La vida es un relato. Yuval Noah Harari dice que no. Las sociedades se debaten entre el esquema democrático del fin de la historia de que hablaba Fukuyama o la lucha de pobres contra ricos del socialismo marxista. Dependiendo de cuál relato o narrativa escojamos, orientaremos o daremos sentido a nuestras vidas. ¿Estamos condenados a la lucha de clases o a la incesante búsqueda de la libertad y el progreso?
Para Harari, el Estado, el dinero y otras instituciones son ficciones que aceptamos y vivimos conforme a ellas. El nacionalismo es un relato lineal que construye héroes, el comunismo también y desemboca en utopías, en ambos casos el individuo es parte del conjunto, con lo cual obtiene sentido para su vida particular.
Todos los relatos son incompletos pero cumplen con dos condiciones: primera, le dan al individuo un papel que desempeñar; y segunda, se extienden más allá de los horizontes personales, en busca de la transcendencia. Son exitosos en cuanto el futuro es abierto, no tienen destinos puntuales sino estadios superiores. En fin, para este autor, todas las narrativas que dan sentido e identidad son ficticias, pero los humanos las necesitamos.
Según parece, el universo no tiene un sentido conocido, no tiene propósito. Para la ideología liberal, es el individuo quien le da sentido al mundo y al universo, es el humano quien, a través del reconocimiento, pretende dejar huella y vencer el olvido. La pregunta no es ¿cuál es el sentido de la vida? Sino ¿qué sentido le doy a mi vida?
Así las cosas, resulta absurdo que durante siglos los seres humanos nos hayamos matado en guerras de distintos órdenes: étnicas, territoriales, religiosas, económicas, ideológicas, etc.
Podríamos decir que nuestro país sigue atrapado y se debate entre dos narrativas: una, que reivindica la rebelión contra las élites y accede al poder mediante acuerdos; y la otra, que pretende construir un régimen liberal y democrático dentro de una sociedad en transición hacia la modernidad y la globalización. La primera, divide y disuelve, fractura la sociedad; la segunda, intenta, se equivoca, sufre la corrupción, la ineficiencia y la inequidad. Son narraciones ajenas, tomadas de otras latitudes.
A lo anterior, se debe sumar la crisis actual ocasionada por la covid-19, que nos ha sumido, con muchas otras de las economías del orbe, en profunda recesión.
En consecuencia, en tales condiciones, conviene una nueva narrativa, una que nos permita curar y prevenir la enfermedad, salir de la crisis, reactivar la economía y generar empleo, así como tener un propósito futuro. No se trata de que un partido imponga su visión sobre los otros, como tampoco que los rebeldes reinsertados utilicen la crisis para minar el establecimiento. Se trata de encontrar fórmulas de reconciliación donde todos rememos en la misma dirección, pues navegamos en el mismo barco y necesitamos llegar a puerto seguro.
Tenemos, como nunca antes, la posibilidad de crear nuestro propio relato, para encontrar un lugar y una actividad en la aldea global, que nos permita vivir libres y prósperos: En síntesis, lograr un acuerdo sobre lo fundamental que supere las dos orillas.
