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La importancia de escoger y gobernar bien

El sentido común nos ha enseñado que todo gobernante elegido por voto popular debe rodearse de colaboradores que, en los temas particulares que manejan, sepan más que el gobernante elegido. La sabiduría del mismo radica en conformar un gabinete que en la diferencia sea eficaz, tal como cuando los buenos directores técnicos de fútbol conforman un equipo que sabe defenderse, hacer goles y jugar colectivamente.

25 de abril de 2024

Algunos gobernantes que son elegidos por voto popular y logran, el día de su elección, una votación por encima del 50 % o 60 % del total de votos depositados, generalmente cometen el error político de dejarse atrapar por las vanidades y los egos que produce tal triunfo electoral. Se olvidan del detalle de que lo fundamental en todo gobierno, sea de derecha, de centro o izquierda, no es el inicio, sino la terminación y, sobre todo, la percepción positiva que sobre dicho gobierno perdure en la gente con el correr del tiempo.

Esa es la experiencia en los diversos cargos públicos que he ocupado y, sobre todo, en los de elección popular, como cuando integré la Asamblea Nacional Constituyente en 1991, cuando ocupé el cargo de gobernador del Valle del Cauca de 2004 al 2007, y el de vicepresidente de la República, del 2010 al 2014.

Lograrlo presupone tener siempre total independencia frente a los diversos sectores políticos, gremiales y sociales que respalden a un candidato a un cargo de elección popular, incluyendo al propio partido o partidos que lo avalen, a sus familiares o círculo de amigos más cercanos.

En otras palabras, todo candidato o candidata a un cargo de elección popular, ante todo, debe tener nortes éticos como la cero tolerancia con la corrupción, el despilfarro, la violencia, las desigualdades sociales, los contaminadores del medio ambiente y saber decir ‘sí' cuando se puede cumplir y no cuando no se pueda cumplir. Debe, sobre todo, entender que el Estado, a nivel nacional, regional o municipal, no empieza ni termina con los gobernantes popularmente elegidos y menos tener la equivocada creencia del rey Luis XIV de Francia, quien decía” el Estado soy yo”.

Todo candidato o candidata a un cargo de elección popular, en su campaña política, no puede tener como propósito ”que para ganar vale todo”, como por ejemplo la compra de votos, recibir dineros de personas que luego no se declaran al Consejo Nacional Electoral o destinar miles de millones de pesos en gastos de publicidad, y menos comprometer su gobierno, una vez electo, a los intereses de sus copartidarios políticos, familiares, amigos personales o a personas que olvidan que los recursos públicos son sagrados y, por lo tanto, no pueden ser malgastados, ni apropiados indebidamente.

Todo candidato o candidata, sea de derecha, de centro o de izquierda, debe tener también como norte ético decir siempre la verdad y defender el derecho de las personas a pensar y expresarse de manera diferente. Por ejemplo, de cara a las elecciones presidenciales de mayo de 2026, sería muy importante para la democracia colombiana que surgieran candidatos o candidatas que manifestaran públicamente que en la vida no todo vale y que a veces es mejor renunciar o perder antes de prometerle a la población lo que luego no le pueda cumplir.

En el caso particular de Colombia, donde lo predominante ha sido la existencia de un centralismo burocrático y no de una descentralización democrática, eficaz y solidaria, mi recomendación muy personal es que el presidente de la República procure siempre gobernar en coordinación con los gobernadores departamentales, alcaldes municipales y la población urbana y rural de esas regiones.

El sentido común nos ha enseñado que todo gobernante elegido por voto popular debe rodearse de colaboradores que, en los temas particulares que manejan, sepan más que el gobernante elegido. La sabiduría del mismo radica en conformar un gabinete que en la diferencia sea eficaz, tal como cuando los buenos directores técnicos de fútbol conforman un equipo que sabe defenderse, hacer goles y jugar colectivamente.

Los gobernantes no están para rodearse de corifeos, de incondicionales o volverse prisioneros de los llamados “escuderos”, que a veces no se defienden ni ellos mismos. Los gobernantes son elegidos popularmente para gobernar bien, en favor de la gente y de las regiones. Por lo tanto, deben tener plena conciencia de que el cargo que ocupan temporalmente, por voluntad popular, les exige un comportamiento transparente, austero, no ostentoso y de mucha sencillez al momento de dialogar con la gente, así piensen de manera diferente. Pero, sobre todo, no olvidarse de que todos los servidores públicos, incluyendo los de elección popular, siempre deben enseñar con su ejemplo de vida.

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