Una de las condiciones que más influyen en el desarrollo y progreso sostenible de las sociedades es, indiscutiblemente, la inversión en educación. Este, de hecho, es uno de los determinantes de la competitividad de un país, en función de atraer inversiones en la economía real, las que a su vez abren mayores oportunidades para la población. Lo anterior, entendiendo la competitividad como “el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan la productividad de un país”, tal como lo define el Foro Económico Mundial (FEM).
Además de la educación, otros factores fundamentales en la competitividad de toda nación son: infraestructura física; mercado laboral; adopción de tecnologías de la información y comunicación; salud; estabilidad política; estabilidad macroeconómica; estado de derecho e instituciones incluyentes; capacidad de innovación; tamaño del mercado; y, muy especialmente, la cultura del trabajo y del esfuerzo.
De acuerdo con lo anterior es importante ver, aun a grandes rasgos, las condiciones y perspectivas que muestran en materia de inversión en educación los países de la Alianza del Pacífico (AP) –Chile, Colombia, México y Perú. Con base en un sondeo realizado por el diario La República sobre inversión en educación –como los porcentajes del producto interno bruto (PIB)– en 2018, Chile fue el país que invirtió más en educación con un 6,91% del PIB, mientras que México y Colombia invirtieron un 1,64% y 4,70% de sus PIB, respectivamente. Perú, por su parte, dedicó en este mismo año un 4,41% de su PIB a educación. De acuerdo con The Global Economy, esta cifra viene creciendo en Colombia desde un 4,44% que correspondía a esta inversión en el país en 1999.
Se reconoce el esfuerzo que hacen los países de la AP en la formación del recurso más importante que tiene toda sociedad: la educación. Sin embargo, las cifras están aún muy lejos de las correspondientes a países como Noruega, que es referente en los estándares de desarrollo humano mundial. Teniendo en cuenta cifras del Banco Mundial, en el 2016 los noruegos dedicaron el 8% de su PIB a inversión en educación, cifra que, incluso hace cuatro años, ya duplicaba lo que en 2018 invirtieron los países de la AP. La preparación del talento humano es la variable más estratégica en función de promover el crecimiento y el desarrollo económico y social de manera sostenible. Esta inversión tiende a generar, de manera creciente, notables efectos multiplicadores en beneficio de la sociedad.
Para el caso colombiano, se deben tener en cuenta dos desafíos. El primero de ellos es la cobertura, pues de acuerdo con el Consejo Privado de Competitividad (CPC), aún hay muchos aspectos por mejorar. En el país, solo 4,6 de cada 10 estudiantes que ingresan a primer grado, logran llegar hasta el grado undécimo. Así mismo, los estudiantes colombianos tienen tres años menos de escolaridad a los 15 años, si los comparamos con un estudiante promedio de la OCDE. El CPC asegura, de acuerdo con datos del Ministerio de Educación Nacional (2018), que la cobertura neta en preescolar en el país es de 54%, con un rezago de 31 puntos porcentuales frente a la OCDE.
El segundo desafío es la brecha regional. Tal como se afirma en el Índice Departamental de Competitividad (2019) realizado por la Universidad del Rosario y el Consejo Privado de Competitividad, Bogotá D.C., Antioquia y Santander se encuentran en las primeras posiciones, teniendo las mejores calificaciones en cobertura y calidad, con un puntaje de 8,45; 6,59; y 6,09 respectivamente. En estas clasificaciones se tienen en cuenta: cobertura bruta en formación universitaria, dominio de segundo idioma, puntaje en pruebas Saber Pro, graduados en posgrados, entre otros indicadores. Lo anterior, mientras los departamentos de Guaviare, Chocó y Vaupés se encuentran en último lugar con 1,12; 0,66; y 0,61 respectivamente.
