No nos hagamos ilusiones, lo que viene con el presidente Gustavo Petro va a ser peor. En el tema de la salud mostró quién es y para dónde va con absoluta claridad, y por eso no se puede bajar la guardia; al contrario, debemos prepararnos para enfrentar una amenaza a la democracia como nunca la habíamos vivido.
Lo primero que debemos entender es que la intervención de Sánitas y la anunciada intervención de Sura no se dan por causalidad, es una retaliación por la decisión democrática del Senado de no aprobar su desastrosa reforma a la salud. El mensaje de Petro al Congreso y a la sociedad en general es contundente: yo hago lo que quiero a las buenas o a las malas.
La razón es una sola, el 2026. Petro, quien miente de manera descarada, ha demostrado que no se le puede creer, pero si miramos cada acción que hace, cada propuesta que tiene y cómo maneja las cosas, el panorama es claro, perpetuarse en el poder.
La reforma a la salud no tiene nada distinto a entregarle esa gran olla de recursos, con la inmensa posibilidad de corrupción, a alcaldes y gobernadores para que le deban ese favor y lo apoyen para seguir en el poder. Además, al apropiarse del manejo de 70 billones de pesos anuales, con el descaro con el que manejan los recursos, no hay límite a lo que puedan hacer. ¿Y la salud de los colombianos? No importa, miren lo que hizo Maduro con la de Venezuela o los Castro con la de Cuba para saber para dónde vamos.
El objetivo de la reforma nunca fue una mejor salud para los colombianos, ni más faltaba, es el poder para Petro. Y estos recursos son la caja menor para la campaña de 2026 o para la Constituyente que nos quiere imponer. En la cabeza del presidente, cada centavo de los colombianos debe servir a sus intereses y no a los de los ciudadanos.
Ojalá las EPS y los gremios estén preparados para afrontar lo que viene. Desde el principio se les advirtió que enfrentaban un enemigo distinto. Ahora solo esperamos que la Justicia frene estos abusos de poder que el monigote de ministro y su lacayo, el analfabeto superintendente de Salud, utilizan para acabar con el actual sistema de salud pasándose por la faja la ley. En manos del Consejo de Estado está la salud de por lo menos 15 millones de colombianos. Y cada muerto hay que cobrárselo a Petro, a Jaramillo y a Leal, como ellos lo hicieron con los falsos positivos. ¡Cada uno de ellos!
Lo mismo sucede con la ley de pensiones. Petro necesita esa plata para gastarla en su campaña o como dice el director de Colpensiones, Jaime Dussán, en las obras del Gobierno. Que los colombianos se queden sin pensiones no importa, necesitan esos 400 billones de pesos para consolidar el proyecto político que tienen en mente, que es autoritario y que finalmente forma parte de ese eje Cuba, Nicaragua y Venezuela.
No nos equivoquemos, Colombia es el premio mayor en esa batalla geoestratégica que se da en nuestra región. La activa presencia de Rusia y de Irán en Latinoamérica, que muchos no quieren ver, pero que es hoy una realidad, hace esta lucha por la libertad y la democracia aún más difícil. Además, el uso de redes sociales y de medios como RT o HispanTV y el trabajo de inteligencia y uso de redes criminales para subvertir la democracia ponen a Colombia en la mitad de esta nueva realidad geopolítica.
Pero volvamos al sancocho criollo, que ya es bastante complejo. Petro quiere acabar a la Federación de Cafeteros, pues necesita manejar esos recursos para que medio millón de familias cafeteras le deban su apoyo. En su cabeza no cabe la posibilidad de que una entidad privada, como las EPS o la Federación, maneje recursos públicos de manera eficaz y transparente. El modelo Petro es un millón de pesos para que dejen de asesinar, es decir, un subsidio que me deben a mí. ¿Para qué? Ya lo sabemos, Petro pos-2026.
Lo más grave del momento es que ante la pérdida de apoyo político en el país, que se va a profundizar, la radicalización lo lleve a cualquiera de estos dos escenarios. El primero, que cree tal caos con apoyo de su primera línea y de las organizaciones criminales y armadas, con las que hay una gran afinidad ideológica, que trate de hacer lo que Castillo hizo en Perú. El Congreso y la Justicia deben prepararse para un escenario tal y prever las medidas necesarias.
El segundo es que cree ese mismo caos y bloqueo de ciudades con los mismos aliados –como ya lo hicieron en 2021– y proponga una Constituyente para levantarlos y salir del “atolladero”. Con el control de las FF. MM. y de la Policía que hoy tiene Petro, este es un escenario mucho más probable. En este caso, la respuesta debe ser de los ciudadanos que se movilicen en defensa de las libertades y eviten una imposición de esa naturaleza.
Petro se quitó la careta. Ya sabemos para dónde va. En nuestras manos, como lo he dicho antes, está el poder de evitar que llegue a su destino autoritario.
