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Opinión

  • | 2019/06/05 13:16

    La otra agenda

    Desde el inicio de esta administración, la agenda de gobierno fue secuestrada por los debates alrededor de la paz. Las ambiciones y los proyectos en otros frentes quedaron relegados, congelados u olvidados. Es el momento para retomarlos.

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Por cuenta del radicalismo y espíritu de revancha de los más recalcitrantes activistas y líderes del Centro Democrático, los planes de transformaciones y progreso del presidente Duque quedó  engavetada. Una de las consecuencias claras de lo anterior es la pobreza de la agenda legislativa en este primer año de gobierno.

 Normalmente, y es tradición en Colombia, la primera legislatura es la más productiva en reformas lideradas por el ejecutivo. Ese es el año en el que la famosa expresión “escoba nueva barre bien” se aplica plenamente. Los congresistas son en general más abiertos a escuchar y apoyar las iniciativas del nuevo gobierno que entra con la fuerza del mandato democrático obtenido en las urnas y sin el desgaste de capotear las crisis y administrar la rutina. A esto se suma la llamada luna de miel con la opinión pública que le da margen al gobierno para actuar y “girar” contra esa chequera de popularidad.

 Este no ha sido el caso. El gobierno desperdició oportunidades de consenso con la consulta anticorrupción, lo cual además de tener amplio apoyo ciudadano, le habría generado unos espacios importantes de gobernabilidad en el legislativo. El gobierno logró una victoria pírrica con la ley de financiamiento, alcanzó a hacer aprobar a pupitrazos un Plan de Desarrollo lleno de micos que serán muy seguramente rechazados por la Corte Constitucional y está bregando a sacar adelante el proyecto de modernización del sector de las telecomunicaciones (el cual tuvo que retirar ya una vez en diciembre pasado). No es mucho más lo que se obtuvo.

 Mientras tanto, la equidad, uno de los pilares del eslogan de gobierno no da muestras de avanzar. A pesar de andar peleando con los resultados de las encuestas del Dane de años anteriores, la verdad es que la pobreza ha aumentado. Pasamos de 12.8 a 13 millones de colombianos pobres. Y la pobreza multidimensional que toma en cuenta las carencias no monetarias aumentó 1.8%. Mas desalentador todavía, la desiguadad que venía reduciéndose, volvió a aumentar.

 No se ve una propuesta clara y concreta por parte de los voceros encargados de los temas sociales para retomar la senda de la reducción de la pobreza, el acceso a agua potable, a vivienda o para mejorar la educación. A destacar, si, en materia de salud, la importante tarea del ministro para garantizar la estabilidad financiera del sistema, y por lo tanto asegurar la continuidad de la prestación del servicio.

 En el frente económico, la actividad productiva no despega y sectores como la construcción de vivienda están atravesando un severo bajonazo, sin mencionar la recurrente crisis de los cafeteros. El desempleo es tal vez el indicador más preocupante en este frente. Las más recientes cifras muestran que en abril el desempleo subió casi 1% y la tasa de ocupación cayó casi 3 puntos (de 58,5% a 55,8%) comparados con abril de 2018.  Todo esto a pesar de que la tasa de participación (o sea el porcentaje de los que trabajan o están buscando trabajo) disminuyó, reduciendo así la presión sobre el mercado laboral. 

Es particularmente preocupante el incremento del desempleo entre los más jóvenes. Frente a este deterioro, el gobierno no ha propuesto ninguna iniciativa contundente. Lo único que está en la agenda es la propuesta del centro democrático de crear una nueva prima para los trabajadores formales, la cual –de ser aprobada—se convertirá en un incentivo perverso y reducirá la formalización del empleo que por fin venía avanzando en el país.

 El balance es igualmente poco alentador en los demás frentes productivos, como el sector agrícola, el exportador, e incluso el minero energético.

 El presidente Duque tiene todavía por delante tres años efectivos de gobierno. Durante este primer año se concentró en las prioridades de su partido y de la política. Esas no son las de los ciudadanos de a pie. Es el momento de desempolvar la otra agenda, la de su campaña y la de su discurso de posesión. Esa agenda que le llega al corazón de los problemas que enfrenta a diario la inmensa mayoría de los colombianos. En ella podrá encontrar el respaldo popular y la gobernabilidad que le han sido esquivos. El presidente tiene el talante y la visión para ello. Pero tiene que enfocarse en ella y dejar de lado la agenda impuesta por los extremistas de su partido.

 

 

 

 

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