OPINIÓN

Ana María Ruiz

Las apuestas a segunda vuelta

Si la primera vuelta electoral supone acumular resistencia para una carrera de fondo, que se prolonga mínimo un año y en ocasiones hasta cuatro de preparación, la segunda vuelta es una carrera corta, cortísima, cuatro semanas mal contadas en las que cada palabra cuesta, todo minuto cuenta y cualquier voto suma.
28 de mayo de 2018 a las 9:25 a. m.

La historia muestra que el tiempo entre la primera y la segunda vuelta es muy peligroso porque es ahí donde se juegan todos los cartuchos y se reciben las adhesiones y las financiaciones sin asco. En otras ocasiones, en este tiempo entró la financiación de los Rodriguez Orejuela a Samper, Pastrana le llevó a regalar el reloj de campaña a Tirofijo como cuota inicial del Caguán, y entró la plata de Odebrecht, solo 3 ejemplos de cómo en estos días se le vende el alma al diablo. Sin agüeros.

Ahora viene lo más duro. Ambos candidatos tienen que romper el techo que les marca su alta imagen negativa y remontar su margen medido (39% Duque y 25% Petro) y para conseguirlo, ambos tienen que arañar en el centro. Lo que sucede es que ni Fajardo ni De la Calle van a decirles a sus votantes qué camino tomar; saben que su votación es de gente libre, que no obedece a maquinarias y que tiene su propio criterio para decidir qué quiere, qué le gusta y quién le representa. El único de los perdedores al que el verbo ‘endosar’ no le da pudor se llama Germán, y es obvio que, aunque en los debates discutían duramente por asuntos como a quién apoyan los herederos del asesino Kiko Gómez en La Guajira, Duque y Vargas Lleras mueven el mismo resorte electoral, y los votantes vargaslleristas verían como una verdadera afrenta que se les dijera algo diferente que alinearse con Duque. Algo se inventarán para negociar y anunciar la “alianza” que consolide a las fuerzas políticas de derecha, y con eso, el candidato uribista será el dueño indiscutible del 46% de los votos.

Por su parte Petro solo cuenta, asegurados, con los votos que obtuvo; pero estos, más el espectro de centro izquierda, suma 50,9 % del total de la votación, más que el uribismo. Lo que sucede es que Fajardo y De la Calle serían unos mentirosos, condición para el cinismo del que ambos carecen, si dijeran que sus votos les pertenecen y pueden, por tanto, endosarlos.

Estas elecciones de primera vuelta presidencial 2018 dejan varias noticias, algunas sorpresivas, pero en general altamente positivas para la democracia. Selecciono de manera rápida tres: la buena, la mala y la fea.

La buena es que el voto libre en Colombia existe y tiene opción de poder. Más de la mitad de los votos depositados (Petro, Fajardo y De la Calle) no son de maquinaria corrupta. Varios hechos lo confirman: el triunfo de Petro en la costa, que es histórico: de 6 departamentos 4 lo votaron más a él, un territorio en el que los votantes están acostumbrados, como ningún otro, a vender su voto; la derrota absoluta de las maquinarias en Bogotá, donde entre la votación de Fajardo, Petro y De la Calle suman más del 65%; la votación por De la Calle que recoge mera opinión pues el Partido Liberal no se la jugó por él. Esto demuestra que no es todopoderoso el reino de los corruptos que pagan por el voto y montan carruseles y fraudes para hacerse después al saqueo metódico de las entidades estatales a las que expolian. Es una gran noticia para la democracia que la gente que no paga por el voto, haya sacado tanta gente a las urnas.

La mala noticia es la consecuencia de que tantos votos sean libres, y es que no son endosables, por lo tanto el candidato Petro no puede contar con ellos de arranque. La mala noticia es la pugna de los negativos, que lleva a mucha gente de centro a pensar en el voto en blanco o en la abstención. Si Petro quiere esos votos del centro, los tiene que trabajar, tiene 3 semanas para generar confianza en los votantes de Fajardo y De la Calle, seguramente tendrá que bajarse de algunas de sus ideas que producen más desconfianza. Se me ocurre, por ejemplo, que si deja definitivamente de hablar de constituyente y asume puntos claves del programa anticorrupción del centro, puede avanzar ese sentido.

Y la noticia fea es que, por no pasar el umbral del 4% mínimo de votos depositados por él, el sistema electoral sanciona al señor Humberto de la Calle con un monto de dinero que es injusto que deba asumir él de manera personal. Este país no puede permitir que Humberto de la Calle, además de maltratado por su partido, sea castigado económicamente.