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Opinión

  • | 1999/11/15 00:00

    LA CREDENCIAL DEL FISCAL

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Una publicación amiga, tentáculo del diario El Tiempo, donde además él colabora y publica
sus mensajes y réplicas, le hace un blando reportaje al fiscal general, doctor Gómez Méndez. Este preciso
número de la revista se coló por el resquicio de mi puerta, cuando había dejado de recibirla hace ya algunos
meses. Leí el reportaje, que está acompañado de unas mal editadas fotografías del prodigioso Zitzmann.
Ignoro qué ocurrió con ellas, pues en otras ocasiones he tenido oportunidad de deleitarme con la maravillosa
lente de este fotógrafo.
El Fiscal abunda en sus repetidas razones en contra del periodismo, acusándolo de parcialidad, que es lo
mismo de lo que el periodismo lo acusa a él. Aparte de la mala concepción jurídica que se puso en práctica en
Colombia, al inventarse una Fiscalía, que debe cumplir con una función acusatoria y casi apasionada del
ejercicio penal, y combinarla con las facultades propias de la serenidad de un juez.
El actual Fiscal está deslegitimado desde el origen mismo de su nombramiento. Pues no es aceptable que
quien viene a seguir removiendo los anaqueles de un proceso, como el 8.000, haya sido propuesto por el
mayor acusado (y absuelto políticamente) dentro del mismo, su amigo el presidente Ernesto Samper. Esto
no tiene realmente presentación y deja caer al piso la credibilidad de un prestigioso abogado, que
tampoco sabe nadie por qué, resultó tentado por el poder de látigo de una Fiscalía, la cual está al mando de un
escabroso cuerpo policial.
El ha venido a incoar el 8.000 azul, lo que está a la vista. Y no es que no pueda acusar a quienes son
miembros de uno o de otro partido político, pero es demasiado claro que el enclave samperista en la justicia,
que él conforma junto con el Procurador General, ha sido acucioso en reducir a prisión a unos cuantos
adversarios políticos de Samper y amigos del actual gobierno, antítesis del anterior.
La nominación, o propuesta en terna, no es la única incongruencia para las limpias facultades judiciales
que debe ejercer un fiscal de la Nación. Lo peor del caso es haber sido defensor de acusados de talla
ministerial en el mismo proceso. No es que no haya tenido razones para su defensa, ni que ésta no hubiera
sido particularmente exitosa, como lo fue, sino que ella le generaba una evidente incompatibilidad para liderar,
en lo subsiguiente, la causa acusatoria. Y aunque se diga que el proceso 8.000, bajo su dirección, ha seguido
adelante, se sospecha de cualquier giro sesgado que haya podido tener.
Escandaliza más, mucho más, que un funcionario de la rama judicial se muestre amigo de los implicados, así
éstos hayan sido absueltos, al punto de invitarlos a comilonas, al calor de las brasas de un asado, que la
opinión libre y quizás tendenciosa de comentaristas de prensa, a cuyo cargo no está, por cierto,
definición judicial alguna.
Esto y no mucho más es lo hay que decir de Gómez Méndez, amigo de medios escritos y electrónicos,
bienvenido en la casa, ahora bastante light, de El Tiempo, cuyos directores se retratan, al hombro desnudo,
y se autonombran entre los destacados del 99, en cualquiera de sus muchas publicaciones, tentáculo del
pulpo. (¿Aló, papá?).
Ernesto Samper la supo hacer admirablemente. Dejó viejos amigos y asesores en posiciones claves de la
justicia, cuando aún quedaban por investigar graves hechos de su gobierno; revocó licencias de televisión y
suplantó en las mismas; nombró candidato de su partido y facción, que por poco llega al poder, al decir de la
senadora Ingrid Betancourt, otra vez con raras financiaciones. Y caerá de improviso, ya lo estamos
esperando, en la casa madre periodística, en donde se anuncia con extensos reportajes reivindicativos, y
donde le prepara terreno moral su querido hermano, el admirado periodista y mi antiguo amigo, Daniel
Samper.
El Fiscal muere de la ira, mientras esfuerza una sonrisa, y su aura eléctrica vela las fotos de Zitzmann, en la
revista de la casa editorial, que, como digo, se coló de nuevo en mi puerta, en claro mensaje, para que volara
a devorarme la lectura de la pobre entrevista.
Lo que encuentro al final es una perla o una frase mal intencionada. Afirma el Fiscal: "Naturalmente hubo
decisiones mías que no le gustaron al presidente Samper (ejem, la tos es mía). Al presidente Samper no
le gustó que personas allegadas a él fueran procesadas por la Fiscalía, como sus dos ministros (ejem,
ejem). Debe haber casos así también en la administración Pastrana". ¡Háganme el favor!¡
Para desprevenidos, fue, pues, el fiscal Gómez Méndez quien encausó a los ministros de Samper! Esto ya
es el colmo del error, de la gaffe, de la perla periodística, o de la intención de confundir. Por el contrario, los
ministros de Samper fueron defendidos, entre otros, por Alfonso Gómez Méndez y Jaime Bernal Cuéllar,
actuales fiscal y procurador, de cuna samperista.
Y claro que "habrá casos así en la administración Pastrana". El ex ministro y jefe de Planeación Nacional,
Mauricio Cárdenas, ya está ad portas de las cárceles del policial Gómez Méndez. Danubio azul.
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