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Opinión

  • | 2018/01/18 06:28

    Candidaturas ambientalistas

    El próximo 23 de enero el Foro Nacional Ambiental realizará el primer debate con candidatos a la Presidencia para hablar de sostenibilidad. Un espacio para identificar principios, pero también la perspectiva estratégica de cada vertiente ideológica: hay una distancia larga entre lo deseable y lo posible, y el verde es de muchos colores.

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El próximo 23 de enero el Foro Nacional Ambiental realizará el primer debate con candidatos a la Presidencia para hablar de sostenibilidad. Ya no hay cupo (hablando de público), pero seguro transmisión en directo: participan los que son y las expectativas son grandes, pues habrá la oportunidad de expresar con mayor o menor contundencia las perspectivas realistas de sostenibilidad con las que se proyecta un gobierno de solo cuatro años. Un espacio para identificar principios, pero también la perspectiva estratégica de cada vertiente ideológica: hay una distancia larga entre lo deseable y lo posible, y el verde es de muchos colores.

El riesgo para todos es lograr un balance entre la pirotecnia y las generalidades: cómo hablar de temas tan complejos como las consultas populares, los conflictos del urbanismo, el crecimiento verde y la bioeconomía, el fracking o el cambio climático sin caer en los lugares comunes o el radicalismo ramplón. Cómo hablar como estadistas en términos ambientales, no como cazadores de votos.

Es previsible que la mayoría reconozca que no hay un conflicto ineludible entre conservación y desarrollo, para poder construir un discurso donde quepan soluciones a las contradicciones históricas o parciales que parecen demostrar lo contrario. Pero como ya no estamos en 1970, no se valdrá utilizar las definiciones de entonces de lo que debía ser lo uno o lo otro, pues ambas cosas han cambiado sustancialmente. La primera claridad de cada política ambiental por tanto deberá ser una interpretación precisa de la agenda global de los objetivos de desarrollo sostenible y la presentación explícita de una visión del bienestar en medio de la triada mercado-estado-comunidades. Aparecerá el rol que cada uno proponga para la sociedad civil, el sector empresarial o las instituciones públicas, ojalá con algo de ciencia, tecnología e innovación,  y mucho de educación.

Cómo fortalecer una institucionalidad eficiente y robusta para la sostenibilidad sería la siguiente consideración: aclarar el rol del ministerio como cabeza desfinanciada del Sina, cómo articular las CAR, Parques Nacionales, el Anla, el Ideam y los Institutos de Investigación para concentrar sus capacidades en la planeación intersectorial y la construcción de agendas regionales que expresen la política nacional pero no la despresen  como pollo flaco con el argumento de la autonomía, la diversidad o los ámbitos de competencia. Cómo abordar la fragmentación, algo que tiene mucho que ver con la financiación: pasar de la visión de gasto que aún persiste en Hacienda a una de inversión, el significado más profundo de la idea de sostenibilidad, inexorablemente ligada con manejo de regalías, política fiscal y gestión del conocimiento.

Más allá de la casuística y las preguntas trampa del amarillismo verde con la que tendrán que lidiar, los candidatos deberán abordar temas de fondo acerca del desarrollo rural “integral” y su relación con la inexistente política forestal y el problema de la propiedad de la tierra, por el uso de los miles de millones de pesos de las compensaciones ambientales, por la apertura “eco” turística en un país siempre listo a devastar sus maravillas, por la recuperación del sector pesquero artesanal que implica posturas específicas acerca de los hábitat anfibios del país y sus comunidades, por el futuro de la agroindustria y las economías colectivas campesinas, que caben en el territorio pero no en la mente de muchos.

Bienvenida la formalización del debate ambiental, en al año de la Ipbes 6 en Medellín.

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