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Opinión

  • | 2019/05/18 15:53

    Orangutanes con sacoleva

    Uribe quiere acabar con la JEP porque le tiene miedo a la verdad. Y quiere acabar con la Corte Suprema para que no lo siga investigando

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#UnLíderEnMiLugar | Tremendo honor estar aquí compartiendo este espacio con Mayerly Angarita, una mujer cabeza de familia que ha luchado por su territorio, con una pasión por este país que no solo es admirable, sino heroica. Haga clic aquí para leer la columna: Alma, cuerpo y corazó.

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En Colombia se está cocinando un golpe de Estado que puede acabar con la autonomía judicial, con la independencia de los poderes y con la libertad de expresión. Y, claro, se está fraguando al estilo colombiano: con apego por la forma –para diferenciarnos de los chafarotes de Venezuela que son más brutales–, haciendo gala de aquella frase de Darío Echandía que comparó a la democracia colombiana con un orangután con sacoleva.

Pues bien, este orangután con sacoleva ha sacado sus garras y ha empezado a tumbar lo que encuentra a su paso. Pero, eso sí, cada vez que pisotea algo, tiene el cinismo de asegurar que lo hace invocando el Estado de derecho.

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Néstor Humberto Martínez es el prototipo del orangután con sacoleva: como fiscal general guardó la prueba del famoso video de Santrich en su escritorio, que misteriosamente se filtró a los medios tras su renuncia, con el propósito de deslegitimar el fallo de la JEP. El video en el que se le oye a Santrich haciendo cosas al menos sospechosas con razón indignó a la opinión pública, a la que poco le importó que fuera ilegal ni que NHM no se lo hubiera enviado a la JEP; Martínez Neira fue el mismo fiscal que se inventó el show de las objeciones contra la JEP para deslegitimar los fallos de la Corte Constitucional que ya las había revisado. También fue el mismo que patinó la táctica perversa de revocarles las visas a los magistrados para que modularan sus fallos a favor de sus designios. Y, sin embargo, ese fiscal, el mismo que tenía el agua al cuello por haber sido juez y parte en el escándalo de Odebrecht, renunció indignado apelando a su gran condición de demócrata.

Los demócratas así son en realidad oraguntanes con sacoleva.

El expresidente Álvaro Uribe no se quedó atrás. El también pateó toda la estantería para salir en defensa del Estado de derecho: tras la decisión de la JEP utilizó la renuncia del fiscal, quien la justificó aduciendo que había un estado de cosas “antijurídico” para proponer la conmoción interior.

Su propósito no es solo buscar derogar la JEP. Quiere hacer una constituyente dizque para salvar al país del karma derivado del acuerdo de paz de Santos, que, según Uribe, le entregó el país al narcotráfico. Es decir, ya no solo quieren volver trizas los acuerdos, ahora quieren acabar también con la institucionalidad. Su mayor anhelo es que Colombia tenga un congreso unicameral, como en Venezuela, y una sola corte, como en Venezuela. 

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Uribe sí que es un tremendo orangután con sacoleva. Lo que pretende es acabar con la JEP porque le teme a la verdad. Quiere acabar con la Corte Suprema de Justicia para que no lo siga investigando, y para ello anda en la tarea de señalarla de ser partícipe del cartel de la toga. Y en materia de entrega al narcotráfico…, pues mejor ni hablemos.

Uribe quiere acabar con la JEP porque le tiene miedo a la verdad. Y quiere acabar con la Corte Suprema para que no lo siga investigando

Lo que está perdiendo terreno en este país, en medio de esta arremetida, no es solo la paz, sino el Estado de derecho. Nos quieren incitar no a respetar los fallos, sino a levantarnos contra ellos y a que apelemos más a las sensaciones del odio que a la racionalidad. De esa forma, el Estado de derecho quedará reemplazado por el Estado de opinión y las cortes independientes por las condenas mediáticas. Esa es la democracia que nos quieren imponer los orangutanes con sacoleva.

El único escollo es que los años pasan: hoy Uribe no es el de antes. Su popularidad, según la última encuesta, entró en barrena, y a un expresidente tan impopular le va a quedar mucho más difícil devolver al país al reino del Estado de opinión. Lo cual, lejos de ser una buena noticia, puede ser un aliciente para que se eleve aún más el listón del conflicto. 

El presidente Duque estuvo a punto de decretar la conmoción interior esta semana, pero se contuvo para bien del país y de lo que queda de nuestro Estado de derecho. 

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Sin embargo, el país y la paz ya están heridos de muerte, presidente. Y ya nos estamos devolviendo hacia un futuro incierto y tenebroso.

Los excombatientes se sienten sin garantías, y hasta los militares que tanto ganaron en esta paz han terminado cooptados por esta nueva fuerza que pretende deslegitimar los acuerdos, como lo prueban varios asesinatos de excombatientes en las zonas que estaban bajo su protección. 

Los orangutanes con sacoleva están de vuelta, y nuestro Estado de derecho está al borde de irse al carajo.

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