OPINIÓN

José Manuel Acevedo

Piromanía pre-electoral

Algunos de los que propagan el grito de fraude solo quieren que el país arda el 27 de mayo a las 4:30 de la tarde. El libreto ya es conocido y es muy peligroso.
20 de mayo de 2018 a las 10:48 a. m.

Tal vez desde 1970 no había existido en Colombia tanto ruido alrededor de un posible fraude electoral como el que ahora aturde a los ciudadanos en las plazas públicas y a los más jóvenes en las redes sociales. Detrás de aquella histeria se encuentra un grupo de políticos irresponsables –de esos que temen no ganar por las buenas– que se han empeñado en buscar en la amenaza de trampa la manera de reencaucharse desde el domingo mismo de las elecciones si llegasen a perder, haciendo gala de una muy reprochable estrategia.

Los partidarios de estas tesis están convocando subliminalmente a desconocer el dictamen de la Registraduría si éste no saliera como esperan y para ello ya han cumplido con varias fases de su plan: la primera, consistió en cuestionar la legitimidad e imparcialidad de los organismos electorales. La segunda fase permitió ambientar en sus discursos públicos la idea del fraude. La tercera los llevó a crear hábilmente ‘enemigos internos’ para hacer parecer que estos últimos buscan mantener el statu quo en la sociedad y que para lograrlo alterarán los resultados del próximo 27 de mayo si hiciera falta.

Mediante la combinación de la agitación tradicional de las masas y el envío de mensajes a través de las redes, las anteriores tareas quedaron cumplidas a satisfacción y sólo resta esperar el domingo crucial para activar la última fase y la más riesgosa para el orden constitucional que es la de llevar a la gente a la calle.

Si los votos son suficientes no hará falta llegar a esos extremos pero si la diferencia entre el segundo y el tercero no es sustancial y si estos últimos quedan irremediablemente por fuera de la segunda vuelta presidencial entonces veremos a los líderes de este sector gritar que “no se dejarán robar la victoria popular que les pertenece por derecho propio”, y entonces se armará la de padre y señor mío y el país arderá.

La otra cara de esta historia es la de la verdad que los pirómanos pre-electorales desconocen adrede. Estas elecciones contarán con más de 3 mil observadores de la MOE esparcidos en 500 municipios. Tendrá la presencia de 78 observadores de la OEA y representantes del cuerpo diplomático, 3 mil funcionarios de la Procuraduría y cerca de 9 mil servidores públicos de la Fiscalía que supervisarán la actividad electoral. El software de preconteo, escrutinios y digitalización se ha venido probando con ingenieros de sistemas de las propias campañas, el Ministerio Público, la MOE y observadores de la Unión Europea y, en esta última semana, también con el apoyo de la OEA.

Nada de esto, por supuesto, satisface el estándar de garantías que piden los que en realidad no las quieren ni las necesitan pues su plan se apoya en el engaño masivo y la manipulación popular. Ningún resultado diferente a la victoria, por más transparente que sea el proceso, les servirá.

El libreto, entonces, ya es conocido. México lo vivió cuando Andrés Manuel López Obrador perdió ante Felipe Calderón y en Colombia, lamentablemente, se está calcando con exactitud.

Por eso los colombianos deberíamos exigirles a los candidatos que se comprometan a respetar los resultados, a efectuar las reclamaciones ante los organismos electorales y no en la plaza pública –como han sugerido algunos– y a reconocer gallardamente la derrota.

Sabemos cómo y en dónde comienzan los gritos artificiosos de fraude y también conocemos cómo y en dónde terminan. ¡Mucho cuidado colombianos que los pirómanos electorales están listos para actuar!

Twitter @JoseMAcevedo