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Opinión

  • | 2020/02/29 03:07

    Qué pena con el coronavirus

    El Gobierno de súbito pasó de rifar con desdén unos cupos de avión a convertir la repatriación en una gesta como el rescate de los mineros de Chile.

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*El audio de este artículo está hecho con inteligencia artificial.

Me volvió el alma al cuerpo cuando observé la pieza digital que Presidencia de la República colgó para lanzar la operación de rescate a los colombianos que viven en Wuhan. Qué video. Parecían preparando una invasión. Miembros de la FAC subían y bajaban cajas con afán por una rampa, y luego el mandatario felicitaba telefónicamente a la tripulación por su valentía, por ser héroes de la patria y estar dispuestos a rescatar a los 15 compatriotas que estaban encerrados en la triste metrópoli. Quince o 14, porque Néstor Julián Pérez, un muchacho de 20 años, agradeció el gesto, pero con gran sabiduría prefirió pasar: escogió quedarse en la China antes de terminar haciendo fila en la clínica de La Hortúa.

Al fin hay un estadista. Si se lanza a la presidencia, que cuente con mi voto. #NéstorJuliánPresidente. En Wuhan estalló el virus, es cierto; pero los médicos no lo combaten con citas a tres meses para recetar acetaminofén; los pacientes salen a la calle con el celular en la mano y nadie se los rapa. Y el Ministerio de Ciencia no está en cabeza de una ministra que ofrecerá combatirlo con batidos de borojó.

Mi temor de que el virus pisara tierra colombiana se remonta al momento en que Diego Cadena, el célebre abohámster, se presentó en el Juzgado con el certificado médico de que padecía de diarrea, y la diarrea es uno de los posibles síntomas del bacilo. Aquella vez suspendieron la diligencia, porque el abohámster temía resultar salpicado en el proceso. Y lo mismo en su indagatoria.

El Gobierno de súbito pasó de rifar con desdén unos cupos de avión a convertir la repatriación en una gesta como el rescate de los mineros de Chile.

Aquel resultó ser el Cadenavirus, pero el riesgo real de que la enfermedad se propague por Colombia llegó esta semana, con los colombianos que fueron rescatados. En una frase que parecía pronunciada por Petro, el coronel Rolando Aros, comandante de la misión, dijo que le estaban dando la vuelta al mundo por la izquierda, y advirtió que el vuelo de rescate duraría 52 horas: lo mismo que cualquier Bogotá-Bucaramanga por Avianca.

El avión entonces dio un giro en el globo terráqueo únicamente comparable con el viraje del Gobierno, porque de súbito pasó de rifar con desdén unos cupos en un avión, y repartir cuatro tapabocas, a convertir la repatriación en una gesta de rescate apenas comparable con los 33 mineros de Chile.

–Se le acabó la guachafita al coronavirus –soñaba con decir Duque en una enérgica alocución.

La misión rescató con éxito a los colombianos y desde entonces me pregunto si de verdad puede llegar el coronavirus a Colombia.

En ese caso, qué pena con el coronavirus. El país se encuentra en un estado crítico. Es imposible mirar un noticiero sin ponerse un tapabocas. La senadora María del Rosario Guerra utiliza como mula a un humilde rebuscador para atravesar a tuta un arroyo callejero: por poco pide pocillo de café, como su jefe, para demostrar su destreza de jinete. Hallan un laboratorio de coca en la finca del embajador de Colombia en Uruguay. Descubren que la Agencia Nacional de Seguridad entrega contratos a dedo a personajes dudosos y, más grave aún, que su director se llama Luis Felipe Lota: Pipelota para los amigos.

Y, por si faltaran noticias lamentables, informa SEMANA que Germán Vargas Lleras ingresa al Gobierno en calidad de copiloto.

Tan pronto como conocí la noticia, recordé las palabras que el Presidente Efímero le dijo a su exrival, y ahora nuevo socio, durante la campaña presidencial, cuando le gritó “Usted es el copiloto de un avión que va en picada y se durmió todo el vuelo”.

Ahora lo sienta a su lado en una jugada audaz para ambos. Deberían poner a prueba esta nueva relación de piloto/copiloto realizando una nueva misión a Wuhan. Finalmente, el avión de la FAC es bastante grande, y tiene puestos suficientes para repartir entre la bancada de Cambio Radical. Aunque para aviones grandes está el mismo Vargas Lleras, que ha pasado por todos los Gobiernos para garantizarse rodajas de la torta presupuestal.

Iván Duque se pondrá los auriculares con la esperanza de que tengan música de Lucas Arnau.

–Arranque a ver –le ordenará Germán.

–¿Pero para dónde? –preguntará Duque.

–Pues para la China… Esas preguntas… tan chimbas.

–¿Y dónde queda la China?

–Pregúntele a la canciller.

–Ya le pregunté y ya está averiguando.

–Pero dele, que no tengo todo el día…

–Esta es una gesta épica, Germán. Desde la caída del Muro de Berlín no sucedía un evento tan importante…

–Saque el clutch y dele, más bien…

–Es el primer viaje al que no llevo a mi hermano…

–Despegue, que ya va para dos años y nada que despega…

–¿Y cómo?

–Pues con esa palanca: las palancas son para subir, véame a mí…

–Esta vaina va en picada, no se duerma… ¿Germán? ¿Otra vez se durmió?

Como todo les sale mal, se traerán el virus en el propio avión, y será una pesadilla. Para el virus, claro. A menos que Néstor Julián se convierta en presidente y nos rescate de tanta miseria. Siempre y cuando su copiloto no sea ser Pi-pelota. n

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