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Opinión

  • | 2019/10/14 10:14

    La democracia conocida llegó a su fin

    La situación que enfrentan los kurdos como pueblo brinda una ventana para entender los tiempos que corren y los cambios que han devenido para la política internacional.

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El gobierno de Donald Trump, haciendo gala de su visión “América Primero” ha considerado que no tiene sentido para los Estados Unidos participar en guerras a 7000 millas de su territorio. 

Ha abandonado la región y  a sus aliados enfatizando que allí quien quiera, puede hacer lo que quiera. 

¿Usará el mismo criterio para nuestra región? 

Estados Unidos establecía sus aliados, y estos se sentían seguros con un respaldo que significaba apoyo en armamento, alguna tecnología, dinero para sus ejércitos y condiciones económicas de alguna favorabilidad para los negocios de las elites. 

Si sus aliados imponían regímenes antidemocráticos y de terror, los dejaban pasar mientras no afectaran los intereses norteamericanos, era la lógica del imperio. 

La bandera de justificación utilizada para esa política fue la amenaza al modelo americano de democracia. 

Allí donde hubiera intereses para Estados Unidos, allí aparecía la democracia como divisa. 

Eso parece haber cambiado.

El sector que respalda a Trump ha advertido con mayor eficacia que las relaciones entre los estados y las sociedades ha cambiado y que la democracia tradicional llegó a su fin. 

No son suficientes las elecciones.

Los representantes en congresos, los funcionarios de las burocracias estatales han acumulado desconfianzas en  las sociedades y estas, no se sienten representadas por el modelo. 

Los ciudadanos, se advierten por fuera de  la definición de políticas públicas. La tecnocracia, los burócratas les fastidian, no interpretan sus intereses.

Las protestas en Ecuador, la crisis en Perú, lo que vive hoy Cataluña, los Chalecos amarillos en Francia, las mingas indígenas, las protestas estudiantiles en Colombia, las marchas antiinmigración en países de Europa, etc. muestran que una participación directa de los ciudadanos para la toma de decisiones seguirá siendo exigida con mayor intensidad. Esta exigencia plebiscitaria creciente para construir política pública por parte de las sociedades rompe con la democracia tal como la conocemos. 

Las actuales elecciones muestran que la representación política como modelo para el progreso de la humanidad, está en cuestión y se ha debilitado dando paso al populismo como nuevo fenómeno de expresión social y política.

¿Quién es mayor populista? 

¿Quién se proclama como la barrera para impedir el castrochavismo? o, ¿el liderazgo que afirma que su voz es la voz del pueblo?

Los procedimientos de la democracia están siendo reducidos hoy a ser intérpretes de la voz del pueblo o a imponer el miedo como divisa política. 

De continuar así, la democracia está acabada. Llegará a su fin. 

Debemos ser claros que la democracia no es alguien diciendo que aniquilar el comunismo, a los seguidores de Petro o a los integrantes de movimientos de izquierda es bueno para la salud de Colombia y mucho menos, la democracia es el liderazgo individual iluminado de algún líder. 

La democracia es un sistema en el que los procedimientos y las reglas son lo más importante. 

Trump, ha consolidado la muerte de la democracia tradicional con su decisión sobre el norte de Siria. 

Su decisión produce daños más allá de las terribles pérdidas en vidas humanas de ciudadanos en esta región del planeta. El Gobierno Trump ha cerrado la dinámica política y las certezas que iluminaron a los aliados durante la Segunda Guerra Mundial dejando al mundo en manos del populismo a secas.

Colombia y la región viviremos los efectos de esta decisión. Las formas como se está abordando la falta de legitimidad de nuestros procesos políticos en el marco de la democracia solo nos conducirán a más confrontación social y más violencia.

@alvarojimenezmi

ajimillan@gmail.com

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