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Opinión

  • | 2019/05/22 20:24

    La estrategia de revivir a las FARC

    Con todo el teatro de la libertad y recaptura de Santrich, lo que está buscando el gobierno y un sector político del país es revivir a las FARC y crear fantasmas de inseguridad para levantar en las encuestas. Al asesinato de excombatientes, se le suma lo que los exmiembros de las FARC denominan inseguridad jurídica.

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Luego de dos semanas de fuerte movimiento en la política, quedan tres cosas claras. Por un lado, el exfiscal Néstor Humberto Martínez, no renunció por el comunicado de la JEP frente al caso Santrich, esa fue una disculpa para el público desprevenido. En la vida real hubo documentos y partes de video que no se quisieron entregar a la JEP, lo que se buscaba era que, mediante esa decisión, se desprestigiara la justicia transicional. En cambio, en las últimas horas se conoció por parte del Fiscal Ad hoc un informe donde se pide que se investigué a Martínez Neira por sus actuaciones frente al caso Odebrecht.

En segundo lugar, con todo el teatro de la libertad y recaptura de Santrich, lo que está buscando el gobierno y un sector político del país es revivir a las FARC y crear fantasmas de inseguridad para levantar en las encuestas.  Al asesinato de excombatientes, se le suma lo que los exmiembros de las FARC denominan inseguridad jurídica. La situación de Santrich provocará que varios mandos medios y de primer nivel reincidan, por ejemplo, de mantenerse esa situación, Iván Márquez difícilmente regresará al proceso de paz.

Ciertamente, el cálculo de este sector político es absurdo, se basa en varias premisas. La primera premisa es que para algunos colombianos es más criminal conspirar o intentar enviar droga a los Estado Unidos que secuestrar o asesinar. En la vida real, lo justo sería que Santrich se quedara en Colombia a colaborar con la verdad del conflicto y no irse a una cárcel en otro país, desde donde no ayudará con verdad y reparación. En segundo lugar, en términos políticos, un anciano invidente en Estados Unidos no es un gran logro para la justicia, pero sí un gran motor para el crecimiento de las disidencias. El tema de la reincidencia no es la cantidad de exmiembros de las FARC que nuevamente tomen las armas, el asunto central, es la cantidad de mandos que lo hagan. Hoy día, en el Putumayo, luego de la caída de Cadete, la disidencia no tiene comandantes de alto perfil y en varias zonas de sur oriente no han logrado crecer por la ausencia de mandos. De tal forma que la llegada de varios de ellos potenciaría estos grupos criminales. Por último, la situación de popularidad del gobierno Duque, que se encuentra en 30%, un nivel muy bajo en pleno arranque de gobierno, está llevando a que los sectores radicales del Centro Democrático tomen el control y liderazgo de la ofensiva política de dicho partido. Obviamente, torcerle el cuello al Estado de Derecho siempre ha sido su estrategia.

Al final, tal vez, el uribismo logre su objetivo de revivir a las FARC y con ello intentar implantar nuevamente una agenda de seguridad que tape su desastroso mandato. Sin embargo, deben entender que la Colombia de hoy no es la del 2002. Por ejemplo, luego del demencial ataque del ELN a la escuela General Santander, el gobierno tuvo la oportunidad para lanzar su agenda de seguridad y prometieron golpes inmediatos. Pero nada ha pasado, esto es producto de que las condiciones de la guerra han cambiado, ya no existen campamentos, no hay uniformes, ni distintivos, la lógica cambió, por ello estos grandes operativos donde morían decenas de guerrilleros son difícil de encontrar. Igualmente, si bien el gobierno lanzó una política de Defensa y Seguridad lo cierto es que sobre el terreno no hay nada nuevo, nada se ha montado y los resultados no se ven por ningún lado.

Pero, sobre todo, y como tercer elemento, si bien el país discute sobre la JEP, la paz y la guerra, lo que el uribismo no ha entendido es que Colombia se acostumbró a la paz y ningún sector, ni los pro-paz, ni los que están en contra del Acuerdo quieren regresar al pasado. Así las cosas, o Duque se radicaliza y se deja llevar de los populistas extremistas de su partido o toma la decisión de correrse al centro. Lo cierto es que en ninguno de los dos escenarios la tendrá fácil. En todo caso el peor escenario es quedarse en el medio de esas dos opciones.

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