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Opinión

  • | 2002/08/26 00:00

    ¡Quién quiere clonar a un artista!

    La clonación ha llegado lejos. Esta vez, la artista colombiana Catharina Burman decidió guardar en 30 probetas a 30 de sus colegas, entre ellos, a Eduardo Ramírez Villamizar, Ana Mercedes Hoyos, Roda, Olga de Amaral y Doris Salcedo. Fernando Gómez, crítico de arte de SEMANA, escribe sobre el tema.

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"En estas cápsulas se guarda la esencia ?al menos eso creo? de treinta artistas". Catharina Burman tiene el delirio de los científicos ingleses que clonaron a la famosa ovejita Dolly. Su exposición en la Galería La Cometa, "Proyecto In vitro", guarda todos los elementos de ciencia ficción (no hay muestras de ADN) que necesita un laboratorio de arte. La muestra consiste en treinta cápsulas de vidrio, selladas con tapas de aluminio, que contienen un objeto representativo de cada uno de los artistas a los que les pidió ayuda, "les dije que me dieran un objeto que quisieran conservar". Todos colaboraron y, "casualmente", la mayoría se dejó llevar por sus "instintos artísticos". La mayoría recurrió a objetos que decían algo de sus obras. Incluso algunos llegaron al extremo de fabricarlos. Carlos Salas, por ejemplo, hizo una especie de objeto escultórico con una segueta y pequeños trozos de obra y fotografías representativas de cada una de sus épocas. Santiago Cárdenas entregó una corbata y un gancho de ropa similar a los que usa en sus pinturas. Roda y Ana Mercedes Hoyos entregaron sus pinceles y sus brochas. Johana Calle colaboró con un pedazo de tinta seca que nunca pudo utilizar, algo así, "como los dibujos que nunca hizo con ese elemento". Cada objeto tiene una historia y cierto valor estético, sin embargo, pese a la "decidida colaboración" de cada uno de los artistas invitados, la obra se mantiene por sí sola. Sería igual de efectiva si los protagonistas no fueran artistas, sino músicos, ingenieros o vendedores ambulantes: los objetos serían otros, un metro o un arco de violín, acaso un paquete de cigarrillos, pero se verían igual de bien en esas capsulitas rellenas de aceite o parafina sintética. Porque la base de la muestra no es el arte sino una preocupación por el tema de moda: la clonación. En este caso, si fuera posible, con estas cápsulas podría regenerarse la obra de cada uno de los treinta artistas "in vitro".

¿Por qué fueron los artistas los elegidos para la clonación? En una lectura un tanto cínica, la muestra puede leer como un golpe publicitario, después de todo, dentro de los treinta artistas se encuentra buena parte de lo más importante del arte colombiano, sin embargo, por suerte, Catharina se salva gracias al objeto-frase que le proporcionó Doris Salcedo: "Al privilegiar los objetos pertenecientes a los artistas se continua el culto a la personalidad, se privilegia el espectáculo sobre la obra de arte y la experiencia que la genera. Los valores se trastocan". Después de todo? ¡quién quiere clonar a un artista!

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