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Opinión

  • | 2017/12/19 23:18

    ¿Qué nos pasa?

    Colombia, el país del sagrado corazón. En esta comarca todo pasa y no pasa nada. Un narcoparamilitar es extraditado y, antes de irse, dice tantas cosas graves contra políticos importantes y es como si nada: la sociedad ni se inmuta. Un grupo de líderes sociales aparecen brindando una rueda de prensa para denunciar el sistemático asesinato de sus compañeros cubriendo sus rostros con una máscara para proteger sus vidas, y la sociedad tampoco se inmuta.

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¡Qué nos pasa! Un país serio estaría escandalizado y de inmediato reclamaría a los responsables de todos estos hechos. Pero nada, es como si estuviéramos anestesiados; como si esos asuntos nada tuvieran que ver con nuestra realidad. Y no es porque estemos en mitad de las fiestas navideñas, no. Siempre ha sido así, durante décadas, y no reaccionamos. A ver si esto que les voy a referir, los conmueve.

Los campesinos de la máscara. La gran tragedia es que detrás de cada una de esas máscaras hay un campesino que es familiar o amigo o compañero de lucha de los más de cien líderes sociales y defensores de derechos humanos asesinados en Colombia en 2017, la democracia más antigua de América Latina. Lo dramático de esta denuncia pública es tener que ocultar la propia identidad para evitar una muerte segura a manos del  nuevo paramilitarismo o de quienes se oponen a la restitución de tierras. Pero es más doloroso aún para estos campesinos sin rostro escuchar de boca del Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, decir que la “inmensa mayoría” de los asesinatos son producto de “peleas personales entre vecinos o líos de faldas” o por “rentas ilícitas”. “¡Por qué no te callas, ignorante!”, le dicen desde las redes sociales. Todo parece indicar que para el ministro, la vida es como un papel para fumar.

Las declaraciones de alias Don Mario. Antes de su extradición, abrió la boca durante 35 minutos en una entrevista en la W Radio para contar sus relaciones, como jefe paramilitar, con la clase política colombiana y los nexos que los soberbios clanes tenían con las Autodefensa Unidas de Colombia –AUC–. Sus pactos, sus aventuras y desventuras, sus negocios sucios; y la articulación que desde otros poderes económicos y sociales se ejerció sobre las AUC.

Carlos Castaño, en su libro Mi Confesión, dijo: “Nosotros obedecíamos a una junta directiva”. Hoy Don Mario, antes de ser enviado a Estados Unidos, lo corrobora: “Para eventos de organización había que pedirle permiso a ellos”… “¿A quiénes?” [ pregunta el periodista]… “(A) un grupo que conformaban los 12 apóstoles –Los Uribe, Carranza y empresarios de Medellín…”. Varios de estos empresarios ya dejaron este mundo: uno en confusos hechos y otros por muerte natural o situaciones accidentales. En la actualidad el hacendado Santiago Uribe Vélez, hermano del expresidente y senador, está preso respondiendo ante la Justicia por supuestos vínculos con los 12 apóstoles.

Pero lo más sorprendente es lo que dice Alias Don Mario del senador Uribe Vélez [expresidente], cuando el periodista de la W Radio lo increpa y le insiste que dé nombres de políticos directamente relacionados con las AUC, acepta el reto: “Álvaro Uribe, fue el político que más ayudó a las autodefensas”. Sin comentarios.

Sin embargo, las sorpresas continuaron y antes de llevarse su verdad a las mazmorras gringas, alias Don Mario contó otra perla que no puede pasar de agache. Habló de un contratista Andrés Rueda, del departamento de Casanare. “Trabajaba con Martín Llanos [paramilitar]. Él era el contratista de Vargas Lleras; que investigue la Fiscalía entre los años 2004 y 2005 [y averigüe] para quién trabajaba”, reveló y prosiguió: “Todos los gremios económicos, petroleros, contratistas, nos pagaban (…) hasta los narcos lo hacían”.

Alias Don Mario debe estar unos cinco o diez pisos bajo tierra sin poder ver las luz del día y allá, a esos profundos calabozos, fue a parar con su verdad, la que no dejaron que se contrastara e investigara en el país a través de la JEP. La perversa extradición se ha convertido en el mejor aliado del ¡tapen, tapen! También en la llave de la impunidad en Colombia para los delitos de lesa humanidad provenientes de terceros civiles o agentes del Estado no militares. ¡Qué desgracia!

@jairotevi   

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