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Opinión

  • | 2018/01/23 09:58

    Los ires y venires

    Ha sido justamente esa incapacidad de los habitantes de esta tierra de conservar la memoria por más de dos semanas, la que nos ha tenido desde nuestros comienzos gobernados por los mismos.

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A los colombianos de mi generación nos ha tocado crecer oyendo siempre en la radio y en la televisión esa famosa y desgastada frase de “la política es dinámica”. Esta ha sido utilizada como una salida para ponerle humor y llevarle el paso a la forma en la que nuestros dirigentes parecen cambiar de opinión y de partido sin mostrar el más mínimo asomo de vergüenza.

Lo que en otros países es motivo de deshonra, y cuando raramente pasa se convierte en un escándalo nacional, aquí es asunto de todos los días y nos parece absolutamente normal. Ahora, hay que anotar que para el elector más informado y pendiente de las noticias, estar al tanto de esos frecuentes ires y venires de los políticos se convertiría en un trabajo de tiempo completo.

Así las cosas, para la inmensa mayoría es más fácil ignorar la situación, olvidarse del pasado y ver cada elección que llega como un borrón y cuenta nueva, independiente de todo tiempo anterior. Pero ha sido justamente esa incapacidad de los habitantes de esta tierra de conservar la memoria por más de dos semanas, la que nos ha tenido desde nuestros comienzos gobernados por los mismos.

No es sino que miremos sin mucho análisis y sin el mayor detenimiento el mapa electoral al que nos vemos hoy enfrentados. Apenas ayer se finalizaron los trámites de las alianzas y coaliciones que se medirán antes de la primera vuelta. Y es que al ver esos titulares anunciando los acuerdos programáticos, es inevitable devolver la película unos 25 años. Si uno se pone a hacer ese ejercicio, se queda perplejo al mirar cómo personas que se han dicho pestes las unas de las otras, que llegaron al poder criticándose entre sí y lanzándose acusaciones de todo tipo, puedan estar hoy abrazados y sonrientes pretendiendo que se nos olvide todo lo anterior.

Es insólito ver a Pastrana y a Uribe conformando una coalición para volver al poder, cuando hace apenas unos años aquel lo llamaba paramilitar. Pastrana llegó al poder criticando a Samper y más tarde empezó a alejarse de Juan Manuel Santos con el argumento de que no podía estar cerca de alguien que se aliara con su enemigo exmandatario. Cuando le preguntaban por el Partido Conservador decía que era el partido de la corrupción y sobre Uribe afirmaba que no podía estar cerca de alguien tan cuestionado y que tenía entre sus filas al primo de Pablo Escobar. Paradójicamente, hoy Pastrana no solo está aliado a Uribe y al primo de Escobar, sino que puso una candidata que empezó su carrera política trabajando nada más y nada menos que con Ernesto Samper.

Da risa ver a Ordóñez enfrentado a quienes fueran los invitados de honor del pomposo matrimonio de su hija, a Germán Vargas atacando al Gobierno del que fue ministro estrella y vicepresidente, a Clara López y a Petro de amigos otra vez, a Juan Carlos Pinzón criticando el proceso que él ayudó a construir como ministro de Defensa, o a Uribe tratando de acabar con el legado de un presidente que él mismo se encargó de poner.

Eso por no hablar de las más recientes intervenciones de César Gaviria en las que se va lanza en ristre contra el primer mandatario y le dice que su Gobierno no ha hecho sino repartir puestos y mermelada. No sabe uno si ponerse a llorar viendo esos alaridos, cuando todos sabemos que luego de volver al Partido Liberal una empresa de familia, Gaviria fue uno de los grandes beneficiados de la repartición de burocracia.

En fin, las líneas de una columna no alcanzan para nombrar las maromas políticas de varios de los candidatos. Pero el tema ni es nuevo ni es un secreto. El transfuguismo en la política y los repentinos saltos del odio al amor de nuestros dirigentes están ahí en nuestras narices.

El problema, colombianos, es que nosotros poco leemos, poco nos informamos y poco analizamos el panorama para exigirles coherencia a los políticos. Los invito a que en esta campaña estudien nuestra historia reciente, la hoja de vida y los programas de todos los candidatos, oigan los debates, las entrevistas, las propuestas, hagan preguntas, vayan a foros, pongan el tema en la mesa, en la familia, con sus amigos, y voten a conciencia y con la información clara en la cabeza. Alejemos las pasiones.

Porque a este paso que vamos, terminaremos acudiendo a las urnas en el 2022 para votar por la gran coalición de Uribe y Timochenko para bajar del poder al traidor ese de Ivan Duque...

En Twitter: @Federicogomezla

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