y 2006. Eso explicaría la consulta interpartidista para marzo, la alianza con Pastrana y el intento de llegar lo más fortalecido posible a esa primera vuelta.

Mientras que Santos estaría buscando la participación del mayor número de candidatos, incluso algunos que pudieran restar votos a Uribe, pues consideraría tener mayores posibilidades en segunda vuelta, como él mismo lo vivió en 2014.

Uno de los riesgos de Uribe sería la distorsión de la consulta por fuerzas ajenas, que derrotaran al candidato del Centro Democrático o que en primera vuelta Vargas Lleras y Pinzón sedujeran un sector de la derecha.

Del lado de Santos, el problema sería lograr el candidato de convergencia entre los liberales, los conservadores gobiernistas, Germán Vargas y el sector de izquierda blanda, representado por Fajardo y Clara López. Es cierto que entre ellos hay rivalidades y descalificaciones, pero la inminencia de la segunda vuelta obligaría la unión, así fuera con reservas.

La izquierda dura, representada por Petro, esperaría que las diferencias entre los candidatos polarizados del establecimiento, permitieran a esa tercera fuerza triunfar, como le ocurrió a él mismo para la Alcaldía de Bogotá. Sin embargo, es una apuesta arriesgada, porque las posibilidades de coaliciones y alianzas son altas, mientras que esa izquierda es poco elástica.

Por último, la Farc se mantendría sola, con el único propósito de contar y medir su fuerza electoral efectiva, que si fuera significativa, podría ser definitoria en segunda vuelta.

En síntesis, los uribistas y aliados tratarían de ganar en primera vuelta. Los santistas y la izquierda blanda en ganar en segunda vuelta. Y Petro, aprovechar el desorden y colarse en la segunda.

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