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Opinión

  • | 1995/03/20 00:00

    NO LE TEMO A ANTANAS MOCKUS

    ¿Es tan malo el silencio de Mockus? Puede que sì, pero tambièn, puede que no...

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NO. NO LE TEMO A ANTANAS Mockus. Por el contrario, a medida que pasan los días tengo más y más confianza en que terminará saliéndose con la suya, básicamente porque ha demostrado ser menos excéntrico y mucho más coherente de lo que muchos de los que le temíamos a su presencia en la Alcaldía imaginamos que sería durante sus primeras semanas a cargo de esta espantosa ciudad.
Muchos lo veían sentado detrás de un escritorio en la plaza de Bolívar, recibiendo hojas de vida de espontáneos para los principales cargos de la Alcaldía. En el mejor de los casos, también podíamos imaginarlo nombrando excéntricos amigos suyos en puestos claves, o castigando a los concejales calzones abajo en la primera sesión conjunta para llamarles la atención. O quizás manejando el tráfico con una espada rosada. O pidiéndole consejo a su madre para todo. O desafiando la autoridad del Presidente. O tomando decisiones locas, como expropiar empresas de buses, o invitar a almorzar a los raponeros de la ciudad para hacerles una terapia de grupo.
Nada de esto ha sucedido. Se ha preocupado por no saturar a los medios; no ha tenido salidas espectaculares; ha acatado la autoridad presidencial al punto de que el único que ha logrado sacarlo a pasear por la ciudad ha sido el propio Samper; asumió el riesgo de que lo chiflaran en la cumbre de alcaldes, comprometiéndose con una tesis responsable sobre el problema de las rentas departamentales. Casi que Mockus se ha comportado de una manera convencional, sin haber traicionado sus originales percepciones sobre el gobierno y la ciudad.
Ha sido cauto en sus nombramientos, confirmando a algunos funcionarios de su antecesor -lo que demuestra que carece de apetito burocrático y de compromisos políticos- y en otros casos, bastantes todavía, no ha nombrado, lo que no necesariamente es malo, como algunos pretenden que sea. Duramos mes y medio sin secretario de Gobierno y no pasó nada. ¿Por qué no podemos aguantar dos sin gerente de la Caja de Previsión, sin gerente de la Caja de Vivienda, sin gerente del Fondo de Ventas Populares, sin gerente del Fondo de Vigilancia y Seguridad, sin director del Catastro, sin director del Sise, sin secretario del Servicio Civil? Pura burocracia. Quizás de ellos el único urgente sea el nombramiento del secretario de Salud, sin que ello signifique la solución para la desatención hospitalaria y médica que padecen los bogotanos.
¿Y es que, acaso, a quién escogimos como alcalde? A un matemático y a un filósofo que se comporta exactamente como un matemático y como un filósofo. No ha dejado de ser el hombre cartesiano, racional y riguroso que enseñaba en la Universidad Nacional. No toma decisiones sin haber analizado todos los elementos de juicio, actitud más natural en un científico que en un alcalde -que con frecuencia debe tomar decisiones sobre la marcha, intuitivas e improvisadas-, pero apenas lógica para un científico-alcalde.
No tiene problemas graves inmediatos, porque Jaime Castro lo dejó lleno de plata, al punto de que una reciente misión del Banco Mundial quedó boquiabierta, también su antecesor le dejó planeadas obras viales que le darán a Mockus el oxígeno que necesita durante el primer semestre en la Alcaldía
Mockus, hasta el momento, ha asumido pocos riesgos, como no ser el de jugarse la credibilidad de la opinión dándose el lujo de gobernar con su nómina incompleta, o insistiendo en su terco silencio, que merece capítulo aparte.
¿Es del todo malo el silencio de Mockus? Puede que sí, pero también puede que no. Sí, si éste conduce a la ciudadanía a perder confianza en su Alcalde. No, si ese silencio se utiliza como una táctica rentable, lo que yo creo que es el caso de Mockus. Muy pocas veces en la historia un funcionario pùblico había sido sitiado con más insistencia por los medios, pendientes las 24 horas de lo que el Alcalde dirá o hará. El día, pues, en que Mockus resuelva decir o hacer, no habrá un solo medio de comunicación ausente del espectáculo. Si su propósito es crear una conciencia ciudadana, punto crucial en el lenguaje político moderno tanto en Europa como en Estados Unidos, si lo que busca es producir unas solidaridades entre los habitantes de esta ciudad de nadie, un propósito colectivo de salvación ciudadana, pues nada más rentable que el uso del silencio para que sea más espectacular y suene más duro el día en que lo rompa.
Yo apuesto, desde esta columna, que antes de dos meses el alcalde Antanas Mockus tendrá mucho que decir, que será espectacular y que sonará muy duro. Y con esta apuesta yo sí que estoy corriendo un riesgo, como de pirinola.
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