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Opinión

  • | 1982/10/11 00:00

    NUESTRO CARBON ¿ CONSERVACIONISMO O DESARROLLO ?

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El dilema tradicional frente a los recursos naturales consiste en definir si es más conveniente explotarlos en beneficio de la generación actual, o reservarlos para que contribuyan a la prosperidad de nuestros hijos y de nuestros nietos.
Este análisis se ha llevado hasta un nivel universal y ha sido de las bases que inspiran programas tan trascendentales como el del Club de Roma cuyo objetivo fue el de medir la disponibilidad de recursos naturales totales en las reservas conocidas en el Globo y establecer el plazo de agotamiento de cada una de ellas, si el proceso de desarrollo se mantenía dentro de las tendencias existentes. La conclusión del Club de Roma fue alarmante: existe un límite al crecimiento.
Paralela a esta versión apocalíptica y universal, se ha fortalecido en los países en proceso de desarrollo una escuela, que parte del concepto cierto de que los recursos disponibles en los países pobres son limitados. Recoge además la experiencia amarga de varios siglos de explotación colonialista por parte de las metrópolis de diversos pelambres. Y concluye que es preferible anotar políticas que eviten el saqueo de los recursos limitados por parte de los extranjeros, y que reserven esas riquezas para las futuras generaciones.
Frente a esa escuela "conservacionista" se presenta la tesis "desarrollista", que sostiene que el volumen de los recursos conocidos, es sólo una fracción de las reservas totales disponibles, las cuales serán explotables económicamente en la medida en que desarrollen nuevas tecnologías y se alcancen mayores precios.
Los defensores de esta escuela "desarrollista'' sostienen, además, que el agotamiento es responsabilidad de los países industrializados, pues son ellos quienes han abusado de los recursos disponibles para su beneficio exclusivo, y que es inequitativo para países pobres exigirles que renuncien a la solución de sus problemas urgentes de supervivencia, para asegurar la prolongación de la prosperidad de los países ricos.
Los "desarrollistas" argumentan, también, que las futuras generaciones de nuestros países pobres dispondrán del capital y la tecnología para controlar sus recursos, sólo en la medida en que la presente generación logre utilizar una parte de los recursos conocidos para fortalecer el desarrollo social y económico propio.
En la discusión de la estrategia más adecuada para manejar nuestro carbón, se enfrentan, consciente, o inconscientemente estas dos escuelas.
Los "conservacionistas" sostienen que los grandes días del carbón están por venir; que el esfuerzo de la presente generación debe concentrarse en la exploración y evaluación de las reservas, con el objeto de que nuestros hijos y nuestros nietos puedan negociar con los extranjeros sobre unas bases más firmes y con un conocimiento más profundo de las características del recurso.
Los "desarrollistas adoptan la posición opuesta. Según ellos es necesario proceder a entregar las concesiones a quien esté en condiciones de explorarlas y explotarlas con urgencia. Lo importante es lograr que esos empresarios (nacionales o extranjeros) paguen sus regalías y desarrollen el recurso para que así generen empleo y riqueza a corto plazo. Esta riqueza será la base para el despegue de la economía, la cual encontrará en el futuro los recursos necesarios para continuar su desarrollo.
Los extremos descritos pueden considerarse caricaturescos. Pero es claro que la mayoría de los colombianos interesados en el tema nos colocamos entre estos dos extremos.
La posición defendida en el Estudio Nacional de Energía patrocinado, en parte, por Carbocol y por el Ministerio de Minas se inclina hacia el extremo de los "conservacionistas". Parten ellos del análisis del grupo MIT, presentado en el libro: "Coal: Bridge to the future"; y en el documento complementario: "Future Coal Prospects", publicados ambos por Harper and Row en 1980. Y concluyen con la tesis de que es indispensable dedicar la mayor parte de las disponibilidades financieras de Carbocol, a la exploración detallada de la totalidad de nuestras reservas carboni feras, antes de comprometernos en cualquier nueva negociación con empresarios nacionales o extranjeros. Los defensores de esta tesis estiman que es necesario conocer el conjunto antes de definir las prioridades y las condiciones adecuadas de contratación con cada uno de los interesados.
Como se indicó arriba, la base teórica principal de esta posición es el estudio del llamado "Estudio Mundial del Carbón", patrocinado por el Massachusets Institute of Technology (MIT). En efecto, conforme a los documentos presentados en este estudio, el consumo de carbón será en el año 2000 entre 5.000 y 7.000 millones de toneladas, comparado con un consumo en 1977 de 2.500 millones de toneladas. Este inmenso crecimiento del consumo tiene su origen en la crisis de petróleo y en la necesidad de encontrar una fuente abundante y transitoria de energía que cree el "puente" entre la era del petróleo y el período en que se puedan utilizar comercialmente, en forma masiva, las nuevas fuentes limpias de energía (la solar, la eólica, la fisión, etc.). El estudio de MIT parte de la hipótesis de que puede presentarse un exceso crónico de demanda de carbón, hacia el final del siglo, y que los precios y el mercado serán excepcionalmente favorables para los proveedores con capacidad para suplir ese déficit de carbón. El estudio de MIT reconoce que hay abundantes recursos de carbón, tecnologias "limpias" para su explotación y su uso, y financiación para los proyectos necesarios para la explotación. Pero el mismo estudio encuentra que los plazos requeridos para el desarrollo de las minas es inadecuado.
El análisis implicito en la posición de nuestros técnicos parece ser el siguiente: el momento más adecuado para negociar la utilización de las reservas con los posibles consumídores de carbón, será cuando se presente la escasez. Por otro lado, nuestra capacidad negociadora será mejor, en la medida en que tengamos un inventario completo de nuestros recursos. Por consiguiente, utilicemos el tiempo y las disponibilidades financieras para prepararnos para esa gran negociación, Dediquémonos a la exploración.
Pero esta conclusión, aparentemente contundente, tiene graves limitaciones:
a) En primer lugar, el mismo estudio de MIT define el carbón como un recurso energético transitorio; como un "puente" entre dos períodos energéticos: el del petróleo y el de las nuevas fuentes limpias, abundantes y baratas de energía. El estudio expresa, además, su preocupación por los larguísimos plazos requeridos para desarrollar la infraestructura necesaria para la explotación, transporte, embarque y manejo; del carbón.
b) Pero el problema puede ser aún más profundo. El profesor Richard Newcomb, en su reseña de las investigaciones del grupo MIT, publicada en el "Journal of Economic Literature" de junio de 1981, formula varias criticas al estudio de las cuales sólo se mencionan aqúí las dos principales:
I) En primer lugar las proyecciones de demanda parten de hipótesis de desarrollo de la economía mundial, que no se han cumplido, y desconocen los efectos de los cambios en las relaciones de precios sobre la exploración petrolera y sobre la velocidad de desarrollo de nuevas fuentes de energía. Estas observaciones llevan a Newcomb a cuestionar los cálculos de demanda y los volúmenes de utilización de carbón en los próximos decenios.
II) Pero la preocupación principal del profesor Newcomb se refiere al volumen de la dema nda de exportaciones de carbón: conforme al mismo estudio de MIT en el año 2.000, de los 7.000 millónes de toneladas de carbón requeridas, 6.200 millones, o sea el 88%, se producirán en los países consumidores, y sólo el 12% entrará al comercio internacional .
En esas condiciones, cualquier reducción de la demanda prevista afectará primero a las exportaciones de carbón, puesto que es de suponer que los países preferirán sus propias fuentes de abastecimiento. Tal evolución afectaría gravemente el mercado y los precios internacionales de carbón.
Teniendo en cuenta este análisis, Newcomb concluye que los países exportadores deberían procurar atar el desarrollo de sus minas de carbón a contratos de abastecimiento de largo plazo.
Quizá vale la pena en este contexto estudiar fórmulas que permitan iniciar a corto plazo la explotación de nuestro carbón, de tal manera que podamos beneficiarnos de las ventajas "transitorias" del recurso, mientras diseñamos, simultáneamente una estrategia de exploración y desarrollo a largo plazo en las zonas cuyo potencial no se conoce aún suficientemente.
Por lo tanto, es indispensable redefinir la posición relativa del carbón, frente a otras fuentes de energía disponibles, escasas, costosas, o de lento desarrollo, como son el petróleo o la energía eléctrica, bien vale la pena examinar las condiciones que le permitirían al país sustituir los consumos de petróleo para uso industrial por carbón; o la complementación a escalas importantes de la generación hidroeléctrica, por termoeléctricas a base de carbón; o la eliminación del cocinol en las ciudades y de la leña en el campo, por briquetas de carbón.

Parece lógico examinar los recursos energéticos nacionales en conjunto, teniendo en cuenta la abundancia o escasez relativa de cada uno de ellos, y los efectos económicos y sociales previsibles, de su uso y explotación, para definir explícitamente la mezcla más adecuada para Colombia.

RESERVAS:
Premisa fundamental para definir un camino justo entre "conservacionistas" y "desarrollistas" es la definición, (así sea preliminar) de la magnitud de nuestras reservas.
La opinión pública ha sido desorientada, porque se ha dado la impresión de que la mayor parte de las reservas esté en la Costa Norte y, en particular, en El Cerrejón. La realidad es que, en esa región sólo se encuentra el 15% de nuestras reservas probables.
Este dato, permitirá, sin duda, formarse una idea del tiempo y los recursos necesarios para hacer un inventario completo de reservas. La sola exploración de la zona norte de El Cerrejón demoró cinco años y requirió ingentes recursos humanos, técnicos y económicos. No parece, pues, exagerado suponer que la exploración integral y previa propuesta tomaría al menos quince años y comprometería todos los recursos financieros del Fondo Nacional del Carbón .

EL MERCADO:
Los precios internacionales del carbón se habían venido incrementando gradual, pero persistentemente desde 1970. La crisis energética tuvo un efecto favorable sobre el mercado mundial del carbón y forzó la sustitución de petróleo y gas por carbón, en algunas empresas industriales y termoeléctricas. Al mismo tiempo, hizo que muchas antiguas minas volvieran a ser económicas y que recursos inexplotados se volvieran comerciales.
Pero, durante los últimos 18 meses, el mercado parece haber cambiado de rumbo a consecuencia del estancamiento de la economía mundial y de la acumulación de existencias de petróleo. Los precios han comenzado a declinar y las ventas se han hecho más pesadas.
El efecto de este receso del mercado sobre algunas entidades colombianas, responsables del carbón, ha sido paradójico: las actitudes "conservacionistas" se han reforzado, con el ánimo aparente de "proteger" los proyectos del Cerrejón Norte y Central. Como si fuera posible neutralizar la competencia internacional bloqueando la explotación nacional. Eso es tapar el sol con las manos.
La consecuencia lógica de esta evolución del mercado debe ser bien distinta. Como recomienda Newcomb en la reseña ya citada, es necesario vincular los nuevos desarrollos con los consumidores finales, a través de contratos de largo plazo. En efecto, en el proceso actual de la minería del carbón, los consumidores finales están procurando garantizar su futuro abastecimiento a través de inversiones y de contratos de abastecimiento de largo plazo. Quienes se abstengan de tomar posición en el mercado dentro de esta estrategia y aspiren a vender su carbon en el mer cado "spot", sin compromisos previos, estarán corriendo el riesgo de llegar a la fiesta cuando todos tengan pareja. El carbón es un producto básico sujeto a agudas fluctuaciones de precios.

LA MINERIA:
Otra de las paradojas del carbón es la economía de extracción. Normalmente se piensa que la minería de cielo abierto es más económica que la subterránea. Sin embargo, esto no es cierto sino en escalas muy grandes y cuando las condiciones topográficas son muy adecuadas.
Bien vale la pena señalar que actualmente la minería subterránea semimecanizada del interior del país es gran generadora de empleo y logra costos de extracción inferiores a los que se calculan para El Cerrejón Norte, debido a la magnitud de las inversiones que este gran proyecto deberá amortizar.

POLITICA CARBONIFERA:
Como conclusión del esquemático análisis presentado, es posible proponer una política carbonera más audaz, que permita respetar las necesidades de conservación del recurso, pero que no corra el riesgo de mantener el país al margen del desarrollo carbonero mundial durante el período "transitorio" de su revitalización en el panorama energético mundial: tal política incluiría los siguientes elementos:
a) Permitir que el capital privado nacional y extranjero asuma el riesgo de la exploración de algunas de las principales zonas carboneras, en forma similar a la exploración de petróleo.
b) Exigir compromisos contractuales muy severos a quienes se comprometan en la exploración, para que entreguen la información a Carbocol y se obliguen a iniciar la explotación en plazos rigurosos, cuando las minas sean comerciales.
Los contratistas comenzarían a pagar regalías a partir de esos plazos, aún en el caso de que no hubieran iniciado su producción. Los empresarios privados deberían resolver los problemas de transporte.
c) Dedicar parte de los recursos del Fondo Nacional del Carbón a la exploración y parte importante a la financiación de los pequeños mineros para evitar que continúen las pérdidas cuantiosas de reservas, a consecuencia de la mala explotación.
d) Fijar una meta de sustitución de otros energéticos en el consumo interno, de tal manera que el país pase antes de 1990 de los 4 a los 15 millones de toneladas de consumo interno.
e) Fijar un programa de contratación a largo plazo con consumidores finales, de tal manera que el país pueda explotar a partir de 1990 y por los veinte años siguientes setenta millones de toneladas anuales de carbón, lo cual representaría, en el período, la utilización de menos del 10% de las reservas probables actualmente conocidas en el país.
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