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Opinión

  • | 1984/10/08 00:00

    FANTASMA DE UN GOLPE

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Primero fueron unos rumores dispersos, confusos, poco documentados que la gente se intercambiaba en corrillos; y los periodistas, recurriendo al colegaje, intentaban con desespero confirmar, consultándose unos a otros telefónicamente. Pero el desconcierto se hizo mayúsculo cuando El Tiempo publicó, el domingo 2 de septiembre, un editorial bajo el título académico de "Los golpes milítares", en el cual se comentaba oficialmente una noticia que el día anterior había publicado a manera de rumor, en la seccion "Bogotá", página doce, esquineada y pequeña, en el sentido de que un periódico español había echado a rodar "la bola" de que en Colombia se habría producido un intento de golpe de Estado.
Sin embargo, El Tiempo no fue el único medio que optó por tomar a pecho una noticia que habla registrado por boca de otro.
La revista Cromos, que comenzó a circular a principios de la siguiente semana, se salió olímpicamente del compromiso periodístico publicando una reseña sobre la historia de los golpes militares en Colombia, desconcertando a los lectores que se preguntaban que diablos hacia una revista frívola emulando con los miembros de la Academia Colombiana de Historia. Idéntica actitud asumió el periodico El Pueblo, que tomando como pretexto las declaraciones del General Vega Uribe ante el Congreso, también optó por referirse oblicuamente a los rumores, viajando hasta el siglo XIX y retornando al XX, sin una sola mención directa sobre las razones de tan largo peregrinaje editorial por la historia de las interrupciones del régimen constitucional colombiano. Y eso fue todo lo que la prensa colombiana publicó sobre el supuesto golpe.
Por eso extraño bastante que, a mediados de la semana, los militares, que no hablan sino cuando toca, comenzaran a rectificar afanosamente el contenido de una noticia inexistente. "Los militares colombianos nunca hemos sido golpistas" afirmó el General Vega Uribe. "Nosotros los Generales, los tenientes y los sargentos somos lo suficientemente amigos y comprendemos que antes que los Intereses institucionales nuestros están los de todo el país" declaró el General Matamoros a su regreso de Baltimore. Con tales declaraciones se configuraba, entonces, uno de los episodios más raros de la historia del país. Pues si por un lado los militares impugnaban una acusación que por lo menos en el interior del país nadie había hecho oficialmente, por otro lado los medios escritos optaban por el recurso de editorializar en clave sobre un hecho que se habían negado a registrar.
Todo me recordó inevitablemente el caso del hombre que caminaba por la calle con unas cortinas robadas bajo el brazo, y cuando un policía se le acercó desprevenidamente a pedirle la hora, le respondió con nerviosismo: " Cuáles cortinas?". Pero aun faltaba un nuevo capítulo. El del extraño intercambio epistolar entre el Presidente y el ministro de Defensa, que con la disculpa, el primero de elogiar al segundo y el segundo de responder los elogios del primero, terminaron trenzados en el espinoso punto de la entrega de armas por parte de la guerrilla firmante de la tregua, inaugurando de esta manera una nueva forma de discutir los problemas de Estado a través de las notas sociales, o más bien, de escribir notas sociales para discutir los problemas de Estado.
Volviendo al ejemplo, me pregunto qué habría pasado si el policia le pregunta descaradamente al hombre de la historia a dónde lleva esas cortinas. Probablemente éste le hubiera respondido dándole la hora, con lo cual, como ahora, nos hubiéramos quedado sin saber si las cortinas fueron o no robadas. -
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